J.H.R. está a días de conocer la resolución de tres juezas de Villa Mercedes que podría cambiarle la vida para siempre y dejarle estampado en la frente el sello, no literalmente claro, de la peor sentencia de todas: la de «condena social». Desde hace 20 años trabaja en un club de golf de la ciudad. Pero la vida que conoce puede esfumarse en un segundo si el tribunal que lo juzga lo declara culpable por haber abusado, durante un mes completo, a un nene de cuatro años en una colonia de verano.
Este miércoles, en los alegatos de clausura, el fiscal ratificó su acusación y pidió que lo condenen a 15 años de prisión, a eso se le sumó la adhesión del abogado de la familia del chiquito y la defensora de niños.
El hombre de 46 años fue denunciado a principios de 2024, pero arribó en libertad al debate oral. Llegó acusado de «abuso sexual gravemente ultrajante en concurso real con corrupción de menores» y, en sus alegatos, el fiscal instructor Leandro Estrada dejó en claro que, desde el inicio del juicio hasta ahora, nada cambió.
El representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) explicó que, aunque no cuenten con el relato del menor de edad en Cámara Gesell, pudieron demostrar con otra evidencia que el imputado manoseó, besó y quién sabe que otros vejámenes a J.
Sucedió, recordó, entre el 14 de diciembre de 2023 y el 15 de enero de 2024. Los primeros en notar que algo le había sucedido al chiquito fueron sus padres, sus maestras y hasta su niñera. En la escuela intentó besar a otros compañeritos y hasta buscó hacer lo mismo en las entrepiernas de su papá y un tío.
Cuando su madre le preguntó lo que pasaba dijo que Jorge lo había besado «en el piti.. y la cola». Estrada señaló que con ese dato descartaron de plano que un familiar haya abusado de él, así como otro alumno en la escuela.
Al mismo tiempo, J. manifestó que no quería regresar a la colonia del club. Allí trabajaban dos Jorge. Uno era un hombre alto, de cabellos largos y blancos, al que todos llamaban «El Alemán». El otro era el acusado.
Después de hacer una fugaz búsqueda por internet, la denunciante encontró una foto de J.H.R., se la mostró a su hijo y le consultó si ese era el hombre que lo había tocado. El niño respondió que sí. Los abusos habrían ocurrido en el único baño que tiene el predio, al que van indiscriminadamente, grandes y chicos, mujeres y hombres.
Los relatos de otros chiquitos que también fueron a la colonia señalaron al imputado. De hecho, uno de ellos tal vez fue testigo de uno de los ultrajes que dio cuenta la presunta víctima.
Estrada intentó graficar la técnica de «supresión de hipótesis», con la que se manejaron para llegar al empleado del club sin una Cámara Gesell, comparando el caso con la película «Tesis de un homicidio». Pero no tuvo mucho éxito o no fue muy clara esa analogía de los hechos de la colonia con el film protagonizado por Ricardo Darín.
De todas formas, el fiscal le requirió a las juezas Daniela Estrada, Virna Eguinoa y Sandra Ehrlich, que sentencien a J.R. a 15 años de cárcel.
María Virginia Cortázar Furnari, defensora de la Niñez, Adolescencia e Incapaces, adhirió a cada palabra del funcionario. Pero agregó que, para ella, no se trataron solo de «besitos» en las partes íntimas del nene. Esa fue la palabra que usó el pequeño para referirse a algo que ni siquiera sabía lo que era. La letrada está segura de que el acusado hizo con J. más de lo que la criatura fue capaz de revelar. Acabó con su inocencia y lo «sexualizó» con solo cuatro años.
Pascual Celdrán, el abogado de la familia de J., también aludió a que el empleado del club de golf se robó la infancia del chico. Tan hondo caló en él que, a fines de enero de 2024, cuando el niño vio caminar en la calle al «Jorge» de los abusos se metió rápidamente en el auto de su madre, se escondió bajo el asiento y se orinó.
Por último, la defensora oficial Rocío Mediavilla repitió parte de lo que fue su discurso en los alegatos de apertura: no hay pruebas de rigor científico que demuestren que su asistido abusó de J. Señaló otra vez que la fiscalía se cerró en J.R. y no indagó otras posibilidades, como la que el culpable fue el otro Jorge, ese que conocen como «El Alemán», o que haya sido otro chico. En ese punto recordó que el nene había nombrado primero a un tal «Bauti», otro compañerito.
También le restó peso por completo a la palabra de la psicóloga particular del menor de edad. Dio a entender que sus conclusiones no tienen validez porque la terapeuta, que ya conocía al chiquito, no está especializada en víctimas de agresión sexual.
Otro detalle no menor que, según su punto de vista, invalida la acusación es el hecho de que de los primeros pasos de la investigación, de algún modo, se ocupó la madre de J.
La denunciante se puso en la piel de Sherlock Holmes y comenzó una búsqueda para dar con el Jorge del que le habló su hijo. Navegó por las redes sociales y así llegó hasta una foto del acusado, que luego le mostró a J. y a sus compañeros. Los indujo, resumió.
Por todo eso, Mediavilla solicitó la absolución por el beneficio de la duda porque si hay algo que abunda, en este caso, son las dudas, mientras escasean las certezas.
El martes, al mediodía, el tribunal dará a conocer su veredicto, si al acusado le espera una vida tras las rejas o, por el contrario, la libertad de la que ya goza.
