Confiaban, creían, caían. El carisma de Matías Costamagna era irresistible. Los atendía no como clientes, sino como si fuesen sus amigos y así se los guardaba «en el bolsillo». Bueno, según las cuatro personas que lo denunciaron y los fiscales que investigan al dueño de una concesionaria de Villa Mercedes, lo que literalmente se guardaba el hombre en los bolsillos era plata. Dinero de los vehículos que les entregaban sus clientes con la intención de venderlos o cambiarlos y que jamás volvían a ver.
El dueño de la agencia, que aún funciona en el barrio Estación bajo otro nombre, se quedaba con los rodados, los vendía por su cuenta y se apropiaba del dinero. El trato que le había asegurado con sus engatusadoras palabras a los estafados se las llevaba el viento, el aire, cualquier leve brisa.
La evidencia reunida hasta el momento contra Costamagna y su pareja Romina Herrera, quien administra el local comercial, le valieron algunas imputaciones por estafa. En el caso del hombre con cuatro damnificados y en el de la mujer con dos.
Pero ahí no termina la historia. Los fiscales Marcelo Palacio y Andrea Court también tienen pruebas para endilgarles los mismos cargos, al menos, a otros dos sospechosos.
Las estafas sucedieron, según la hipótesis de la fiscalía, en septiembre de 2021 y en julio, agosto y septiembre de 2023. Operaban con distintas estrategias de acuerdo al negocio que se les presentaba.
Gastón Yllera, el abogado de una de las víctimas, le relató a Todo un País que en septiembre de 2023 su cliente le cedió su Chevrolet Astra a la agencia, con toda la correspondiente documentación. Mediante un contrato de consignación, quedó con los concesionarios en que ellos se ocuparían de vender el auto y, hecha la venta, le rendirían el pago.
Costamagna y compañía lograron vender el automóvil al mes siguiente. Pero jamás le rindieron al dueño del Astra lo pactado. En diciembre de ese año, harto de la cadena de pretextos con que le iba el personal de «Automores Costamagna» los denunció.
El hombre había decidido vender su Chevrolet por necesidad. Tenía que pagar unas deudas y, en cambio, se quedó sin vehículo y con las cuentas a saldar en «veremos». Además de los costes extras que significan pagarle a un abogado y llevar adelante un proceso judicial.
Otra persona que perdió no una sino dos camionetas fue el representado por el abogado Flavio Ávila. En el 2023, llegó de Justo Daract a Villa Mercedes exclusivamente para negociar con Costamagna. Se lo habían recomendado tanto que lo eligió para cambiar su Toyota por una Volkswagen.
Cuando lo conoció al ahora imputado se fue más que tranquilo del local, pensando que había dado en el clavo. La confianza que el envolvente speech del concesionario le inspiró lo dejó casi con la sensación de haber ganado un amigo. Pues así operaba el comerciante, dijo Ávila, trataba a sus clientes no como tales sino como amigos.
El tiempo también transcurrió y el daractense no volvió a saber de la Volkswagen V6 por la que decidió trenzar un lazo comercial con Costamagna. «Ya va a venir», «Ya la encargamos», le decían Herrera o su pareja.
El hombre decidió creer. Y, antes de que las dudas se convirtieran en desconfianza, los concesionarios lo hicieron caer en su trampa por segunda vez. Costamagna le dijo que si le concedía también su Ford Ranger, ya la única camioneta que le quedaba a la víctima, achicarían gastos.
El damnificado accedió. La pareja de la agencia «viajó hasta Justo Daract y, literalmente, le llevó la camioneta de la casa», resumió el abogado. Jamás volvió a ver ni su Toyota ni su Ford, mucho menos la Volkswagen tan deseada.
«Ellos (a través de su defensor, Carlos Díaz) alegan que no existió una estafa sino un incumplimiento contractual», porque el negocio no resultó como esperaban por culpa de los imprevistos que a veces se dan en el universo comercial.
Pero Ávila explicó que no fue así. «Costamagna empezó todo esto sabiendo de antemano que no le iba a dar ninguna camioneta, que no iba a cumplir su parte y no contento con eso fue por la segunda camioneta».