La hija de Anabela Lucero atropelló a una ciclista, quiso huir y le mandó un mensaje de «suerte» hecho con IA

La víctima, de 32 años, salía de su trabajo cuando fue embestida por la camioneta SUV que manejaba María Pilar Lunardi Lucero, de 20 años. Sufrió varias lesiones y volverán a operarla el jueves.
2 de febrero de 2026

Como fuego. Así sintió y describió Camila Barzola Iglesias las lesiones que le provocó la SUV que la atropelló de lleno. «¡Me estoy quemando!, ¡me estoy quemando!», gritaba porque percibía que unas llamas avanzaban sobre su cuerpo. No era así, pero el ardor de tan violento golpe contra un vehículo similar a una camioneta y el arrastre de su piel contra un asfalto que hervía era lo más similar a ser devorada por las llamas.

Pidió auxilio a gritos, cuando yacía golpeada junto a su bicicleta en una esquina del barrio Estación de Villa Mercedes. Muchas personas la ayudaron, hasta un médico, vecino de esa zona, la asistió y le dijo que se había quebrado una muñeca. La única que no lo hizo fue la responsable de dejarla así de herida, en un choque que, como cualquier otro, pudo costarle la vida: María Pilar Lunardi Lucero, la conductora de la Fiat Fastback que la colisionó e hija de la exdiputada de Alberto Rodríguez Saá, Anabela Lucero.

No solo eso. A pesar del dolor, la vista nublada, la confusión de pensar que se incendiaba, la víctima pudo ver que el rodado grande y blanco que la llevó por delante hizo marcha atrás. Casi sincronizados, oyó los gritos de los testigos que le ordenaban a quien conducía que no escapara.

El accidente ocurrió el jueves. Trascendió en las últimas horas porque la damnificada y su familia lo dieron a conocer. Y hasta hoy (lunes) ninguno sabe cómo es la joven que la embistió, ya que nunca dio la cara.

De su parte lo único que recibió fue algo tan doloroso como lo que hizo el jueves: un mensaje deseándole «suerte» con el seguro, que ni siquiera había redactado ella, sino que fue hecho con Inteligencia Artificial (IA).

El choque sucedió en los primeros minutos de las 13, cuando la víctima de 32 años salía de su trabajo. Volvía a su domicilio en bicicleta, con el recorrido habitual. Circulaba de sur a norte por General Paz y cuando llegó a la esquina de calle Corrientes se cruzó con la Fastback blanca que manejaba la hija de la exdiputada albertista.

La joven marchaba de este a oeste. No frenó, dijo Camila. «Mi cuerpo fue su freno», expresó. «No me acuerdo cómo caí, pero sentí el golpe y aterricé con la cara contra el asfalto», señaló. El golpe le hizo perder la visión. No podía respirar. Recuperó ambos, la vista y la respiración, cuando se le acercaron un muchacho en una moto y una chica llamada Belén, que la ayudaron en todo momento.

Seguidamente, al recobrar la conciencia, empezó a sentir profundos dolores en todo el cuerpo. Ardían. En medio del desconcierto, consiguió distinguir al vehículo blanco que la había atropellado. «Hizo marcha atrás, hasta la esquina y la gente le gritaba que no se fuera», contó. Quedó claro que su conductora se quiso borrar de la escena del siniestro, sintetizó Camila.

El padre de quien manejaba la Fastback se comunicó tres horas después con Andrea, la madre de la damnificada. Hasta se allegó una vez al policlínico regional. Pero no fue para preguntar cómo estaba la ciclista, sino para avisarle que haría la denuncia y para justificar el accionar de su hija. «Dijo que movió el vehículo porque alguien de Tránsito se le acercó para decirle que lo hiciera», relató la mujer, que pasa sus días a fuerza de sedantes, dado que no logra dormir por el dolor y el trauma de ese choque que revive a diario en su mente.

«Mintió», manifestó Camila sobre el argumento de Lunardi. Después el hombre se comunicó por última vez y les pasó el número de siniestro para que se ocuparan de la cobertura de la aseguradora.

La mujer se fracturó en tres partes el brazo derecho. La operaron el día del accidente y volverán a hacerlo el jueves, para la colocación de una prótesis.

 

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