Caso Chávez: la madre del joven asesinado dijo que la acusada golpeaba a su hijo, quiso quemarle la ropa y también le pegó a ella

Los padres de la víctima de 23 años relataron que la mujer siempre fue conflictiva, que agredía a su hijo por cualquier pequeñez. Por eso tuvieron que mudarse tantas veces porque "Brisa era el problema".
5 de febrero de 2026

Dos posturas plantearon hoy (miércoles) en el inicio del juicio contra Brisa Gianella Brizuela, acusada de matar de una seca y certera puñalada a Maximiliano Chávez. El joven era el supuesto amor de su vida y también padre de una criatura que este año cumplirá cuatro años. Una posición sostenía que no hay dibujos, ni ningún behind the scene en este crimen; es lo que pareció desde un primer momento: un asesinato. Peor aún, una persona que mató a su pareja, peor porque eso no contempla otra pena posible que la prisión perpetua en Argentina. Lo apuñaló porque, como retrataron varios testigos en la investigación o como confirmaron los padres de la víctima, la mujer es violenta, ya lo era cuando iba a la escuela inclusive. Esa es la posición que esbozaron los fiscales Ernesto Lutens y Leandro Estrada, además de Javier Darnay, el abogado de la familia Chávez. La otra postura, la menos popular, es la que argumentaron los defensores, Gustavo Reviglio y Marcela Antequeda. No negaron que su clienta mató a su pareja, pero aseguraron que no lo hizo porque sencillamente se le antojó, sino que fue para defenderse de un Maximiliano Chávez violento. Solo ellos levantaron esa bandera en la sala de juicios en este primer día de debate oral.

El par de letrados anunciaron que demostrarán que su asistida no asesinó porque sí, sino que el 21 de diciembre de 2024, el muchacho la ahorcaba y ella respondió con un cuchillazo. «Vamos a probarlo no solo para eximir a Brisa de esto, sino también para que se sepa que era víctima de violencia de género, de violencia sexual y para quitarse esta vergüenza», dijo Reviglio y su representada, a su izquierda, se cubrió el rostro con una mano y empezó a sollozar.

Pero pasó rápidamente del llanto a las risas en el único cuarto intermedio, de apenas unos minutos, que tuvo el debate oral. A la espera del último testigo, la mujer charló de manera extensa y distendida con su abogado. Lo oyó con atención y habló mucho con él, en medio del diálogo dejó ver un par de sonrisas.

Sin embargo, no hubo nada de eso cuando declararon sus exsuegros, Javier Nicolás Chávez y Miriam Elizabeth Gómez. El hombre relató que fue testigo de varios episodios de violencia de parte de la acusada hacia su hijo. Aunque solo una vez la víctima le confesó que ella lo había agredido. «Pasa que ella lo tenía dominado. No lo dejaba hacer nada a él. Siempre fue dominante», sintetizó el hombre.

La relación empezó cuando su hijo tenía unos 20 o 21 años. Apenas quedó embarazada la imputada comenzaron a convivir. Vivieron en cuatro domicilios diferentes porque Brizuela tenía problemas en todos los lugares a los que iba.

Las únicas preguntas que le hizo Antequeda al testigo es si su hijo trabajaba. Chávez no pudo dar precisiones sobre el trabajo que tenía al momento de ser asesinado. Le respondió que supo desempeñarse como pintor, también fue empleado por una corta temporada en una fábrica y que se las arreglaba como albañil. La abogada insistió en que si sabía a qué se dedicaba su hijo, como si fuera una rareza no tener trabajo en un país hundido en una crisis económica profunda. «No sé, señora, creo que estaba desempleado», le respondió con clara honestidad.

Luego le consultó si estaba al tanto de que el joven consumía drogas. «No, la verdad que ni idea de eso», le contestó. Las mismas preguntas le planteó Antequeda a la madre de la víctima, es decir, si trabajaba y si sabía que consumía estupefacientes.

El relato de la mujer fue todavía más contundente y minucioso sobre el carácter violento de la acusada. Por su testimonio, dio a entender que relacionarse con ella ya era un problema. «Vivieron en la casa de mi padre, estuvieron alquilando en calle San Juan, después vivieron con una madrina y terminaron en el domicilio de la madre de ella, en La Ribera. Pero se mudaban tanto porque Brisa era el problema», dijo.

Sostuvo que su hijo era extremadamente pacífico. «Era super alegre. Si tenía problemas jamás los demostraba. Jamás nos comentó ‘Brisa esto o aquello’. Tenía una sonrisa hermosa. Siempre nos alegraba», logró manifestar la mujer antes de quebrarse por primera vez.

A pesar de que Chávez, que murió a los 23 años, no les hablaba de sus conflictos con la madre de su hijo, supo de varias agresiones de parte de la acusada. “Un día fueron a almorzar a casa, se acostaron a dormir la siesta en la habitación de mi hija y discutieron porque Maxi quería ir a la cancha solo y ella no se lo permitía”, recordó y siguió: «Ella se puso agresiva y empezó a golpear a Maximiliano”. Ni su marido ni ella pudieron comprender lo que pasaba hasta que el muchacho les contó. Esa tarde la imputada salió a los gritos de la casa.

Hasta los vecinos notaban su agresividad, aseguró. Algunos llamaban a Gómez por teléfono para relatarle lo que pasaba. «Me decían que la señora Brizuela se enojaba, se le ponía un capricho de que quería comer algo y mi hijo tenía que salir y si no tenía plata ella reaccionaba mal”, afirmó. Un día llegó al límite de intentar prenderle fuego a la ropa del joven padre en su dormitorio.

Pero el episodio más violento la testigo lo sufrió en primera persona. Ocurrió cuando su nieto tenía apenas unos  meses de vida, un 13 de septiembre. Contó que ese día se topó con la imagen que ninguna madre quiere ver ni en pesadillas. Su hijo llegó a su vivienda corriendo. Estaba desesperado. Ensangrentado. «Andá a la casa del abuelo y fíjate el bebé, mamá», alcanzó a decirle. Por entonces, la pareja vivía en ese domicilio.

“Cuando yo llego a la casa de mi papá, que no había nadie, estaba el bebé sobre la cama llorando. Lo habían dejado solo”, narró Gómez. Sin dudarlo, tomó al chiquito y se lo llevó. “Después, volví a lo de mi papá y la señora Brisa me agredió. Miren que yo soy grandota, pero me agarró de los pelos, me tiró sobre una cama de una plaza que tenía y me tiró al suelo”, aseguró.

La acusada luego la denunció en tribunales. Así consiguió que un Juzgado de Familia le impusiera una restricción de acercamiento de Gómez hacia ella y el bebé por poco más de un año. «También estuve sin ver a mi hijo un año y medio porque ella (la imputada) lo manipulaba para que él no se acercara a mí y no se comunicara», declaró. Luego supo que Chávez se presentó ensangrentado aquel día porque su pareja lo había atacado. Pero ni así se separó de ella, hasta el final le dijo a Gómez que amaba a Brizuela y era la mamá de su bebé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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