El futuro no pinta bien para Fernando Alexander Carrizo y Alexis Gatica. Ambos fueron detenidos luego de una fiesta clandestina de Villa Mercedes, en la que participaban menores de edad, reinaba el alcohol y hasta se fueron a las manos. Eso que debió ser apenas el fin de un evento hecho sin autorización, que violaba numerosas ordenanzas municipales, se desmadró cuando volaron un par de tiros. Uno de esos impactos alcanzó el casco de uno de los policías que intervenía en el procedimiento para ponerle fin a esa fiesta.
Por fortuna, solo dañó el accesorio protector y no llegó a rozar el cuello cabelludo del efectivo. No obstante, las pruebas recolectadas al momento les indican a los fiscales Maximiliano Bazla Cassina y su adjunta Cecilia Framini que la intención de asesinar de parte de Carrizo, quien recibió la ayuda de Gatica, no está en duda. La trayectoria del proyectil fue directa y no tenía otra mira que la cabeza del oficial, remarcaron en la audiencia en la que los imputaron por intento de homicidio.
Por ahora continuarán en los calabozos de distintas comisarías de la ciudad, pero los representantes del Ministerio Público Fiscal (MPF) ya le adelantaron al juez de Garantías que solicitarán su prisión preventiva.
Los imputaron por “homicidio agravado por ser la víctima un miembro de una fuerza policial en grado de tentativa”. Si seguirán tras las rejas el juez de Garantías 4, Santiago Ortiz, lo definirá, en principio, el jueves de la semana que viene. Hasta ese día durará la prórroga del arresto que Víctor Villegas, el abogado de los sospechosos, requirió. Pidió ese tiempo para evaluar las pruebas de la fiscalía que comprometen a Carrizo. Pues, en tanto a Gatica, ya señaló que no hay evidencia alguna que dé cuenta de que fue parte del ataque.
La fiesta de la que nunca se olvidarán fue la madrugada del domingo, en el barrio Güemes. No fue tampoco la única reunión de ese carácter, clandestina, en la que intervino la Policía. Pero, sin dudas, fue una que salió del molde con disparos al aire y lo que bien algunos pueden ver como un milagro.
Los patrulleros del DRIM llegaron a Ramón Valdés y Suipacha luego de varios llamados al 911, de parte vecinos del barrio Güemes. La gente se quejaba de ruidos molestos y música a todo lo que daba en esa esquina del sur de la ciudad.
Al arribar, los uniformados vieron, además de chicos borrachos, una pelea en curso y algunos que no dejaban de hacer rugir el escape de sus motos, como si eso los volviera unos leones. Pero cuando notaron a los oficiales los jóvenes dejaron a la vista que no tenían tantas agallas y huyeron en distintas direcciones.
«El damnificado estaba en la vereda cuando Carrizo desde un inmueble portó un arma de fuego de alto calibre y disparó dos veces”, contó Bazla Cassina. Ambos balazos fueron en dirección al personal policial, remarcó el funcionario, de ahí que existió la plena intención de matar.
El tiro, que la víctima percibió como un violento, pero breve sacudón, ingresó por la bisagra del casco y salió por otro lado, sin tocar la cabeza del oficial. Un médico lo examinó y confirmó que ni un raspón le produjo el proyectil que pasó a milímetros de su rostro.