La situación procesal de Matías Costamagna y su pareja Romina Herrera, quienes están imputados penalmente desde diciembre por estafar a varios clientes de su concesionaria de Villa Mercedes por quedarse con sus vehículos, no mejora. La acusación en su contra no solo sigue firme, sino que estuvo a un pelín de agravarse.
En una nueva audiencia, el fiscal Marcelo Palacio argumentó que es un peligro que ambos continúen en libertad, dado que podrían escapar de la provincia, incluso del país, y/o entorpecer lo que resta de la investigación, que cada vez se amplía porque habría más involucrados. Por todo eso le requirió al juez Matías Farinazzo Tempestini que el hombre sea trasladado al Servicio Penitenciario y que la mujer sea privada de su libertad en su domicilio.
Pero el magistrado no entendió lo mismo y apenas dispuso que se mantengan alejados de los damnificados, personas que perdieron sus rodados y millones y millones de pesos cuando intentaron hacer negocios con esa gente.
El representante del Ministerio Público Fiscal de Villa Mercedes (MPF) fundamentó su pedido de encarcelamiento, la medida más severa en este estadio, en la existencia de un riesgo de fuga, el pronóstico punitivo, dado que una condena podría significar varios años tras las rejas, el peligro de obstaculización del proceso, el hecho de que a pesar de todo los acusados siguen delante de la agencia de rodados bajo otro nombre comercial, y todo el daño causado.
Flavio Ávila, representante de uno de los denunciantes, le planteó al juez que, en el caso de rechazar la prisión preventiva, al menos disponga una inhibición de bienes, prohibición de acercamiento, de salir de Argentina y la firma mensual de un libro en fiscalía. Por su lado, Gastón Yllera, el abogado de otra de las víctimas, insistió en la privación de la libertad de la pareja porque explicó que “es la única forma de preservar y cautelar el proceso y que se ha demostrado que no hay intención de reparar el daño”.
Palacio hizo suyas las palabras de los letrados querellantes y agregó que las averiguaciones siguen en marcha, con la incorporación de declaraciones. A su turno, el defensor de Costamagna y Herrera, Martín Guiñazú, se opuso a la prisión preventiva porque la considera una medida super severa para el delito que les endilgan a sus clientes. También negó que la postura de sus asistidos sea como sostienen los denunciantes, ya que la pareja de la concesionaria “siempre estuvo ajustada a derecho y a disposición” de la Justicia.
Finalmente, Matías Farinazzo Tempestini, de alguna manera, le dio la razón a Guiñazú y rechazó la privación de la libertad. Ordenó, en cambio, solo “la prohibición de acercamiento hacia los damnificados, la obligación de asistir del 1° al 10 de cada mes a firmar el libro y el impedimento de salir del país sin autorización judicial”, informaron los voceros judiciales.
Así operaban
Las estafas sucedieron, según la hipótesis de la fiscalía, en septiembre de 2021 y en julio, agosto y septiembre de 2023. Operaban con distintas estrategias de acuerdo con el negocio que se les presentaba.
Yllera relató que en septiembre de 2023 su cliente le cedió su Chevrolet Astra a la agencia, con toda la documentación pertinente. A través de un contrato de consignación, acordó con los concesionarios que ellos se ocuparían de vender el auto y, concretada la venta, le rendirían el pago.
Costamagna y compañía vendieron el coche al mes siguiente. Una persona lo compró. Pagó 3.700.000 pesos y, desde el local, completaron los trámites de transferencia. El dueño del vehículo se enteró del negocio, fue hasta la concesionaria y reclamó la rendición de la plata, pero siempre con una excusa u otra le “pateaban” el asunto para adelante.
Nunca cumplieron con su parte del trato, es decir, no le entregaron el dinero pactado, remarcó Yllera. En diciembre de ese año, cansado de los pretextos con que le iba siempre el personal de «Automotores Costamagna», los denunció.
Otra persona que perdió no una sino dos camionetas fue el representado por Ávila. En 2023, llegó de Justo Daract a Villa Mercedes exclusivamente para negociar con Costamagna. Se lo habían recomendado tanto que lo eligió para cambiar su Toyota por una Volkswagen.
Como si eso fuera poco, mediante otra red de mentiras, antes de que las dudas se convirtieran en desconfianza, los concesionarios lo hicieron caer en su trampa por segunda vez. El imputado le aseguró que, si les facilitaba también su Ford Ranger, ya la única camioneta que le quedaba al hombre, achicarían gastos.
La víctima eligió creer y perdió. La pareja de la agencia viajó hasta Justo Daract y, literalmente, le llevó la camioneta de la casa, resumió su abogado. Jamás volvió a ver ni su Toyota ni su Ford.