Alejandro Pont Lezica: «Soñábamos con que el DJ fuera un artista y hoy es una profecía cumplida»

A medio siglo de haber revolucionado la escena musical argentina, el legendario DJ, productor y referente radial desembarca este fin de semana en la provincia. En una charla exclusiva con TUP, repasa los orígenes de la profesión, la mística irremplazable del vinilo, el mandato histórico que le dejó Sandro y el valor del baile como expresión social.
8 de octubre de 2026

Hay nombres que se entrelazan de manera indisoluble con la memoria cultural de un país. Alejandro Pont Lezica es, sin lugar a dudas, uno de los máximos arquitectos de la cabina en la Argentina. Pionero absoluto del oficio desde la década de 1970, productor de cerca de 800 discos y una de las voces más queridas de la radiofonía, el legendario DJ se prepara para desembarcar este fin de semana en la provincia.

En el marco de la esperada «Retro Night 80s-90s», que tendrá lugar este sábado 10 de octubre en la Villa de Merlo, Pont Lezica brindó una extensa entrevista exclusiva con TUP. En una charla intimista, repasó los orígenes de la profesión, la mística intacta del soporte físico del vinilo, el mandato que le dejó Sandro, el regreso de los lentos y el valor indestructible de la música popular.

Cincuenta años de cabina y la utopía del «Back to Back»

La historia de la música nocturna en Argentina guarda una página dorada que se comenzó a escribir a mediados de los 70. Junto a Rafael Sarmiento, Pont Lezica dio vida a un concepto que revolucionaría las pistas de baile para siempre: la primera «Fiesta de los Disc Jockeys». «Sin saberlo, pensamos que podíamos hacer una fiesta juntos, bajo la sugerencia de mi más viejo amigo Gonzalo Varela. Como en aquellos tiempos hacíamos fiestas en colegios y clubes, y había un circuito que era de Rafael y otro que era mío, entendimos que si nos íbamos a juntar para poner música, debíamos poner un tema cada uno. Era una decisión de respeto hacia el público y lo ético. En el Hotel Alvear de la Ciudad de Buenos Aires se hizo la primera fiesta de los Disc Jockeys», rememora Alejandro.

En aquel momento, el término Disc Jockey estaba confinado a pequeños recintos. Sin embargo, la ambición de ambos trascendía el mero entretenimiento nocturno. «En los setentas, la palabra Disc Jockey estaba circunscripta a un pequeño círculo de lugares chiquitos donde la gente iba a bailar, y nosotros soñábamos y trabajábamos para que la profesión fuera reconocida, para que lo que hacíamos fuera respetado. Por eso la titulamos la Fiesta de los Disc Jockeys».

Esa semilla sembrada hace medio siglo volvió a florecer de manera magistral este año. El pasado 8 de agosto y luego el 18 de septiembre, el Teatro Margarita Xirgu fue testigo del reencuentro de ambas leyendas en cabina, un espectáculo que tendrá su gran cierre de año el próximo 7 de diciembre. «Maravillosamente nos volvimos a encontrar compartiendo una cabina con Rafael y sentimos que cada uno pondría un tema, fue surgiendo. No hubo una decisión de ‘vos hacés tres temas, yo hago tres temas’, sino que estuvimos los dos ahí y fluyó. El código invisible que existe entre nosotros es lo que sentimos, lo que la música nos lleva a hacer. Yo suelo decir que la música es la que nos elige y nosotros nos dejamos llevar por ella».

Dupla histórica: Alejandro Pont Lezica y Rafael Sarmiento compartiendo cabina en la reciente edición de «La Fiesta de los Disc Jockeys» en el Teatro Margarita Xirgu. Pioneros del formato Back to Back en la Argentina, los DJ celebraron casi medio siglo de amistad y trayectoria marcando el pulso de las pistas

La profesión del DJ: entre el arte, la radio y el servicio a la gente

A diferencia de la hiperespecialización de las escenas electrónicas contemporáneas, el DJ de canciones se define por su capacidad y plasticidad para moldear atmósferas y acompañar los hitos de la vida de las personas. «El trabajo de Disc Jockey está pensado o se ve, mejor dicho, en su tarea para la pista de baile: hacer que la gente celebre el baile. Sin embargo, nuestra profesión es muchísimo más completa. Como somos escuchadores de música, podemos trasladar lo que la música nos va sugiriendo a las radios o a las playlists. Nos permite adaptarnos para cada situación: no es lo mismo poner música en un casamiento con personas de diferentes edades, que hacer un cumpleaños de 50, 60 o 70 años, o un evento solidario».

A la distancia, aquel anhelo de juventud de ubicar al DJ en el mapa artístico de la sociedad hoy se erige como una profecía cumplida. «Aquel sueño de los 70 donde soñábamos que el Disc Jockey fuera una profesión, un arte reconocido… yo sentía en aquel entonces que el DJ iba a ser el artista del año 2000, del tercer milenio. Es hermoso que pase, porque al mismo tiempo vas a poner música y percibís que la gente es conocedora, está mirándote, viendo tu performance, recibiéndola con alegría y respetándola».

Pont Lezica junto al inolvidable Juan Alberto Badía en estudio. Una postal que refleja la profunda amistad, la complicidad profesional y la mutua admiración entre dos gigantes que revolucionaron la difusión de la música popular argentina y entendieron el aire radial como un verdadero puente de afecto con la gente.

La ceremonia del vinilo frente al algoritmo

En una era dominada por las plataformas de streaming y las listas de reproducción efímeras, Pont Lezica se mantiene firme como un ferviente defensor del formato análogo y la cultura de la batea. «El vinilo es insuperable. Yo sigo escuchando música en vinilo todos los días. La primera razón es porque te ayuda a acompañar la ceremonia de escuchar música. Vos ponés un vinilo, estás viajando en el Lado A, cuando termina tenés que pararte, levantar el brazo, dar vuelta el vinilo y volver a escuchar el Lado B. Ese viaje, esa ceremonia es gloriosa».

Para el DJ, la tenencia del disco físico entabla una relación de propiedad y permanencia que el ecosistema digital ha erosionado. «En este mundo que se fue transformando en algo virtual, donde todos están colgados del teléfono o la notebook y existen cien millones de canciones a disposición, se adolece de ser dueño de alguna de esas canciones. Cuando te comprás un vinilo sos dueño de ese momento del artista. No te pasa como en una playlist donde hay nombres que se te olvidan. El vinilo es una foto, es un referente directo a tu pasión».

Más allá de la música, el objeto contiene un valor estético e histórico que abarca el arte de tapa, las anotaciones de producción y la ingeniería de sonido. «Agarrás un vinilo de Charly García, de los Rolling Stones, de Kool & The Gang o de los Redonditos de Ricota y siempre vas a tener una experiencia física y de contenido. Abrís el disco, sentís que tiene un olor particular, mirás los créditos, los músicos. El arte no está solo en la música; está en el diseño de portada. Grandes plásticos como Andy Warhol, nuestro Juan Orestes Gatti -que hacía las tapas de Pescado Rabioso o Sui Generis-, Rocambole con las icónicas tapas de Los Redonditos o Roger Dean con Yes volcaron allí su impronta. Además, el sonido es perfecto porque la matriz sale directamente de la cinta máster original que el artista cerró».

Oficio y devoción por el vinilo: Alejandro Pont Lezica en plena acción sobre la bandeja en la cabina. Con más de cinco décadas marcando el ritmo de la cultura nocturna argentina, el pionero mantiene intacta la ceremonia artesanal de la mezcla análoga.

El mandato de Sandro y el compromiso con la música nacional

A lo largo de cinco décadas, Pont Lezica ha transitado los pasillos de la historia grande de la música popular argentina. Ha trabajado codo a codo en producciones y difusión con figuras de la talla de Lito Nebbia, Charly García, Mercedes Sosa, Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada, Memphis La Blusera, Virus, Sumo y León Gieco, entre otros. Sin embargo, guarda en la memoria una noche reveladora a principios de los años 80 que marcó su rumbo definitivo. «He sido muy afortunado porque crecí de manera paralela con muchos artistas, especialmente con el movimiento del rock argentino. Pero tuve casi una revelación cuando fui a poner música en los carnavales del 80 en la cancha de Vélez. Esa noche conocí a Sandro. Conversamos, él sabía lo que yo hacía y me dejó un mensaje grabado a fuego: ‘Siempre dale un lugar a la música argentina y a los músicos argentinos'».

Aquellas palabras se transformaron en una guía ética para toda su trayectoria. «Siento eso aún hoy como un mandato, como parte de la responsabilidad que tenemos como DJs de difundir lo nuestro, nuestra historia y nuestra música. Por eso, cada vez que me toca ir a poner música, especialmente a distintos lugares de la Argentina, siempre llevo nuestras canciones. Busco que mantengan la emoción, se puedan cantar y nos ayuden a generar lindos sentimientos».

Pont Lezica, vinilo en alto y brazos abiertos en la cabina, disfrutando plenamente de su gran pasión. Una imagen que transmite la calidez, la entrega y el entusiasmo intacto con los que el referente nacional contagia a su público en cada presentación.

La pista de baile y el regreso de los lentos

Para Alejandro, la pista de baile dista mucho de ser un mero espacio de consumo nocturno; es un centro neurálgico de expresión corporal, sociabilidad y romance. «El baile es una de las expresiones humanas más importantes de todos los tiempos porque ha sido la manera de relacionarse entre las personas y un espacio donde cada uno expresa con su cuerpo lo que la música genera. Las chicas son las que le ponen la luz, la energía, la alegría, la sonrisa y la belleza a una pista; siempre han sido las mejores aliadas de los DJs. Los hombres acompañamos y esperamos que la música sirva como un elemento de acercamiento».

Dentro de ese ritual social, el emblemático bloque de los «lentos» representó durante décadas el clímax de la seducción en los boliches. «Los lentos han sido fundamentales. Son canciones de amor que traen un lenguaje, una rítmica y un contenido que ayudan a ponerse romántico y establecer un diálogo con la otra persona. A veces apelo a ellos porque están fuertemente arraigados en el recuerdo de quienes tienen más de 40 años. Pero además, es muy interesante ver cómo en las charlas de madres e hijas se vuelve a hablar de la ceremonia de bailar un lento. Eso despertó en muchas chicas de las nuevas generaciones el deseo de conocerlos y bailarlos. La canción romántica siempre vivirá».

Su visita a San Luis y su paso por el escenario de Montana Resto Bar en Villa de Merlo este fin de semana forman parte de ese mismo itinerario federal. Un recorrido donde el vinilo vuelve a girar y donde la música, en palabras del propio Pont Lezica, vuelve a elegir a las personas para regalarles una noche inolvidable.

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