Salir de la escuela ya no necesariamente significa dejar atrás una situación de acoso. Una agresión que comienza en el aula, durante un recreo o a la salida puede continuar durante horas a través de un teléfono celular, un grupo de WhatsApp, las redes sociales o una partida de videojuegos.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió sobre esta continuidad entre los espacios presencial y digital y definió al bullying y al ciberbullying como formas de violencia y vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes. Para los especialistas, muchas situaciones actuales adquieren características “híbridas”: el conflicto comienza en la escuela, continúa en internet y vuelve a aparecer al día siguiente en el ámbito escolar.
La diferencia no es menor. Mientras el bullying tradicional ocurre en presencia de los agresores y sus víctimas, el ciberbullying puede llegar a cualquier hora y desde cualquier lugar. Además, los contenidos pueden multiplicarse rápidamente, permanecer en internet y ser compartidos por muchas personas.
Entre las situaciones identificadas por la SAP aparecen los mensajes ofensivos, las burlas, las amenazas, los perfiles falsos, la suplantación de identidad, la difusión de fotografías o videos sin consentimiento, los memes humillantes, la exclusión deliberada de grupos y plataformas y los mensajes de odio o discriminación.

Una problemática que crece entre los adolescentes
Los datos disponibles muestran que no se trata de un fenómeno aislado. La novena ronda de la Encuesta Rápida de UNICEF Argentina, realizada en 2025, registró un incremento significativo de las situaciones de bullying entre adolescentes de 13 a 17 años: la proporción de quienes declararon haber sufrido acoso pasó del 25% al 41% en un año, lo que representa a casi un millón de chicos y chicas.
El mismo relevamiento indicó que el 37% de los adolescentes señaló que al menos un compañero había sufrido alguna situación de bullying en su escuela y que el 14% manifestó haberla padecido personalmente. El informe también mostró un incremento de las situaciones de violencia que los propios adolescentes identifican entre las principales problemáticas que los preocupan.
A nivel internacional, UNESCO estima que alrededor de uno de cada tres estudiantes sufre bullying y que el ciberbullying afecta aproximadamente a uno de cada diez niños. El organismo advierte que estas situaciones pueden afectar la salud, el bienestar y el desempeño educativo.
En este contexto, uno de los principales desafíos para las familias y las instituciones consiste en reconocer cuándo una situación dejó de ser un conflicto ocasional para convertirse en una forma sistemática de hostigamiento.
La propia SAP señala que no toda pelea o discusión entre estudiantes constituye bullying. El acoso implica una agresión intencional, persistente y sostenida en el tiempo, dirigida hacia uno o más compañeros y generalmente atravesada por una relación desigual de poder. Sin embargo, cualquier situación de violencia entre pares requiere la intervención de adultos responsables.

Detectar las señales y no naturalizar la violencia
Uno de los problemas más frecuentes es que quienes sufren estas situaciones pueden ocultarlas por miedo, vergüenza o temor a que la intervención de los adultos empeore el problema. Por eso, los cambios de comportamiento pueden convertirse en señales importantes.
Alteraciones del sueño, ansiedad, cambios en los hábitos alimentarios, dificultades escolares, pérdida de interés en actividades habituales, aislamiento o cambios bruscos en el estado de ánimo pueden ser indicadores de que algo está ocurriendo. En el caso del ciberbullying, también puede observarse una preocupación permanente por revisar el teléfono y las publicaciones realizadas sobre ellos.
La recomendación de los especialistas es no minimizar lo ocurrido ni responsabilizar al niño o adolescente por resolverlo por sus propios medios. La intervención debe involucrar a los adultos, la escuela y, cuando sea necesario, a los equipos de salud.
También es importante evitar que la respuesta sea la venganza o la reproducción de la violencia. Ante una situación de ciberbullying, la SAP recomienda acompañar, escuchar, conservar el diálogo con la institución educativa, revisar las configuraciones de privacidad y utilizar las herramientas disponibles para bloquear o denunciar las agresiones.
En Argentina existe además la Ley 26.892 de Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas, que establece herramientas para prevenir y abordar las situaciones de violencia en el ámbito escolar.
El desafío, entonces, ya no pasa solamente por cuidar lo que ocurre dentro de las aulas. La convivencia también se construye en los grupos de chat, en las redes, en los videojuegos y en cada uno de los espacios digitales donde niños y adolescentes desarrollan buena parte de su vida social.
La escuela puede terminar una jornada y cerrar sus puertas. El hostigamiento, en cambio, puede seguir encendido en la pantalla. Por eso, prevenir el bullying también implica aprender a detectar y frenar la violencia allí donde continúa cuando ya no hay un aula de por medio.
Ante una situación de bullying, ciberbullying o cualquier otra vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes, en nuestra provincia se puede recurrir a la Línea 102, un servicio gratuito y confidencial que brinda escucha, contención, orientación y activa la intervención de los organismos correspondientes. El servicio funciona durante todo el año y puede ser utilizado tanto por chicos y adolescentes como por familiares, docentes u otros adultos que conozcan o sospechen de una situación de violencia. La propia guía nacional de actuación de la Línea 102 contempla específicamente casos de ciberbullying y otras formas de violencia digital.
En situaciones de emergencia, la indicación oficial es comunicarse con el 911; la Línea 102 no reemplaza los servicios de emergencia.
