El este de San Luis afronta una campaña agrícola con lluvias cercanas a lo normal

La proyección elaborada para el período septiembre-mayo anticipa una campaña con precipitaciones acumuladas apenas por debajo de la media histórica en la zona de Justo Daract, aunque con marcadas diferencias mensuales. Octubre aparece como la principal ventana de aporte hídrico, diciembre como el tramo más ajustado y febrero como otro mes con chances de recuperación.
13 de septiembre de 2026
Leonardo De Benedictis: “El principal foco de atención para la campaña se concentra en diciembre. A diferencia de lo que podría suponerse por la fortaleza de El Niño, la previsión para Justo Daract indica una tendencia de precipitaciones claramente inferior a la normal”.

La campaña agrícola 2026/2027 en Justo Daract comenzará bajo un escenario climático que exige planificación fina, seguimiento frecuente y decisiones ajustadas a cada lote. La previsión para el período comprendido entre septiembre de 2026 y mayo de 2027 no anticipa, en términos generales, una situación de déficit extremo ni un ciclo extraordinariamente húmedo: el resultado esperado se ubica cerca de los valores normales de lluvia para la región, aunque con una distribución desigual a lo largo de los meses.

La estimación expuesta por el meteorólogo Leonardo De Benedictis durante una jornada organizada por Agricultores Federados Argentinos (AFA) en Justo Daract plantea que, entre septiembre y mayo, podrían acumularse alrededor de 545 milímetros. Esa cifra se ubica aproximadamente 38 milímetros por debajo del promedio histórico para el mismo período, una diferencia que, por sí sola, no configura una alarma, pero que obliga a observar cuándo y cómo se producirán las precipitaciones.

En una zona donde la disponibilidad de agua no depende solamente del volumen total anual sino, sobre todo, de la oportunidad de las lluvias, la distribución mensual será determinante. El análisis remarca que los milímetros proyectados deben interpretarse como una referencia regional y no como una certeza puntual para cada establecimiento, ya que la variabilidad espacial de las tormentas puede generar diferencias importantes incluso en distancias cortas.

El gran interrogante climático de la campaña es la evolución del fenómeno El Niño, que presenta una intensidad muy elevada en el Pacífico ecuatorial. De Benedictis describió el contexto como un evento fuerte o muy fuerte, con anomalías térmicas del océano que podrían alcanzar valores excepcionales respecto de los registros recientes.

Sin embargo, el mensaje central para los productores de Justo Daract es que no conviene trasladar automáticamente la idea de “Súper Niño” a una expectativa de lluvias abundantes en el este de San Luis. La relación entre El Niño y las precipitaciones locales es mucho menos directa que en otras áreas del país, particularmente en el nordeste argentino, el Litoral y sectores del este de la región pampeana.

Los datos históricos analizados para la zona muestran que, durante campañas Niño, Niña o neutrales, las precipitaciones pueden presentar comportamientos muy diferentes. En otras palabras, la presencia del fenómeno oceánico no garantiza por sí misma un incremento sostenido de las lluvias sobre Justo Daract.

Septiembre se perfila con lluvias cercanas a los valores habituales para la zona. El promedio estimado ronda los 22 milímetros, frente a una media histórica mensual próxima a los 27 milímetros, una diferencia moderada que no modificaría de manera sustancial el panorama de implantación, siempre que las precipitaciones se distribuyan de forma razonable.

Además, septiembre mostraría una menor frecuencia de heladas que la habitual. El pronóstico citado estima alrededor de cinco eventos de temperaturas inferiores a 3 grados, frente a una referencia histórica de entre 10 y 11 ocurrencias durante el mes.

Octubre aparece como el mes más favorable de la primera parte de la campaña. El escenario de mayor probabilidad indica lluvias por encima de los promedios históricos, con un incremento en la frecuencia de jornadas con potencial de precipitación.

La ubicación de Justo Daract, en el este de San Luis, podría darle una ventaja relativa dentro de un gradiente de humedad que, según la proyección, sería más favorable hacia el este y más irregular hacia el oeste provincial. Esa diferencia espacial puede ser relevante, ya que a pocos kilómetros podrían observarse contrastes importantes de acumulados.

El aporte de octubre podría resultar decisivo para recomponer perfiles, acompañar la implantación de los cultivos de verano y sostener el crecimiento inicial. También se prevé que el mes mantenga una frecuencia de heladas inferior a la media, mientras que los picos de altas temperaturas comenzarían a aparecer, aunque sin valores excepcionalmente superiores a los normales.

Noviembre, en cambio, volvería a ubicarse en torno de los parámetros normales o levemente por debajo. La previsión presenta una dispersión amplia entre modelos, un indicador de mayor incertidumbre y de menor confianza respecto de los valores finales.

En términos térmicos, noviembre se caracterizaría por una amplitud menos extrema: menor probabilidad de heladas y menos jornadas con máximas superiores a 34 grados que las que suelen observarse en un año promedio. Es decir, el mes podría tener temperaturas más moderadas en sus extremos, con mínimas relativamente altas y máximas menos agresivas.

Diciembre, el tramo más delicado

El principal foco de atención para la campaña se concentra en diciembre. A diferencia de lo que podría suponerse por la fortaleza de El Niño, la previsión para Justo Daract indica una tendencia de precipitaciones claramente inferior a la normal.

La referencia histórica mensual se ubica cerca de los 90 milímetros, mientras que el promedio de los modelos analizados para diciembre se aproxima a la mitad de ese valor. Aunque los pronósticos estacionales no permiten definir cuántos milímetros caerán sobre cada campo, la señal predominante es la de un mes con menor oferta de humedad y mayor probabilidad de atravesar restricciones hídricas.

Este escenario adquiere relevancia porque diciembre coincide con una etapa de elevada demanda atmosférica y avance vegetativo de los cultivos estivales. Un mes con lluvias escasas o mal distribuidas puede recortar el agua disponible en el perfil, condicionar el desarrollo temprano del maíz y la soja, y elevar la vulnerabilidad frente a olas de calor.

La proyección también contempla una mayor frecuencia de temperaturas elevadas respecto de noviembre. Sin embargo, los valores previstos se mantendrían cerca de las referencias habituales para diciembre, más como consecuencia de un ambiente potencialmente menos húmedo que como expresión de una anomalía térmica extrema.

Verano con recuperación parcial

Enero mantendría un comportamiento de lluvias cercano a lo normal o levemente por debajo de la media. El panorama no marca un exceso hídrico generalizado, pero tampoco proyecta una profundización extrema del déficit de diciembre.

La evolución prevista para el comienzo de 2027 estaría vinculada a una progresiva pérdida de intensidad del evento El Niño. Los modelos muestran que el patrón de humedad tendería a ganar irregularidad, tanto en el nordeste argentino como en la franja central del país.

Febrero surge como una de las mejores señales del verano. La proyección indica lluvias dentro de los valores normales o ligeramente superiores, en coincidencia con un posible reordenamiento de la circulación atmosférica a medida que El Niño comienza a debilitarse.

Marzo se proyecta con lluvias próximas a los valores normales, quizá levemente superiores en el promedio, aunque el escenario de mayor probabilidad se mantiene dentro de la media. La señal no es la de un mes excesivamente húmedo, pero sí la de una transición sin grandes desvíos respecto del comportamiento habitual.

Abril volvería a mostrar una leve merma de precipitaciones, estimada en torno de 15 a 20 por ciento por debajo de los promedios. No se trata de una señal de sequía extrema, sino de una reducción moderada de la oferta hídrica habitual para el otoño.

En un contexto de cosecha y de planificación de los cultivos invernales, esta tendencia podría favorecer las labores de recolección si evita excesos de humedad, aunque también limitaría la recarga superficial y de los primeros centímetros del perfil. La conveniencia final dependerá de las lluvias acumuladas durante el verano y del nivel de reserva con que cada lote llegue al otoño.

Mayo aparece como el mes más seco del tramo final de la proyección. El pronóstico indica precipitaciones ampliamente inferiores a los promedios, en un esquema atmosférico más parecido al de pleno invierno, con la humedad concentrada lejos de la franja central del país.

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