Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País
En el final de uno de los meses más complicados desde que llegó a la Casa Rosada, el presidente Javier Milei retomó un protagonismo por momentos casi excluyente en el escenario político nacional. La baja en las encuestas de opinión y la necesidad de dar una respuesta a sectores complicados de la economía son las razones de la reaparición de la furia presidencial, expresada en discursos agresivos y confrontativos, al estilo de sus épocas de candidato. Mientras concede “abrir la billetera” para alentar el movimiento de la economía –el anuncio de nuevos créditos hipotecarios anunciados por el ministro de Economía, Luis Caputo, y la intención declarada de la secretaría de Trabajo de llevar el salario mínimo a un millón de pesos fueron claros ejemplosel Presidente se concentra en su batalla contra la oposición kirchnerista, sin dejar de observar los movimientos de un “centro republicano”, por el momento con más amagues que decisiones reales de competir por la presidencia el año próximo.
“No hay tercer camino. No se dejen engañar. No hay tercer camino. O eligen el bien o eligen el mal. Elegimos el bien, prosperamos. Elegimos el mal, nos hundimos. No hay mucho más que hacer. Está todo dentro de nuestras manos”, dijo el Presidente el jueves, utilizando una cita bíblica y ante alumnos adolescentes del instituto ORT. La referencia es clara: el “mal” es el kirchnerismo, corporizado en el gobernador bonaerense Axel Kicillof, y el “tercer camino” el conjunto de dirigentes políticos, empresarios, banqueros y hasta pastores evangélicos que vienen amenazando con enfrentar al Presidente y al peronismo desde una posición de centro, intentando tomar algunos logros del Gobierno, como la baja de la inflación y el equilibrio fiscal, y sumarle una postura menos confrontativa, más respetuosa en lo discursivo, para captar los votos de muchos desencantados, que tampoco quieren “regresar” al kirchnerismo.
Esta semana, la novedad fue la confirmación, por parte del empresario de medios Daniel Hadad, de que está “pensando” en ser candidato, y que esperará el resultado de tres elecciones próximas (Brasil el 4 de octubre, Israel el 27 del mismo mes, Estados Unidos el 7 de noviembre) para tomar una decisión. Hadad se suma al grupo de eventuales candidatos moderados que integran el ex ministro de Economía Hernán Lacunza (auspiciado por Mauricio Macri), el también economista Carlos Melconian; el banquero y ex presidente de River Plate Jorge Brito (asesorado por el ex ministro de Pro, Emilio Monzó) y el pastor evangélico Dante Gebel, sin contar a la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien desde un centro con conexiones con la derecha nacionalista también se prepara para dar algún tipo de batalla al Gobierno que aún integra en los papeles.
Sin dejar de observar los movimientos de sus eventuales rivales, el Gobierno piensa en sus próximos pasos. ¿El anuncio de Caputo es un indicio de un cambio en la política económica, un acercamiento a sectores golpeados por el plan de ajuste, como los millones de morosos con bancos y billeteras digitales? No parece haber unanimidad de criterios. El Presidente y algunos de sus ministros más cercanos –sobresale el “Coloso” Federico Sturzenegger-quieren “morir con las botas puestas” y continuar con el plan de ajuste actual, sin concesiones al “populismo” para ganar la elección, como repitió Milei en sus últimos discursos. Los ex Pro Patricia Bullrich y Diego Santilli son quienes, desde su experiencia en varios gobiernos anteriores y contactos permanentes con aliados en el Congreso, sostienen la necesidad de abrir el grifo para intentar reconquistar a la oposición de centro y los desencantados, antes de que sea demasiado tarde.
La táctica de ofrecer concesiones a cambio de votos sirvió y mucho esta semana, en la que -en medio del ruido político y las peleas verbales del Presidente- se aprobaron en la Cámara de Diputados la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central y el proyecto de Inocencia Fiscal, vitales según la Casa Rosada para sostener el equilibrio fiscal. Los éxitos legislativos (que deben ser refrendados, de todas maneras, en el Senado) apenas sirvieron para compensar una agenda desfavorable, en la que el escándalo en torno al ex asesor presidencial Fernando Cerimedo, preso en Bolivia por instigar un ataque armado a su joven pareja, sigue ocupando espacios en los medios.
Igual que Hadad, el Gobierno también mira las tres elecciones cruciales que se vienen. En el caso de Brasil, que elegirá presidente en la primera vuelta el 4 de octubre, está claro que las fichas de la Casa Rosada están puestas en el triunfo de Flávio Bolsonaro, para avanzar en la “ola azul” superando a su principal escollo: el presidente Luiz Inácio Luñla da Silva, que va por su reelección. Más allá de la retórica agresiva del Presidente, en los últimos días ambos gobiernos han bajado los decibeles del conflicto, tal vez hasta la próxima explosión.
En Israel, a fines de octubre, Benjamin Netanyahu se juega su continuidad en el cargo. Milei, uno de sus principales (y escasos) aliados, apuesta a su triunfo, y no tiene ningún contacto con la oposición israelí, que rechaza de manera tajante el modo en el que el primer ministro del Estado hebreo manejó la respuesta al grupo terrorista Hamas en la franja de Gaza. Y el plato fuerte electoral llegará en noviembre, cuando Donald Trump ponga en juego su mayoría en ambas cámaras. Según el índice que elabora The Economist, el índice de aprobación de su gestión es hoy cercana el 35 por ciento, con un 60 por ciento que la rechaza, y el 5 por ciento restante sin opinión.
Números similares a los que las encuestas nacionales le dan hoy a la gestión libertaria, aunque en el caso de Milei el largo año que separa a la actualidad de las próximas Paso (si es que se llevan a cabo) le otorga un mayor margen de maniobra.
