El peronismo festejó en el Congreso, pero aún está lejos de la unidad

10 de agosto de 2026
Congreso de la Nación

Luego de largos meses de monólogo libertario, el peronismo sintió esta semana que ha recuperado la sintonía con una buena parte de la sociedad. El fracaso legislativo del Gobierno en el capítulo sobre la propiedad de la tierra, incluido en el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, fue festejado en las distintas tribus del peronismo, a tono con la ola de rechazo a esa parte de la ley que expresaron cantantes, referentes de la cultura y hasta integrantes de la selección argentina de futbol. “La Patria no se vende” fue, según reconocen en el Gobierno, un slogan efectivo que amalgamó sectores hasta entonces dispersos, en torno a una consigna nacionalista que combina con el espíritu malvinero que copó a todos los sectores sociales, sobre todo después del triunfo argentino sobre Gran Bretaña en el mundial. Pero el peronismo, o el conjunto de partes del jarrón peronista, está aún lejos de la pretendida unidad, paso fundamental para tener chances de triunfo en las hoy lejanas elecciones presidenciales del año que viene.

La semana política comenzó con un dolor de cabeza para Axel Kicillof, proveniente del departamento de San José 1111 que sirve de prisión domiciliaria para la ex presidenta Cristina Kirchner. La presentación judicial de la ex presidenta ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU para que revea su situación judicial hizo renacer a La Cámpora, convencidos sus integrantes de que Cristina podrá, de alguna manera, ser candidata a presidenta en las Paso del año próximo.

La movida generó un cimbronazo en el PJ, justo cuando Kicillof empezaba a ver grietas en el vínculo entre la sociedad y el gobierno libertario de Javier Milei, como quedó demostrado en el debate público sobre la extranjerización de las tierras. “Máximo Kirchner y los suyos encontraron un objetivo: que Cristina sea candidata aunque no pueda ejercer si gana. Esto lo mata a Axel”, reflexionan desde distintos espacios del PJ y sus aliados, entre ellos el Frente Renovador de Sergio Massa, quien desde hace rato busca terciar y poner en valor sus acciones para conformar una alternativa competitiva al gobierno libertario y sus aliados macristas.

En ese contexto del “renacer” cristinista, las declaraciones del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela –quien prometió “nacionalizar lo que haya que nacionalizar” en caso de un retorno peronista al poder-erizaron la piel de Massa, quien salió a pedir por medio de llamados discretos que el riojano frene su andanada nacionalista. “Cuando ganamos en septiembre pasado (las elecciones en provincia) las acciones bajaron. Cuando perdimos y ganó Milei en octubre, subieron y recuperaron lo perdido. Algo estamos haciendo mal”, se quejó Massa ante el propio Kicillof, quien no desautorizó al indomable Quintela, uno de sus principales aliados en la pelea contra la ex presidenta, decidida a quemar las naves en la disputa interna.

Divididos en torno al pasado y por el momento también sobre el futuro, en el PJ sueñan con una interna presidencial, de la que participen Kicillof, tal vez Juan Grabois por el cristinismo y Massa (o la cordobesa Natalia de la Sota, si el tigrense prefiere reservarse), en representación del Frente Renovador más sectores del Peronismo Republicano de Miguel Pichetto. “Es la forma de generar expectativa”, coinciden cerca de Kicillof y de Massa. ¿Y si Cristina, desde su prisión domiciliaria, insiste en llevar al PJ hacia el extremo? “La vamos a enfrentar”, prometen desde la gobernación de La Plata, pero también desde las oficinas que Massa sostiene en el centro porteño.

El “miedo” al regreso de un peronismo populista es, precisamente, el fantasma con el que espera contar el Gobierno para sostener sus planes de reelección. Por eso salió a agitar en las redes sociales las declaraciones de Quintela, ansioso por recuperar parte de la opinión pública, hoy indecisa y en algunos casos buscando otras alternativas electorales, según las encuestas.

Aún sufriendo los efectos de la reciente derrota legislativa, en el Gobierno se frotan las manos con la posibilidad de que el kirchnerismo abandone la moderación que había comenzado a mostrar Kicillof en su armado nacional, descarte la opción Massa y se posicione en el extremo del arco político.

En la Casa Rosada confían en conseguir, de ese modo, el regreso del apoyo del votante de Juntos por el Cambio, enojado con el Gobierno por el estilo del Presidente y “las mejoras que no llegan a la gente”, una bandera tomada por el Pro como modo de diferenciarse (levemente) de la administración libertaria. Una frase tomada casi textual por el ex ministro de Economía de Mauricio Macri, Hernán Lacunza, en su presentación informal como candidato a Presidente. Candidatura inspirada y promovida por el ex mandatario, que parece decidido a jugar a fondo para tensar el vínculo con la Casa Rosada.

Por el momento, la candidatura de Lacunza tiene más detractores que apoyos dentro mismo de Pro. Eso incluye a los gobernadores macristas (Rogelio Frigerio de Entre Ríos, Jorge Macri en la ciudad de Buenos Aires e Ignacio Torres, de Chubut) quienes, con los matices propios de cada caso, buscan acuerdos electorales con los libertarios para continuar en el poder local. Ni hablar de Cristian Ritondo, todavía jefe del bloque de Pro en la Cámara de Diputados, que apuesta en la provincia de Buenos Aires a un acuerdo entre amarillos y violetas para impulsar la candidatura del hoy jefe de gabinete Diego Santilli. “Lacunza ahora le va a cobrar más a los clientes de su consultora, más que eso no va a poder hacer”, lo escucharon ironizar a Ritondo, convencido de que la postulación del ex ministro de Economía no prosperará, y que su negocio político es mantenerse cerca del universo libertario.

¿Irá Santilli a la provincia o volverá a mudarse a la ciudad de Buenos Aires? Una de las tantas incógnitas que circulan hoy, a un año de las Paso que el Gobierno intenta suspender en el Congreso.

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