¿Cuánto dolor puede caber en un trozo de metal? ¿Cuántos gritos desesperados? ¿Cuántos años de silencio? ¿Puede el dolor dejarla un poco de lugar a la esperanza, pueden coexistir ambos en una misma pieza, pequeñita, tan chica que entra en la palma de la mano? Para Graciela Geuna, la esposa de Jorge Omar Cazorla, una misma medalla tiene tantos significados que, parece, escribir es la mejor forma que encontró para expresarlos. A 50 años del inicio del Golpe Militar de 1976 y casi a medio siglo también de la desaparición de su marido, la mujer plasmó sus sentimientos en dos cartas que resonaron con fuerza en los últimos días y en las que repitió una misma certeza: “Nuestra búsqueda sigue teniendo sentido”.
El primero de los escritos está colgado en una pared del Museo Provincial de las Bellas Artes “Emilio Caraffa”, en Córdoba. Allí, en la misma ciudad en la que el mercedino estudiaba abogacía y militaba en la Juventud Universitaria Peronista, montaron una exposición con algunos de los hallazgos de la investigación que realiza en el Equipo Argentino de Antropología Forense en Loma del Torito, donde funcionó un centro clandestino de detención durante la época más cruel y sangrienta de la historia nacional.
Graciela, que además de ser esposa de un desaparecido también fue víctima de ese campo de concentración y exterminio llamado La Perla, es una de las querellantes en la causa que reúne a 26 familias que esperan un mínimo ápice de esperanza para encontrar a sus seres queridos. Y para ella, llegó en forma de medalla.
“Tengo en mis manos una foto. Es de una medalla dorada, redonda, chiquita. De un lado tiene un rostro de perfil, el de la Virgen Niña. Del otro lado, bien clarito, dice GRACIELA en mayúsculas y abajo una fecha: 3-9-7. Cincuenta años. Dentro de ese pequeño fragmento de metal caben 50 años, mucha vida, dolor en cantidades difíciles de precisar. Caben también certezas que deshacen silencios. Esa medalla tiene mi nombre porque fue mía. Fue tuya. Es nuevamente mía. Se cerró el círculo”, escribió la mujer.
Apenas vio la foto incluida en el expediente de la causa, Geuna reconoció la pieza de inmediato. La fecha grabada, la del 3 de septiembre de 1974, corresponde a su cumpleaños número 19, día en que sus padres se la regalaron. Y es la misma que, tiempo después, le colgaría a Jorge sobre el cuello, un día antes de que lo detuvieran “militares disfrazados de civiles”, según ella misma precisó.
“Ese amuleto no pudo evitar la muerte, pero lo acompañó y protegió su identidad. Ha sido un hilo de amor, un hilo conductor de amor, de mis padres hacia mí, de mí hacia Jorge. Y hoy vuelve. Para decirme que estás, o al menos estuviste ahí, aunque tus huesos no hayan sido identificados”, escribió también.
La segunda de sus cartas fue la que redactó para participar, de alguna manera, en el acto oficial por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia que se realizó en Villa Mercedes, la ciudad natal de su esposo. Se la envió a su amiga Susana Calvo, quien fue la encargada de leerla en voz alta ante todas las personas que se congregaron en la Plaza de los Derechos Humanos, en el barrio Jardín del Sur, la mañana del 24 de marzo.
En ella, la viuda repitió las certezas que logró cosechar luego de años y años de incertidumbre: “La medalla no llegó sola a esa fosa, la llevaron los asesinos con su cuerpo: era invierno y Jorge tenía un pullover de cuello redondo cerrado que la cubría, no la vieron. La medalla la acompañó en su periplo”.
Las expectativas de Graciela son más fuertes que nunca. Ya fueron reconocidos los ADN de 12 personas en los desenterramientos en La Perla y sabe que el de Jorge puede ser el próximo, cuando se reanuden las investigaciones el próximo abril. Y, de esa manera, tal vez encuentro un poco, solo un poco, de la paz y el futuro que le arrebataron hace casi 50 años, al igual que mancharon con sangre la historia de toda una generación y un país entero.
“Gracias por la medalla Jorge, gracias por la luz que nos trae a nuestra medalla, una que dice que nuestra búsqueda sigue teniendo sentido, que sigamos y que exijamos a los perpetradores que digan dónde están para poder vivir finalmente en una sociedad sin desaparecidos”, afirmó.
Pronunciamiento de la UNViMe
La Universidad Nacional de Villa Mercedes (UNVIME) emitió un pronunciamiento al cumplirse 50 años del golpe de Estado cívico-militar de 1976.
La institución define aquel periodo iniciado hace cinco décadas como uno de los más “dolorosos y oscuros” del país, marcado por la interrupción del orden constitucional y la implementación sistemática del terrorismo de Estado. En este contexto, destaca que la Universidad Pública Argentina fue una víctima directa de la represión, con estudiantes, docentes, investigadores y personal no docente afectados por la violencia institucional.
“La memoria no es un ejercicio del pasado simplemente, sino una práctica activa que permite fortalecer una conciencia democrática”, reza el comunicado.
El pronunciamiento hace especial énfasis en la condena de los crímenes de lesa humanidad e insta a la sociedad a no olvidar la existencia de centros clandestinos de detención, las torturas y el robo de bebés, prácticas que califica de “aberrantes”. Asimismo, se rinde homenaje a los detenidosdesaparecidos, cuya ausencia se describe como una deuda pendiente para sus familias y para la patria. La declaración concluye con una triple ratificación del principio de “Nunca Más”:
• Nunca Más al terrorismo de Estado.
• Nunca Más a la desaparición de personas.
• Nunca Más a la violencia como forma de organización social.
Homenajes en Villa Mercedes
Las actividades y homenajes por los 50 años del inicio de la Dictadura Militar de 1976 comenzaron temprano en Villa Mercedes. En el cementerio municipal “San José”, el intendente Maxmiliano Frontera, diputados, concejales, otras autoridades y familiares de desaparecidos y detenidos se congregaron para conmemorar a todos los fallecidos que perdieron su vida durante y después del mal llamado “Proceso de Reorganización Nacional”.
Luego se trasladaron a la Plaza de los Derechos Humanos, en el barrio Jardín del Sur, dónde tuvo lugar el acto principal, con las palabras de Graciela Geuna y también las de Ana María Bonetto, esposa de Juan Manuel Echandía, un preso político que sufrió las secuelas de las torturas hasta el día de su muerte en 2013. Plantaron un árbol y descubrieron una placa recordatoria, entre otros signos.
La Multisectorial por la Memoria realizó su tradicional marcha en la plaza San Martín, a partir de las 17:30, con música y teatro de diferentes artistas locales. Las instituciones educativas hicieron sus respectivos aportes, con actividades y pronunciamientos tanto de la Universidad Nacional de San Luis, como la de Villa Mercedes y el Instituto de Formación Docente Continua, entre otros.
Los homenajes continúan esta tarde, con espectáculos en Casa de la Cultura a partir de las 19:30. Presentarán la obra de teatro “A propósito de la duda”, cantará Guadalupe Mediavilla y bailará el grupo de danza “Descalzos: Artes del Movimiento”.