Sucedió lo que Marcelo Leonel Salinas esperaba. Al menos lo que su representante, la defensora oficial de Villa Mercedes Eliana Pradel, había planteado y pedido. El hombre que en noviembre atacó a su hermana mientras dormía, la ahorcó con sus propias manos y la apuñaló y cortó con trozos de vidrios en el cuerpo, finalmente escuchó el veredicto al que llegó el tribunal que lo juzgó las últimas semanas. No zafó de la condena, su defensa tampoco pretendía eso. Pero no fue sentenciado por intento de homicidio sino solo por lesiones leves y, en consecuencia, solo deberá cumplir un año y 10 meses de prisión. Ese tiempo en la cárcel, en la práctica, se traducirá a mucho menos encierro, pues ya páso algunos meses tras las rejas y si logra comportarse, en otras palabras hacer buena letra adentro, podrá salir mucho antes.
El hombre de 26 años afrontaba un pedido de 10 años de prisión por “homicidio doblemente calificado por ensañamiento y alevosía en grado de tentativa”. Así lo había requerido el fiscal de juicio Ernesto Lutens, quien remarcó que la tarde noche del 23 de noviembre de 2025, el acusado le había producido “doce cortes y nueve lesiones contusas” a Jessica, de 35 años.
Pradel, muy por el contrario, sostuvo que bastaba analizar el informe médico forense para confirmar que la vida de la hermana de su defendido jamás corrió peligro porque las heridas que sufrió no fueron así de graves. Apoyada en ese argumento, le solicitó al tribunal que contemplara el delito como «lesiones».
En su fallo, las juezas Cintia Martín, Daniela Estrada y Sandra Ehrlich, consignaron que el equipo interdisciplinario del servicio penitenciario arbitre los medios para lograr «un tratamiento integral» en la rehabilitación de Salinas. Esa orden tiene directa relación con otro pedido de la defensa, que durante los alegatos subrayó que el joven padece problemas de salud mental y adicción a las drogas.
De hecho, según le confirmó otra fuente a este medio, la de noviembre último no fue la primera agresión contra su hermana. Ya lo había atacado antes, pero nadie en la familia quiso denunciarlo en su momento. La sangre y el estar consciente de su latente dependencia a las sustancias pesaron más.








