La esperada primera votación del cónclave concluyó ayer con fumata negra, señal de que los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina aún no alcanzaron el consenso necesario para elegir al nuevo pontífice que sucederá al papa Francisco. Por ahora miles de católicos en todo el mundo, continuarán esperando.
El humo negro se alzó desde la chimenea colocada sobre el techo de la Capilla Sixtina a las 21 hora local (16 hora argentina), indicando al mundo que aún no hay nuevo Papa.
Según el procedimiento canónico, se requieren dos tercios de los votos —en este caso, 89 de los 133 cardenales presentes— para que un candidato sea proclamado como el Pontífice número 267 de la Iglesia Católica.
Las deliberaciones continuarán en la jornada de hoy con cuatro nuevas votaciones posibles: dos por la mañana y dos por la tarde, hasta que se alcance el consenso necesario. Si ninguna da resultado, el proceso se repite diariamente bajo el mismo esquema. Se trata del cónclave más diverso e internacional de la historia, con representantes de 70 países y una fuerte impronta de las “periferias” del mundo católico, una marca distintiva del papado de Francisco.
En caso de elección, el nuevo Papa será anunciado con fumata blanca, seguida del tradicional “Habemus Papam” pronunciado por el cardenal protodiácono desde el balcón de la Basílica de San Pedro.
Sala de las Lágrimas
A los lados del altar de la Capilla Sixtina hay dos puertas cerradas de pequeño tamaño y la de la izquierda conduce a la llamada “sala del llanto” o de “las lágrimas”, donde justo después de la elección, el nuevo Papa ingresa para cambiarse de ropa y recogerse en oración durante algunos minutos, informó el Vaticano.
Monseñor Marco Agostini, ceremoniero pontificio, explicó al sitio Vatican News que “allí, el Papa toma conciencia de lo que ha llegado a ser, de lo que es a partir de ese momento”.
La sala de las lágrimas o del llanto es el lugar donde el Papa recién elegido se recoge en oración y se cambia de vestidura. El ámbito es muy pequeño, incluso angosto, está compuesto por dos escaleras -una que sube y otra que baja- y una ventana, detalla la información.
Un complejo procedimiento, repleto de rituales
Los 133 cardenales electores llamados a elegir al 267º Romano Pontífice tendrán en sus manos una tarjeta de forma rectangular con espacio para escribir el nombre del elegido en la mitad inferior, según lo dispone la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, informó el Vaticano.
Una vez preparadas y distribuidas las papeletas (al menos dos o tres a cada cardenal elector) por el maestro de ceremonias, el último cardenal diácono sortea, entre todos los cardenales electores, tres escrutadores, tres encargados de recoger los votos de los enfermos (infirmarii) y tres auditores. Si salieran sorteados cardenales electores que, por enfermedad u otra razón, no pueden desempeñar dichas funciones, se procede a elegir otros cardenales, todo durante la fase previa a la votación.
Antes de que los electores comiencen a escribir, el Secretario del Colegio Cardenalicio, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias y los Maestros de Ceremonias deben abandonar la Capilla Sixtina, después el último Cardenal Diácono cierra la puerta, abriéndola y cerrándola tantas veces como sea necesario, como cuando los infirmarii salen a recoger los votos de los enfermos y regresan a la Capilla.
Cada cardenal elector, por orden de precedencia, después de haber escrito y doblado su papeleta, sosteniéndola en alto para que sea visible, la lleva al altar, donde se encuentran los escrutadores y sobre el cual está colocado un receptáculo cubierto con un plato para recoger las papeletas, según describe el sitio Vatican News