La horca, el final que no imaginó el dictador Saddam Hussein

30 de diciembre de 2024

Gobernó Irak con poder absoluto entre 1979 y 2003, secundado por sus dos hijos, tan sanguinarios como él. En 24 años fueron responsables de casi 300 mil muertes.

No quiso que le pusieran una capucha. Solamente aceptó que un pañuelo negro envolviera su cuello por la parte donde pasaría la soga de la horca. Sostuvo un ejemplar del Corán, que encargó a uno de sus adversarios entregar a una persona allegada. Estaba tranquilo. Quiso decir una plegaria, pero solo alcanzó a decir “Mahoma”. Así murió, el 30 de diciembre de 2006, Saddam Hussein, el dictador que gobernó Irak con mano de hierro durante 24 años y dispuso el asesinato y la desaparición de entre 250.000 y 290.000 personas, además de miles de deportaciones.

Con el dictador irakí se cumplió la sentencia bíblica de que “quien a hierro mata, a hierro muere”: fue ahorcado , luego de haber sido derrocado, tres años antes, gracias a la invasión de Estados Unidos a su país.

El Alto Tribunal Militar de su país lo condenó a muerte, al cabo de un juicio que comenzó el 19 de octubre de 2005. Lo responsabilizaron por la masacre de 148 chiitas -musulmanes partidarios de Alí, como sucesor y califa inmediato del profeta Mahoma, y adversarios del partido de Hussein perpetrada en 1982, en Duyail, al norte de Bagdad, luego de un intento de asesinato de Saddam.

Pero aquella matanza es solo el botón de muestra del modo en que Hussein gobernó su país desde que tomó el gobierno en 1979, después de derrocar a su primo, a quien había ayudado a conquistarlo. En realidad, para entonces ya integraba el estrecho círculo que manejaba el poder en Irak y llevaba cinco años, desde 1974, siendo el hombre fuerte del país.

El mismo día que asumió inauguró la costumbre de perseguir a adversarios y supuestos opositores. Desde el palco denunció una conspiración en su contra y nombró a los presuntos implicados. Todos estaban sentados frente a él, escuchándolo. Ordenó detener a 68 y ejecutar a 22.

Así actuó durante 24 años. El Observatorio Internacional de Derechos Humanos (Human Rights Watch) fijó entre 250.000 y 290.000 las muertes y desapariciones que ordenó el dictador. Entre ellas se cuentan las de más de 100.000 kurdos asesinados entre 1987 y 1988; cerca de 70.000 chiitas detenidos y recluidos sin acusación en los años 80 que, a la fecha del juicio contra Huseein, aún figuraban como “desaparecidos”; cerca de diez mil hombres retirados de los reasentamientos del Kurdistán iraquí en 1983; y cerca de 50.000 activistas opositores, izquierdistas, comunistas, kurdos y hasta miembros disconformes del Baath, el partido del dictador.

A ellas hay que agregar a las personas ejecutadas bajo custodia en las llamadas “campañas de limpieza carcelaria”.

Saddam siempre fue secundado por sus hijos, Uday y Qusay, partícipes en las persecuciones políticas y crímenes. Ambos fueron abatidos por las tropas de la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, que invadió su país el 22 de julio de 2003, seis meses antes de que Saddam cayera prisionero de las mismas fuerzas. A su padre lo capturaron el 13 de diciembre de 2003 en Ad Dawr, cerca de su pueblo natal, Tikrit.

El motivo que alegó el presidente de Estados Unidos, George W. Busch, para justificar la invasión a Irak fue la supuesta tenencia, por parte del dictador, de un arsenal de armas químicas. Lo cierto es que la posesión y control por parte de Irak de los pozos petroleros del Golfo Pérsico era parte de la motivación de la intervención. Y una posterior inspección de las Naciones Unidas (ONU) desestimó la existencia de tal armamento en manos de Saddam.

El dictador pasó tres años en prisión, hasta que se cumplió la condena a muerte. En ese lapso, Irak vivió un proceso de democratización, aunque siempre bajo la supervisión de Estados Unidos, que al buen propósito de intervenir para acabar con una dictadura sangrienta le sumó el inconfesado propósito de controlar aún más el mercado mundial de petróleo y eliminar a quienes eran sus competidores en ese rubro.

No te pierdas...