Desde el viernes hasta anoche, las colectividades volvieron a lucir sus tradiciones y gastronomía en una Calle Angosta que lució repleta los tres días.
Durante tres noches se borraron las fronteras y Villa Mercedes fue un pequeño globo terráqueo en el que brillaron las culturas de diferentes partes del mundo. La Fiesta Provincial del Inmigrante, un encuentro ya emblemático de la ciudad, volvió a desplegarse sobre un complejo Calle Angosta que lució colmado una vez más.
El festival vio la luz por primera vez hace más de dos décadas de la mano de la Asociación de Comerciantes y Vecinos Unidos de Zona Estación, una comisión que mantiene vivo el deseo de homenajear a muchos de sus antepasados que llegaron desde diferentes puntos del planeta para anidar definitivamente en Villa Mercedes.
La actual edición, la número 19 (a lo largo de los años hubo algunas interrupciones, como por ejemplo en la pandemia) fue un fiel reflejo de aquellos tiempos de migración. Decenas de colectividades pusieron a convivir sus costumbres, sus trajes típicos, su música y, principalmente, su gastronomía, por todo del predio que rodea al anfiteatro.
Unas 25 banderas estuvieron enarboladas tanto en los coloridos stands como en el mítico escenario “Alfonso y Zabala”: Brasil, Ucrania, Japón, Colombia, México, Perú, Chile, España, Italia, Venezuela, Portugal, Líbano y Francia fueron algunos de los países que tuvieron sus representantes, además de los anfitriones que propusieron sabores bien argentinos.
El festival tuvo su apertura en la noche del viernes, con una tormenta que amenazaba con aguar la madrugada pero que finalmente dejó disfrutar de los atractivos con más frescura. La ceremonia arrancó con el recibimiento a Madre Cabrini, la santa que pasó con su misión educadora por Villa Mercedes y que se convirtió en la patrona de los inmigrantes.
El gobernador Claudio Poggi y el intendente Maximiliano Frontera acompañaron a los integrantes de la asociación organizadora por una recorrida por todos los puestos, donde pudieron conversar con extranjeros y descendientes de extranjeros, probar algunos de sus platos más característicos, escuchar hasta unas canciones de mariachis y recibir unas placas de agradecimiento.
Para la segunda noche, la del sábado, el presidente de la asociación, Daniel Sallenave, expresó: “Este es un evento que se ha convertido en un tradición y un punto de encuentro para la comunidad, conmemorando la llegada a estas tierras de los inmigrantes, quienes lo hicieron y lo hacen en busca de oportunidades y un futuro mejor”. Luego agregó: “Aquí en Zona Estación, donde estaba la estación de trenes, muchos de ellos pusieron sus pies por primavera vez en este suelo, un lugar que evoca recuerdos, emociones y nos conecta con nuestra historia”.
La fiesta tuvo su debut en 2001 en el Palacio de los Deportes. Pero con el paso de los años y el crecimiento exponencial, tanto en la oferta de colectividades como en público, en 2008 tuvieron que mudarse al actual escenario de Calle Angosta.
Desde entonces, cada vez que los vecinos recorren los puestos no solo pueden ver fragmentos de múltiples historias de migraciones del siglo pasado, sino que pueden encontrar nuevos foráneos que siguen eligiendo a Villa Mercedes para transformarlo en su hogar definitivo, como en los casos de nativos de Venezuela o de Japón, por ejemplo.
El cierre fue anoche. Comenzó cerca de las 20 y se extendió hasta la madrugada. El costo de la entrada, a $4.000, hizo bastante accesible que muchos eligieran viajar durante el fin de semana sin necesidad de subirse a un avión, sino a través de los sabores, los olores y los colores de todos los rincones del mundo.
