Milei sorprende con su giro por Malvinas, y sostiene su batalla verbal contra la oposición

7 de septiembre de 2026
Javier Milei, Presidente de la Nación

Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País

Cuando Giovani Lo Celso levantó la bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas”, arrojada por hinchas argentinos al campo de juego luego de la histórica victoria contra Inglaterra, lejos estaba de pensar que su reacción, seguida por otros jugadores del seleccionado nacional, generaría un verdadero cimbronazo internacional.

Mucho más lejos de su pensamiento estaba, seguramente, la posibilidad de que el gobierno de Javier Milei, hasta allí partidario de “convencer a los kelpers de ser argentinos”, asumiera menos de dos meses después una postura muchísimo más confrontativa con Gran Bretaña de la que venía sosteniendo, en la búsqueda de avances en el reclamo de soberanía por las Islas Malvinas.

El anuncio de sanciones a empresas británicas y de otros países que exploten recursos naturales en las islas, sumada a la construcción de la demorada base naval en Ushuaia y la creación de un Consejo de Seguridad nacional, fueron el corazón de la cadena nacional que el Presidente protagonizó el jueves pasado, y el inicio de una serie de iniciativas con las que la gestión libertaria busca varios objetivos simultáneos. Aprovechar el guiño del presidente Donald Trump, enojado con Gran Bretaña, para generar una corriente de simpatía en una causa que engloba a la inmensa mayoría de los argentinos, es una de ellas. Nadie niega, en el Gobierno, su esperanza de que esta iniciativa del oficialismo contribuya además a sacar del centro de la escena los crecientes reclamos por el estancamiento de la economía, el cierre de empresas industriales, y otros temas que lo incomodan como la alta morosidad de miles de familias, una bandera (valga la redundancia) que la oposición viene haciendo flamear desde hace semanas y con la que irá otra vez a la carga en la sesión prevista para el próximo miércoles en la Cámara de Diputados.

Los inusuales llamados del Presidente a conformar “un frente unido ante el mundo” en el reclamo para recuperar las Malvinas representan, además, un giro adicional. Desde que apareció en la escena pública, hace poco menos de una década, Milei hizo de la confrontación un arte, estrategia que le permitió llegar a la Casa Rosada y sostener, durante largos meses, su primacía en las encuestas de opinión.

En la nueva coyuntura, con una buena parte de la ciudadanía pidiendo moderación y desarrollo económico más allá de logros como la saludable baja de la inflación y el equilibrio fiscal, el Presidente está obligado a cambiar y reforzar alianzas con gobiernos provinciales y dirigentes afines. Sobre todo en momentos en los que los sondeos marcan que la marcha a la reelección no será, al menos por ahora y más allá de la ausencia de un candidato opositor consensuado, un camino sin sobresaltos. Suena prematuro asegurar si el llamado presidencial al fin de la grieta, al menos en el tema Malvinas, se sostendrá en el tiempo.

Por lo pronto, Milei no dejó ni por un día de utilizar un lenguaje agresivo-por momentos insultante-para con opositores, empresarios y periodistas con los que no coincide. Lo que sí está claro es que, por decisión de la comunicación oficial y más allá de otros voceros de segunda línea, Milei quedó prácticamente en soledad en ese ring de agravios, respuestas y contraataques que son moneda corriente en las redes sociales.

“Milei hay uno solo”, dice por lo bajo un joven e influyente funcionario, cercano al tándem que componen Karina Milei y los primos Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem. Más allá de la indiscutible ealtad del círculo íntimo que rodea al Presidente, a quien nadie discute sus modos, la frase blanquea ese cambio de estrategia en lo más alto del poder, vinculado al objetivo reelección.

Durante largos meses, ministros y funcionarios intentaban (con la venia del entonces equipo de comunicación liderado por Manuel Adorni) emular el “estilo Milei”, con el que el presidente confrontaba a políticos opositores dentro y fuera de nuestras fronteras, empresarios, economistas periodistas y demás voces que expresaran alguna disidencia. Pero eso parece haber terminado, en coincidencia con la caída de la imagen del Gobierno y la mayor cercanía con el año electoral. Mientras el Presidente continúa con vía libre para “mostrarse como es”, según coinciden en el universo libertario, el resto de la tropa tiene instrucciones precisas de no pasarse de la raya.

Los ejemplos de ese cambio son varios, y abarcan a ministros del gabinete como Federico Sturzenegger, Luis Caputo y Pablo Quirno, quienes solían trenzarse en peleas con periodistas y opositores con modos parecidos, aunque no idénticos, a los del Presidente. “Así les fue”, cuentan encargados de la comunicación oficialista, que pegó un giro notable en las últimas semanas con la salida de Adorni y la incorporación de dos “prenseros” de la vieja escuela: el secretario de Prensa y Comunicación, Fabián Fernández, y su segundo, Leandro Cano.

Los posteos de Juan Pablo Carreira, alias Juan Doe, director de la Oficina de Respuesta Presidencial, culpando a China por la tragedia humanitaria de Nepal, fueron una voz disonante en este contexto, y generaron uno de los reclamos diplomáticos más fuertes del gigante asiático en lo que va del gobierno de Milei. El enojo del karinismo con Carreira, un militante de las Fuerzas del Cielo, se extendió al jefe político de Doe, el asesor presidencial Santiago Caputo. Asordinado por la puesta en marcha de la iniciativa oficialista en la causa Malvinas, que unificó a todo el Gobierno, el conflicto interno quedó de lado por el momento, pero promete retornar, más temprano que tarde.

La estrategia de moderación discursiva también encuentra excepciones, como la de Patricia Bullrich. “Ella es ella”, coinciden en distintas tribus libertarias. La jefa de los senadores libertarios defendió a Milei en sus últimas apariciones públicas, pero ya no gozaría del crédito que alguna vez le diera Karina Milei para representar al Gobierno como candidata a vicepresidenta.

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