Murió Gasalla, viven sus personajes

Además de mamá Cora, la maestra, la empleada pública, Soledad Dolores Solari e Inesita, son inolvidables.
18 de marzo de 2025
Antonio Gasalla
Gasalla había acumulado una fortuna millonaria a raíz de su extensa carrera artística.

Antonio Gasalla demostró ser un actor muy versátil para los roles que le propusieron a lo largo de su carrera. Aunque el humor fue la veta que lo hizo explotar.

Creó e incorporó personajes que se volvieron clásicos tanto en el cine como en el teatro o la televisión. Por eso, aunque la historia diga que hoy murió Antonio Gasalla, el capocómico vive en sus personajes.

Algunos de los mejores:

La abuela

Era una señora mayor con poco filtro que se animaba a hacer las preguntas más extrañas. Con ese personaje consiguió sacarle picantes declaraciones a la diva de los teléfonos Susana Giménez en el living de su programa. “La abuela” surgió a raíz de la recordada “Mamá Cora”, de la película “Esperando la carroza” de 1978.

La maestra Noelia

Fue una maestra que estaba dispuesta a hablar de todo. En 1996 Noelia ya se refería a la educación sexual, algo que por ese entonces casi ni se mencionaba en las escuelas.

La empleada pública

“Afuera”, se la escuchaba decir a la mujer que trabajaba en la Casa Rosada cada vez que un famoso se le acercaba. Lo interpretó en sus programas y en el ciclo de Susana Giménez y pudo hacer reír a más de una celebridad que se prestó para jugar con él en este sketch. La empleada pública hacía lo imposible por no permitir el paso de las personas: “¡Se van para atrás!”. Junto a Norma Pons, tomaban mate y le pedían a la gente pararse “detrás de la línea blanca” marcada en el piso.

Soledad Dolores Solari

Era una mujer que buscaba trabajo, pero que se mostraba solitaria y distante. Tenía una extraña relación con su madre. Con peluca negra, al estilo Morticia Addams, Soledad Dolores Solari era tranquila, hablaba pausado y tenía muchas fobias.

Inesita

De clase social acomodada, Inesita hablaba de sus gastos en cirugías estéticas y viajes. Su rostro mutaba en cada capítulo: la nariz, los pómulos y los labios eran la debilidad de la señora aristócrata.

 

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