Marina Silva fue indagada este miércoles por los homicidios de Sofía La Roche y Bautista Funes, de 7 y 2 años, respectivamente. Le dictaron prisión preventiva por 120 días.
Marina Abigail Silva, policía de profesión, posiblemente nunca imaginó que iba a recorrer los pasillos de tribunales en calidad de imputada, y por un delito gravísimo, para el que no cabe más que una condena a prisión perpetua: haber asesinado a sus dos hijos en su casa del barrio Los Fresnos de Juana Koslay. Este miércoles, la policía, de 30 años, enfrentó la audiencia de formulación de cargos. Fue imputada por homicidio doblemente calificado por alevosía y el vínculo agravado por el uso de arma de fuego.
Se abstuvo de declarar y la jueza Natalia Lazarte Otero le dictó la prisión preventiva por 120 días.
En el domicilio donde ocurrió el filicidio, la Policía halló un cuaderno escolar de Sofía, en el que la imputada dejó una nota. La carta manuscrita dice: “Ni Jonathan (por el padre de Bautista), ni mamá me hicieron embargar el sueldo. Yo sola me llené de deudas y no supe manejarlo. Quise (que) no le falte nada a los niños. Perdón, perdón, ya no pude más. No es culpa de nadie. Pero necesito paz. Pa y ma los amo, hermanos, gracias por todo y Jonathan perdón también, te amo. Perdón por no poder seguir más. No quiero que mis hijos sean una carga para nadie. Los amo tanto Bauti y Sofía, que necesito estemos juntos”.
La coordinación de la investigación está a cargo de la fiscal de Instrucción Nº 4 de la Primera Circunscripción Judicial, María del Valle Durán, quien trabaja con los efectivos del departamento Homicidios.
La fiscal expuso en la audiencia su reconstrucción de cómo se habrían desarrollado los hechos.
Según las averiguaciones, el crimen ocurrió entre las 5:00 y 6:00 del martes. La mujer policía habría puesto almohadas sobre las cabezas de sus dos hijos, que dormían en una cama grande que compartían con ella, y les habría disparado con su arma reglamentaria.
Luego, alrededor de las 7:00, dejó dos carteles, uno en la puerta trasera de la vivienda, que decía “no entres” y otro en la puerta del frente que indicaba “Melina llama a la Policía, no entres”. Su hermana vive en la parte de atrás de la propiedad, e incluso la noche anterior, hasta las 23:00 la imputada habría estado con esta familiar, en la casa. Después, cada una se fue a su hogar a dormir.
Además de dejar los carteles, la imputada envió un mensaje al grupo de WhatsApp de sus hermanos, en el que les pedía que la perdonaran por lo sucedido. También se comunicó al teléfono de la Comisaría 34° de Juana Koslay, en la que ella trabaja y a donde tenía que reincorporarse el martes a la mañana después de un franco de servicio. A través de esa comunicación Silva solicitaba que fueran a su domicilio, y avisaba que la puerta estaba abierta.
Después de cometer los asesinatos, la mujer huyó. Fue encontrada por personal de la Comisaría 34° antes de media mañana sentada llorando, a orillas del dique Cruz de Piedra. Tenía su arma reglamentaria. Al parecer, había arrojado su teléfono al agua y les habría manifestado a sus compañeros que quería irse con sus hijos y con su abuela.
Según trascendió, la mujer no estaba bajo tratamiento psicológico ni presentaba carpeta médica en la Policía, y se esperaba su reincorporación al servicio tras finalizar su descanso.
El padre de Silva expresó ante la prensa su malestar y rechazo por la conducta de su hija. “Ya le dije al jefe de Policía que no quiero saber nada, no quiero que me la pongan enfrente”, manifestó.
Y confirmó que la mujer atravesaba una difícil situación económica: “Tenía deudas con todo el mundo, le saqué préstamos, le presté la tarjeta y estoy hasta acá”. Aseguró también que ha sido víctima de violencia psicológica por parte del padre de uno de sus hijos.
