En un contexto global marcado por la creciente demanda de alimentos y la presión cada vez mayor sobre recursos estratégicos como el agua y la energía, San Luis aparece con una oportunidad concreta para dar un salto productivo. Según el investigador del INTA San Luis Claudio Saenz, la provincia tiene condiciones para ampliar en alrededor de un 40% su superficie agrícola bajo riego, lo que permitiría fortalecer la producción agropecuaria y generar nuevas oportunidades de desarrollo territorial.
El especialista valoró especialmente la decisión del Gobierno provincial de avanzar en la elaboración del Plan Maestro del Agua, una herramienta de planificación que, según remarcó, puede convertirse en un pilar para definir políticas de Estado orientadas a garantizar un uso eficiente y sostenible del recurso hídrico en el largo plazo.
Saenz participa de ese proceso como invitado especial y destacó la importancia de que organismos técnicos como el INTA puedan aportar su experiencia en una temática estratégica para el futuro productivo de la provincia. “Es una iniciativa muy importante porque permitirá establecer objetivos claros y políticas de largo plazo para el manejo del agua”, explicó el investigador al analizar el alcance del proyecto. En ese sentido, también remarcó que el reciente regreso de San Luis al Consejo Federal de Inversiones (CFI) podría acelerar la incorporación de tecnología, financiamiento e inversiones destinadas a modernizar los sistemas productivos vinculados al uso del agua.
El potencial productivo de San Luis
En el caso específico de San Luis, Saenz aseguró que existen ventajas comparativas que permiten pensar en una expansión significativa del riego en distintas regiones de la provincia.
Actualmente el territorio puntano cuenta con más de 700 mil hectáreas agrícolas que dependen exclusivamente de las lluvias, mientras que alrededor de 60 mil hectáreas utilizan sistemas de riego complementario.
Sin embargo, las condiciones naturales, la disponibilidad de infraestructura hídrica y los estudios realizados en distintas cuencas indican que el área bajo riego podría ampliarse en aproximadamente un 40%.
Entre las zonas con mayor potencial mencionó las cuencas del Valle del Conlara y la Llanura Norte. Otro factor clave es la infraestructura hídrica existente. San Luis posee una red de embalses que permite regular cerca del 77% del volumen de escurrimiento superficial, lo que brinda la posibilidad de administrar el recurso durante todo el año y planificar el uso del agua con mayor previsibilidad.
Más allá de las oportunidades que ofrece el riego, el investigador subrayó que la gestión del agua debe pensarse con una mirada integral y de largo plazo. En ese sentido, explicó que la planificación hídrica debe contemplar no sólo la disponibilidad del recurso sino también su calidad y los distintos usos que tiene dentro de la sociedad. También advirtió que el manejo inadecuado del suelo puede generar impactos negativos en las cuencas hídricas.
Un ejemplo es la cuenca de La Petra, que abastece a los diques La Florida y Paso de las Carretas. Allí, prácticas agrícolas o ganaderas mal manejadas pueden provocar erosión, arrastre de sedimentos y una reducción en la vida útil de los embalses. Situaciones similares pueden ocurrir en áreas serranas donde el sobrepastoreo genera degradación del suelo y altera el funcionamiento natural de las cuencas.
En el este provincial, el especialista también mencionó el caso de la cuenca de El Morro, donde los excedentes hídricos derivados de los sistemas productivos actuales generan impactos ambientales.
En esa región se implementan estrategias de mitigación basadas en el llamado biodrenaje, una práctica que consiste en aumentar el consumo de agua mediante la implantación de cultivos con alta demanda hídrica.
Uno de los ejemplos más representativos es el impulso a la producción de alfalfa, promovida a través del programa Alfazal. Según explicó Saenz, esta alternativa permite reducir los excesos de agua en el suelo y, al mismo tiempo, generar una actividad productiva con valor económico.
También señaló que sería necesario recuperar el curso natural de algunos arroyos para mejorar el drenaje hacia el río Quinto, lo que requeriría inversiones en infraestructura hidráulica.
Agua para la ganadería
Otro de los desafíos identificados por el investigador es la calidad del agua destinada a la bebida animal. Aunque la provincia cuenta con una extensa red de acueductos, existen regiones donde la calidad del recurso no es la óptima, lo que limita la producción de carne y reduce los márgenes económicos de los establecimientos.
En el centro de la provincia se concentra cerca del 65% de la población y una parte importante de la actividad agroindustrial. Esta región depende principalmente del agua de la cuenca del río Quinto, lo que plantea un desafío adicional para conservar la calidad del recurso frente al crecimiento urbano e industrial.
En ese contexto, Saenz planteó la posibilidad de transformar los efluentes y residuos agroindustriales en insumos productivos. Si bien actualmente representan un costo para su tratamiento, muchos de estos residuos contienen nutrientes que podrían reincorporarse a los sistemas agrícolas, ayudando a recuperar la fertilidad de los suelos.
El desarrollo del riego no sólo tiene implicancias productivas sino también económicas y sociales. Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) señala que la expansión del riego puede convertirse en un motor de crecimiento para el agro y las economías regionales.
Según ese estudio, el desarrollo de nuevas áreas irrigadas podría generar en promedio dos puestos de trabajo cada 100 hectáreas incorporadas, además de incrementar significativamente los rendimientos agrícolas.El riego también permitiría aumentar la producción de granos y mejorar la estabilidad de los sistemas productivos frente a fenómenos climáticos como las sequías.
