El debate por el abandono de la vacunación contra la fiebre aftosa comienza a ganar espacio entre los productores argentinos y también interpela de manera directa a San Luis. La provincia, integrada a uno de los principales corredores ganaderos del país, podría beneficiarse de una reducción de costos y de nuevas oportunidades comerciales, aunque la transición exigiría adaptar los sistemas de movimiento y comercialización de hacienda.
La discusión sobre el futuro de la vacunación contra la fiebre aftosa ya no es exclusivamente sanitaria. Para las provincias ganaderas, y particularmente para San Luis, comienza a convertirse en un debate vinculado con la competitividad, los costos de producción y el funcionamiento de toda la cadena bovina.
La posibilidad de que Argentina avance hacia el estatus de país libre de fiebre aftosa sin vacunación es impulsada por sectores que consideran que el actual esquema debe evolucionar hacia una nueva etapa. La Sociedad Rural Argentina fue una de las entidades que planteó iniciar ese proceso y ofreció sus equipos técnicos para colaborar con el SENASA.
En el Congreso también apareció una iniciativa en ese sentido. El diputado nacional Pedro Jorge Galimberti presentó un proyecto para que el Gobierno elabore un plan destinado a alcanzar el estatus de libre sin vacunación.
Pero el planteo no genera consenso en el sector. Confederaciones Rurales Argentinas, con José Colombatto como una de sus voces más visibles, sostiene que la vacunación continúa siendo una herramienta fundamental y reclama que cualquier modificación se base en evidencia y en una estrategia consensuada.
Para San Luis, el interrogante adquiere una dimensión especial. En la provincia se realizan dos campañas anuales. En la primera, se vacuna todo el rodeo bovino y bubalino y en la segunda, los terneros y terneras.
Si se toman como referencia los 1.497.834 animales vacunados en la primera campaña de 2025 y el precio de $1.556 por dosis en promedio, el cálculo da $2.330.629.704, pero solo como estimación del valor de las dosis, no como gasto total de los productores. A esa cifra debe sumarse el costo de la aplicación y del operativo de vacunación.
La producción bovina puntana no funciona de manera aislada. La provincia mantiene una intensa relación comercial con Córdoba, La Pampa, Mendoza y otras regiones del centro del país.
Los terneros producidos en los campos de cría sanluiseños pueden continuar su desarrollo en establecimientos de recría o engorde ubicados dentro de la provincia o ser trasladados hacia otros destinos.
Esa circulación hace que cualquier cambio en las condiciones sanitarias tenga una incidencia directa sobre productores, consignatarios, transportistas, feedlots y frigoríficos.
Por eso, una eventual transición hacia el estatus de libre sin vacunación debería contemplar especialmente cómo funcionará el movimiento de animales entre las distintas regiones.
Para el productor puntano, no se trataría simplemente de dejar de comprar y aplicar una vacuna. El cambio podría modificar procedimientos de comercialización, documentación, controles y requisitos para el traslado de hacienda. Uno de los argumentos más fuertes de quienes promueven la eliminación de la vacunación es económico.
Las campañas representan un costo para los establecimientos ganaderos por la adquisición de las dosis, la aplicación y la logística necesaria para reunir y manejar los animales. En sistemas de cría extensiva, donde la eficiencia de cada gasto adquiere especial importancia, una reducción de costos puede tener impacto sobre el resultado final de la actividad.
San Luis tiene, además, una característica que vuelve particular mente relevante este aspecto, ya que buena parte de su producción ganadera se desarrolla bajo condiciones ambientales que obligan a trabajar permanentemente sobre la eficiencia productiva.
Menores costos sanitarios podrían contribuir a mejorar los márgenes de los establecimientos y fortalecer la competitividad de la ganadería provincial. Pero el verdadero interrogante será si ese ahorro se transforma efectivamente en una mejora para el productor y, especialmente, si puede sostenerse sin generar nuevas restricciones comerciales. Uno de los sectores que más atención presta a la discusión es la cría.
San Luis tiene una fuerte presencia en el mercado de terneros, que constituyen uno de los principales productos de su ganadería. El destino de esos animales puede encontrarse dentro de la propia provincia o en establecimientos de otras regiones. En ese circuito, la facilidad para mover y comercializar la hacienda es determinante. Un nuevo estatus sanitario podría generar oportunidades, pero también obligaría a establecer reglas claras para la circulación de animales entre provincias.
La clave será evitar que una modificación del esquema de vacunación termine generando una mayor burocracia o dificultades para vender la producción puntana.
Para el criador, el resultado final deberá medirse en términos muy concretos, cuánto cuesta producir un ternero, cuánto se obtiene por su venta y qué tan sencillo resulta colocarlo en el mercado.
Una oportunidad para la carne argentina
Los sectores que impulsan el cambio consideran que Argentina no debería conformarse indefinidamente con el estatus de libre con vacunación. El objetivo es avanzar hacia la condición de libre sin vacunación, un estatus que ya alcanzaron otros países productores y exportadores de carne.
La posibilidad de mejorar el posicionamiento internacional de la carne argentina también podría repercutir sobre las provincias productoras. Si una mayor apertura de mercados genera un incremento de la demanda de carne, los beneficios podrían trasladarse hacia atrás en la cadena, alcanzando a frigoríficos, feedlots, recriadores y productores de terneros.
En ese escenario, San Luis tendría la posibilidad de aprovechar una mayor demanda por su producción ganadera. Argentina ya cuenta con territorios que poseen el estatus de libre de fiebre aftosa sin vacunación, como la Patagonia y los Valles de Calingasta.
