Daniel Oscar Buira, el baterista de la banda Los Piojos, murió este sábado a la madrugada, a los 55 años. Estaba en una escuela de percusión del partido bonaerense de Morón, de repente se descompensó y ya no pudo respirar.
Fuentes policiales informaron que el músico se encontraba en la “Escuela de Percusión La Chilinga” y que desde allí realizaron un llamado al 911. Cuando los efectivos arribaron, un testigo contó que el baterista estaba en un patio interno: había solicitado ayuda porque “no podía respirar”.
El mismo testigo indicó que al salir a asistirlo, se descompensó, perdió el conocimiento y dejó de respirar. Por su parte, el personal del SAME constató el fallecimiento en la escuela.
Luego familiares indicaron que el músico tenía asma. No obstante, el Ministerio Público Fiscal dispuso medidas de rigor, ante la ausencia de cámaras de seguridad en el interior de la escuela. El caso está en manos de la UFI 8.
Una vida dedicada a la música
Buira fue parte de “Los Piojos» desde sus inicios a fines de la década del 80 y se consolidó como uno de los pilares rítmicos del grupo. Acompañó el crecimiento de la banda hasta su separación en 2009.
A lo largo de su carrera, el músico participó en la grabación de discos emblemáticos del rock nacional como “Chactuchac” (1992), “Ay ay ay” (1994), “Tercer arco” (1996), “Azul” (1998) y “Verde paisaje del infierno” (2000). Estos álbunes marcaron a una generación y posicionaron a la banda como una de las más convocantes durante los años 90 y principios de los 2000.
Integró la etapa de mayor masividad del grupo, con presentaciones en estadios y festivales multitudinarios, entre ellos los recordados shows en el estadio de River Plate y giras por todo el país.

Tras la disolución del grupo, Buira continuó ligado a la música a través de distintos proyectos y colaboraciones. Además profundizó su faceta como percusionista, exploró ritmos y formatos más ligados a lo colectivo y lo experimental.
También, desarrolló una intensa actividad como docente, vinculado a espacios de formación musical y talleres. En ese sentido, mantenía un vínculo activo con la Escuela de Percusión La Chilinga, donde impulsaba el aprendizaje desde lo comunitario.