Cumplieron ya más de dos años de la tragedia aérea que se cobró la vida del capitán Mauro «Dogo» Testa la Rosa. A lo largo de este tiempo diversas pericias confirmaron una y otra vez que el avión que condujo el 15 de julio de 2024 no se vino abajo por un error del experimentado piloto. Lo que dejó muy abierta la posibilidad de que la causa del siniestro que enlutó a Villa Reynolds pudo deberse a la acción o inacción de otros. Ahora con los principales sospechosos de esa eventual cadena de responsabilidades identificados, la Justicia Federal dio un paso importante: llamó a indagatoria a las 11 personas, a las que apunta toda la evidencia recolectada en tan larga investigación.
Si bien sus nombres no pueden darse a conocer en este estadio de la causa federal, indicó Bautista Rivadera, el abogado de los Testa La Rosa, muchos de ellos o casi todos formarían parte de la V Brigada Aérea.
Todos ya recibieron la notificación para presentarse ante la Justicia Federal para responder a las preguntas que les formule la fiscalía. Las indagatorias empezarán el 14 de octubre y se extenderán hasta el 22 de ese mes. Algunos tienen cita para el 14, 15, 17 y el jueves 22 jueves incluido. Como establece el Código Penal no estarán obligados a declarar, contarán con la opción de abstenerse o de hablar, si así lo quieren, sin tener que contestar preguntas.
Los investigan no por un presunto delito en particular, sino por varios. Las averiguaciones apuntan a la posible comisión, entre otros, de “homicidio culposo”, “encubrimiento” y “falsificación y destrucción de documentación publica”, precisó Rivadera.
El lunes de la tragedia, el capitán había hecho pruebas aéreas durante toda la tarde. Pero, aproximadamente a las 19, a poco de despegar, al A4 AR se le desprendió el tubo de escape. Perdió potencia y empuje. El motor ya no podía seguir, estaba a nada de detenerse. La única posibilidad para sobrevivir de cualquier piloto en esa circunstancia es la eyección y eso fue lo que probó Testa La Rosa.
Avalado por la torre de control, el piloto procedió. No sin antes realizar una maniobra para permitirle ganar algo de altura, para así estar en condiciones de abrir el paracaídas y eyectarse sin correr riesgo.
Pero eso último no pudo ser. Según explicó Rivadera, la aeronave estaba cargada con una gran cantidad de combustible. Eso generó una explosión que alcanzó a la víctima y al paracaídas. En apenas segundos, las llamas desintegraron al paracaídas y el capitán cayó desde unos 50 metros de altura. El avión se vino abajo y se estrelló contra los pastizales del predio de la V Brigada Aérea, cerca de la pista, a las afueras de Villa Mercedes.
Tres dotaciones de bomberos voluntarios «El Fortín» trabajaron aquella noche para sofocar el fuego y evitar que la quemazón se propagara por el campo.
La Justicia Federal inició, entonces, una investigación que preliminarmente fue abordada como «Averiguación delitos», para establecer si el siniestro se debió a un error del capitán o si fue por una falla técnica del avión.
