Un estudio alerta que la erosión ya duplicó las cárcavas en la cuenca La Petra

Una investigación basada en imágenes satelitales, sistemas de información geográfica y análisis de dos décadas de evolución del territorio reveló un fuerte avance de la erosión hídrica en una de las principales cuencas agrícolas de San Luis. El trabajo, realizado por la ingeniera geóloga Yoleima Arrioja junto al ingeniero agrónomo Gabriel Aguilera, advierte que la superficie afectada por cárcavas prácticamente se duplicó en veinte años y sostiene que, sin una intervención integral, las pérdidas económicas y productivas seguirán creciendo.
19 de julio de 2026
La erosión en La Petra es un problema territorial que amenaza simultáneamente la productividad agrícola, el valor de la tierra y la infraestructura vial.

L a degradación de los suelos agrícolas en San Luis alcanzó un nivel de preocupación que, según especialistas, exige acciones urgentes de productores, profesionales y organismos públicos. Así lo refleja una investigación desarrollada sobre un sector de la cuenca La Petra, donde mediante herramientas de teledetección, Sistemas de Información Geográfica (SIG), modelos digitales del terreno e imágenes satelitales se reconstruyó la evolución de las cárcavas durante los últimos veinte años.

El trabajo fue presentado por la ingeniera geóloga Yoleima Arrioja, quien desarrolla estudios en Sistemas de Información Geográfica y Teledetección, junto con el ingeniero agrónomo Gabriel Aguilera, integrante de la empresa Orbith Agro, quienes remarcaron que el problema supera ampliamente los límites de un establecimiento rural y debe ser abordado desde una visión integral de toda la cuenca hidrográfica.

Según explicaron durante una entrevista con Todo Un País, el área analizada corresponde a un sector particularmente crítico ubicado en las inmediaciones de Cuatro Esquinas, donde atraviesa la Ruta Provincial 20. Aunque el estudio se concentró en aproximadamente 7.000 hectáreas dentro de una superficie mayor, los investigadores sostienen que representa fielmente lo que ocurre en una extensa cuenca de alrededor de 28.000 hectáreas que presenta similares problemas de erosión.

Uno de los aspectos centrales planteados durante la presentación fue la necesidad de cumplir efectivamente con la Ley Provincial de Conservación de Suelos, vigente desde 2004 y reglamentada cuatro años más tarde.

Los especialistas señalaron que esa legislación establece la obligatoriedad de implementar prácticas de sistematización de lotes (terrazas), especialmente en cuencas como La Petra y El Morro, aunque advirtieron que en la práctica existe una escasa aplicación y controles insuficientes. Para Aguilera, el problema no puede resolverse únicamente con decisiones individuales de cada productor.

«Cada establecimiento puede manejar correctamente el agua que recibe dentro de sus límites, pero el comportamiento de toda la cuenca depende también de lo que sucede aguas arriba. Si no existe un manejo coordinado entre todos los propietarios, cualquier esfuerzo individual termina siendo insuficiente», explicaron durante la entrevista.

Un ritmo alarmante

Uno de los datos más contundentes del estudio es la evolución de las cárcavas detectadas mediante imágenes satelitales. En 2005 la superficie ocupada por estos procesos erosivos alcanzaba aproximadamente 389 hectáreas dentro del área de estudio.

Veinte años después, en 2025, esa superficie aumentó hasta 663 hectáreas, lo que representa un incremento cercano al 70% y prácticamente una duplicación del área degradada respecto de los valores iniciales.

Las cárcavas constituyen la forma más severa de erosión hídrica. Se generan cuando el agua superficial adquiere suficiente energía para remover grandes volúmenes de suelo, formando zanjas profundas que continúan ampliándose con cada lluvia intensa.

Los investigadores remarcaron que estos procesos ya no representan un fenómeno aislado sino una transformación permanente del paisaje agrícola. El estudio también analizó cómo evolucionó el uso de la tierra durante las últimas dos décadas.

Los especialistas observaron el reemplazo progresivo de pasturas naturales por cultivos agrícolas como soja, girasol, maíz y sorgo. Si bien el maíz aporta mayor cantidad de residuos vegetales que ayudan a proteger el suelo, la soja y el girasol generan menor cobertura superficial, dejando expuesto el terreno frente a precipitaciones intensas.

A ello se suma una creciente utilización del picado de maíz, una práctica que reduce considerablemente la cobertura vegetal protectora y favorece la acción erosiva del agua. Según los investigadores, estos cambios, combinados con lluvias cada vez más concentradas, aceleran significativamente el deterioro del recurso suelo.

El clima agrava el escenario

Otro de los aspectos analizados fue el comportamiento climático. A partir de datos de la Red de Estaciones Meteorológicas de San Luis y otras bases nacionales, el estudio detectó una alternancia entre períodos secos prolongados y eventos de lluvias muy intensas. Los años secos endurecen y fisuran la superficie del suelo, mientras que las precipitaciones concentradas generan escorrentías de gran velocidad capaces de remover enormes cantidades de tierra.

Los especialistas explicaron que actualmente no necesariamente llueve más que décadas atrás, pero sí llueve con mayor intensidad en períodos mucho más cortos, aumentando notablemente la capacidad destructiva del agua.

Uno de los aportes más novedosos del trabajo fue la simulación digital del comportamiento futuro de la cuenca. Mediante modelos topográficos y análisis hidrológicos, los investigadores identificaron los drenajes naturales que podrían convertirse en nuevas cárcavas si continúan las actuales condiciones de manejo.

Las imágenes muestran que numerosos canales ya presentan las primeras señales de erosión y podrían evolucionar hasta convertirse en profundas zanjas que fragmenten los establecimientos rurales. La simulación no determina exactamente cuándo ocurrirá ese proceso, pero sí demuestra que, de mantenerse las condiciones actuales, la expansión de las cárcavas resulta altamente probable.

Además de afectar la producción agropecuaria, la investigación advierte sobre riesgos crecientes para la infraestructura vial. La Ruta Provincial 20 atraviesa una de las zonas donde el fenómeno presenta mayor intensidad.

Los investigadores recordaron que en años anteriores las lluvias ya ocasionaron daños sobre estructuras de la ruta y advirtieron que la continuidad del proceso erosivo podría comprometer nuevamente caminos, puentes y alcantarillas estratégicas para la región. Frente a este escenario, el estudio propone un conjunto de acciones estructurales y biológicas.

Entre las primeras figuran la sistematización integral de los lotes; construcción de curvas de nivel; implementación de terrazas agrícolas y planificación conjunta del manejo de toda la cuenca. En cuanto a las medidas biológicas, recomiendan revegetar las cárcavas existentes; mantener cobertura permanente del suelo; fortalecer la rotación de cultivos y controlar prácticas que dejan el suelo desnudo.

Los especialistas insistieron en que ninguna de estas medidas resulta efectiva si se implementa de manera aislada, ya que el comportamiento del agua depende del funcionamiento conjunto de toda la cuenca.

Pérdidas superiores a los 23 millones de dólares

El estudio realizado por la ingeniera geóloga y especialista en Sistemas de Información Geográfica (GIS) Yoleima Arrioja, de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), advierte sobre el fuerte impacto económico que provoca la degradación de los suelos por escorrentía superficial en la cuenca La Petra.

La investigación proyecta que la superficie afectada por cárcavas podría crecer desde 389 hectáreas en 2005 hasta casi 1.150 hectáreas en 2045, lo que representaría cerca del 25% del área analizada. Como consecuencia, las pérdidas económicas acumuladas alcanzarían los 23,7 millones de dólares, considerando el valor de la tierra, la producción de maíz y soja y los márgenes netos de ambos cultivos.

El trabajo toma como base un área de estudio de 7.196,59 hectáreas y utiliza como variables un valor de la tierra de US$7.000 por hectárea, un rendimiento promedio de 5,5 toneladas de maíz y 2 toneladas de soja por hectárea. El informe señala además que los datos correspondientes a 2015 presentan inconsistencias debido a la baja calidad de las imágenes históricas utilizadas en el análisis.

No te pierdas...