Aunque uno integraba gremios agrarios y de la carne y a otro lo apodan “gaucho”, la actividad que los enriquecía nada tiene que ver con el noble trabajo del campo. El sindicalista Juan Carlos Insúa junto a su socio Héctor Ramayo y el distribuidor local Diego Funes eran piezas clave de un entramado narco que operaba en Villa Mercedes, con una escala previa en Merlo y que la Justicia comienza a desenmarañar.
Hace dos semanas, la población mercedina fue testigo de un gran despliegue de efectivos policiales y allanamientos que no pasaron desapercibidos. Fue un operativo conjunto del Escuadrón de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales de la Gendarmería Nacional y la División Lucha Contra el Narcotráfico (Unidad Regional II) de la Policía de San Luis que arrojó como resultado una serie de detenciones para atacar al negocio de la droga que se había instalado en la ciudad.
Tras ese golpe, de a poco se conocen más detalles del modus operandi de la banda que traficaba cocaína de origen peruano desde Buenos Aires y la traía hasta San Luis. El nombre de Insúa y un polémico video donde ostenta sus lujos fueron los que emergieron con fuerza en la opinión pública desde este fin de semana, como el principal líder de la organización criminal y al que se le imputan nuevos cargos, pese a que está detenido desde el año pasado.
Hombres de “campo”
Aunque nació en Buenos Aires hace 55 años, desarrolló parte de su vida en tierras puntanas y le sacó provecho a diferentes cargos sindicales que ocupó a lo largo del tiempo. Integra el Sindicato Obrero de Frigoríficos Empleado de Carne y Afines (SOFECA) y la Federación de Trabajadoras y Trabajadoras Agrarios (FeTARA), pese a que nunca trabajó en esos rubros. Y, como si fuera poco, desde el 2023 ejerce de normalizador de la Delegación San Luis de ambas entidades, figura que él mismo propuso crear.
Según la investigación de la Fiscalía Federal de Villa Mercedes, el hombre, militante peronista de cepa, adquiría los ladrillos en Capital Federal y los entregaba en alguna localidad a mitad de camino a San Luis, como podía ser Laboulaye, Rufino, Junín, Chacabuco o Luján.
Casi como en una escena de película, el intercambio se realizaba a la vista de todos y en lugares públicos, como podía ser una estación de servicio. Insúa le entregaba la droga a su socio Ramayo, quien a su vez le daba el dinero recaudado con las últimas ventas.








