La Carolina podría tener escondido entre sus sierras un recurso productivo cuyo valor no depende de minerales, turismo ni grandes extensiones agrícolas. Está bajo tierra y, paradójicamente, su principal fortaleza no estaría solamente en cuánto puede producirse, sino en la alta calidad sanitaria de lo que allí podría multiplicarse.
Una investigación impulsada por el INTA y FONTAGRO comienza a mostrar que esta región de las Sierras Centrales de San Luis reúne condiciones con potencial para convertirse en una zona especializada en producción de papa semilla de alta calidad sanitaria, una actividad mucho más exigente que producir papa para consumo, pero también capaz de incorporar mayor diferenciación y valor.
Los resultados todavía son iniciales y los propios técnicos remarcan la necesidad de ampliar los relevamientos, sostener los controles y diseñar un esquema que preserve las condiciones del territorio. Sin embargo, la información reunida hasta ahora es alentadora, ya que la altura, el clima, la circulación de los vientos, la ausencia de áfidos, la escasa presencia de virus y las características de los suelos aparecen entre los principales atributos de la zona.
La posibilidad adquiere otra dimensión porque no se está investigando simplemente si en La Carolina puede cultivarse papa. Los productores locales ya saben que eso es posible. La pregunta que intenta responder la ciencia es mucho más ambiciosa, si allí puede producirse papa destinada a semilla con estándares sanitarios capaces de diferenciarla comercialmente.
De confirmarse esa aptitud y construirse un sistema productivo alrededor de ella, La Carolina podría encontrar un nuevo nicho económico para diversificar la actividad de sus productores. El potencial puntano ya trascendió los límites provinciales.
Un trabajo presentado recientemente en el Congreso Argentino de Horticultura, realizado en Mendoza, expuso los resultados de la caracterización nematológica y biológica de suelos de La Carolina con vistas a la producción de papa semilla controlada.
La investigación determinó un buen potencial fitosanitario y biológico en los suelos estudiados. El trabajo fue desarrollado por el técnico del INTA San Luis Esteban Suarez Follari y otros profesionales de esa entidad y de la Asociación Latinoamericana de la Papa.
Para obtener esa primera radiografía sanitaria fueron relevadas cinco parcelas de producción a pequeña escala. En cada una se tomó una muestra compuesta de suelo formada por 20 submuestras extraídas a entre 20 y 30 centímetros de profundidad.
Posteriormente, el material fue procesado en el Laboratorio de Protección Vegetal de la EEA Rama Caída, donde se utilizaron técnicas para extraer nematodos y hongos micorrícicos arbusculares y se realizaron análisis microscópicos.
La conclusión llevada al Congreso fue especialmente significativa para San Luis, que los suelos evaluados presentan buen potencial fitosanitario y biológico para producir papa semilla controlada.
El valor podría estar en la sanidad
Allí aparece el componente económico que podría cambiar la escala del proyecto. Una papa destinada al consumo y una papa destinada a multiplicarse como semilla pertenecen a mercados con exigencias diferentes. En el segundo caso, la condición sanitaria, la identidad genética, la trazabilidad y la calidad del material adquieren un peso determinante.
Por eso, la oportunidad que comienza a insinuarse en La Carolina no necesariamente consiste en transformarse en una zona de enormes volúmenes de papa, sino en especializarse en un producto diferenciado.
El valor dejaría de depender exclusivamente de las toneladas obtenidas por hectárea para incorporar otro componente, la capacidad de demostrar que el material posee identidad y condiciones sanitarias adecuadas. Ese podría convertirse en uno de los principales activos económicos de los productores de El Arenal y sectores cercanos.
El concepto resulta especialmente atractivo para una región serrana donde las condiciones ambientales que limitan algunas producciones pueden convertirse, en este caso, en una ventaja.
Parte de las tierras consideradas para el proyecto se encuentra por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar. Allí, altura, temperaturas, circulación del aire, características de los suelos y condiciones sanitarias conforman una combinación que podría diferenciar al territorio.
El ingeniero agrónomo Esteban Suárez Follari, extensionista de la Agencia de Extensión Rural San Luis del INTA, destacó precisamente entre las fortalezas del área “el clima, la altura, el viento, la ausencia de áfidos y la muy acotada presencia de virus”, además de la aptitud de los suelos.
La papa no es una novedad para los agricultores de El Arenal. Lo novedoso sería cambiar el destino y la lógica económica de esa producción. En lugar de comercializar exclusivamente papa para consumo, producir material destinado a propagación permitiría ingresar en un segmento donde sanidad, trazabilidad, genética y calidad poseen mayor importancia económica. La oportunidad, además, aparece en un contexto regional donde existe un problema concreto.
El proyecto FONTAGRO “Uso, Producción y Comercio de Papa Semilla en América Latina y el Caribe” apunta precisamente a incrementar la disponibilidad de semilla de adecuada calidad sanitaria, fisiológica y genética. En América Latina y el Caribe, donde más de un millón de productores cultivan papa, la utilización de semilla de baja calidad es señalada como uno de los factores asociados a rendimientos relativamente bajos.
El programa se ejecuta principalmente en Argentina, Chile, Colombia, Panamá y Perú y contempla impacto también en Brasil, Costa Rica y Uruguay. Entre sus objetivos figuran aumentar entre 5% y 20% la utilización de semilla certificada, incrementar 10% su producción en los países participantes y expandir otro 10% el comercio regional de este material. Es en ese escenario donde La Carolina comienza a buscar un lugar.
Actualmente existe en el área puntana un número reducido de productores relacionados con papa semilla, por lo que el margen potencial de desarrollo todavía es considerable.
Pero existe una paradoja, si la oportunidad económica se desarrolla sin controles, podría ponerse en riesgo justamente aquello que le da valor. La sanidad del territorio será uno de los principales capitales del proyecto.
Por eso, los técnicos advierten que cualquier crecimiento deberá ir acompañado por medidas capaces de evitar el ingreso y propagación de problemas sanitarios. Convertir la potencialidad en una actividad económica consolidada requerirá preservar las condiciones que actualmente diferencian a La Carolina.
Se conformó una mesa de trabajo con participación de productores, el INTA, el Instituto Nacional de Semillas (INASE), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y el Gobierno de San Luis. El propósito es unificar criterios y construir una hoja de ruta que permita proteger el área y establecer los controles necesarios.
También se trabaja en la delimitación del territorio. Los técnicos realizaron un primer mapeo de la potencial zona semillera y pretenden ampliar el relevamiento para identificar con mayor precisión qué sectores reúnen las mejores condiciones. Ese mapa podría resultar decisivo si el proyecto avanza.
Será necesario desarrollar capacitación, protocolos, controles, seguimiento técnico, trazabilidad, articulación comercial y reglas para conservar el estatus sanitario. Los estudios también deberán continuar durante varias campañas para comprobar la estabilidad de las condiciones observadas.
