Vogel le demostró a una jueza que no tiene “palabra de honor”

12 de noviembre de 2024

Fue apresado otra vez el domingo, por traficar marihuana y cocaína, cuando gozaba de una salida de la cárcel por 36 horas. Condenado a perpetua por asesinar a un policía, manejaba una red de narcotráfico desde la Penitenciaría, con un celular, y ya se había fugado dos veces.

El historial de ciertas personas, como Jonathan Lucas Vogel, debería bastar para saber que o no es capaz de comprender lo que significa “palabra de honor”, o no le importa tal concepto. Se supone que uno de los parámetros para darle un beneficio a un preso es su conducta. Sin embargo, pese a hacerse fugado de prisión en dos ocasiones, una de ellas escondido en un mueble que él mismo fabricó en la Penitenciaría mientras traficaba droga desde Paraguay, después de haber asesinado a un comisario en un asalto, una jueza confió en él. Y le dio un permiso de salida por 36 horas: lo detuvieron en una investigación que desembocó en el secuestro de cocaína y marihuana valuadas en más de diez millones de pesos.

La recaída de Vogel, de 42 años, se produjo el domingo pasado. La Policía de San Luis lo apresó en inmediaciones de la Estación de Interconexión Regional de Ómnibus (EDIRO), en la ciudad de San Luis. El penado conducía un Volkswagen Gol Trend, en el que le hallaron cocaína y marihuana. En el mismo operativo apresaron a otro hombre, de 45 años, que manejaba Volkswagen Gol Power, que también llevaba de esas drogas.

La oficina de prensa del Ministerio de Seguridad informó que la redada fue “resultado de una investigación policial por averiguación de infracción a la Ley 23.737 de Estupefacientes, con intervención del Juzgado Federal de Villa Mercedes, y estuvo a cargo de efectivos de la Dirección General de Lucha Contra el Narcotráfico”.

En función de los hallazgos, el juez Nacul ordenó la detención e incomunicación de Vogel y el otro investigado. Las averiguaciones de la Policía determinaron que cuando lo apresaron Vogel gozaba de una salida especial de la Penitenciaría, “bajo palabra de honor”, por 36 horas, otorgado por una jueza de la capital. Un beneficio que tiene la apariencia de una desmesura, si se tiene en cuenta el perfil del destinatario: ya se había escapado dos veces de la cárcel puntana.

Con una ayudita de amigos La historia de delincuencia juvenil de Vogel escaló a algo mucho más grave la noche del 31 de diciembre de 2001. El comisario mayor Máximo Aníbal Sosa doraba el asado con el que su familia iba a despedir el año, en su casa, cuando alguien le avisó que estaban asaltando un autoservicio cercano, en avenida Juan Gilberto Funes y pasaje Santa Isabel (una cuadra al oeste de la avenida Presidente Perón). El policía buscó su arma y fue a tratar de frustar el atraco: se tiroteó con los delincuentes y murió de un balazo en el pecho. Vogel cayó el 14 de enero de 2002 por el crimen, y el 14 de julio de 2003 fue condenado a prisión perpetua. Pero no tardó en hacer amigos entre los agentes del Servicio Penitenciario y el viernes 26 de marzo de 2004, con la complicidad de algunos de ellos, se fugó.

Al día siguiente aparecieron dos huecos de treinta centímetros de lado en dos cercos perimetrales. Los lugares por donde supuestamente había huido el preso, según la versión de los celadores. Pero, para llegar allí, debió romper cercos imposibles de saltar, que además aparecieron sanos; debió pasar entre dos torres de vigilancia en las que supuestamente a toda hora había un francotirador apostado, y debieron olfatearlo los perros que vigilaban ese sector. Recapturado el domingo 24 de julio de 2005, en Luján de Cuyo, Mendoza, Vogel desmintió a los guardiacárceles, al asegurar “me fui el sábado por la puerta de enfrente, entremedio de la visita”, supuestamente durante una distracción de los guardias.

Sin embargo, un penitenciario que declaró en la investigación aseguró que aquella mañana del sábado 27, antes de la hora de visitas, sus camaradas recurrieron a una maniobra para impedirle hacer el recuento de internos.

Resignado a estar preso, no se resignó a estar ocioso: armó una red de tráfico de drogas que manejaba desde su celda, con un celular, de modo de traer de Paraguay el mayor cargamento de marihuana secuestrado en San Luis hasta entonces: 134,5 kilos. Y aprendió el oficio de carpintero. Eso le sirvió para fabricar una cómoda con un doble fondo dentro del cual se escondió, para salir de la prisión en marzo de 2015. En junio de ese año fue apresado por la Policía Federal en inmediaciones de la villa Zavaleta, en Buenos Aires, donde planeaba robos. Jonathan Vogel demuestra con sus acciones que no es un hombre al que le interese su reinserción social, ni cumplir con la “palabra de honor” empeñada. Pero, por lo visto, la jueza que, con candidez, le dio permiso no tuvo en cuenta sus actos, que son bastante elocuentes.

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