L os 15 años de cautiverio, la mala alimentación y el abandono dejaron secuelas muy fuertes en los cuatro tigres que fueron rescatados de Justo Daract en el 2022. A tal punto que con la reciente muerte de Gustavo, una de las crías, ya son tres los que fallecieron por diferentes problemas de salud.
La triste existencia de los animales en un campo puntano fue un rumor durante más de una década y con el tiempo se convirtió en un secreto a voces: en la Estancia Santa Romana, en plena Autopista de las Serranías Puntanas y a medio camino con Villa Mercedes, había felinos encerrados en viejos vagones de tren, en una superficie de apenas 75 metros cuadrados y prácticamente a la intemperie, en un hábitat y condiciones climáticas para las que no estaban preparados.
En principio eran dos, un macho y una hembra, que fueron abandonados tras el paso de un circo nómade y que tuvieron dos crías en ese mismo ambiente. Fue la organización proteccionista internacional Four Paws la que logró hacer todas las gestiones para liberarlos y llevarlos a su reserva natural en Johannesburgo, Sudáfrica, en marzo de 2022 tras largas horas de viaje y un gran operativo por tierra, aire y mar.
Ayer, la fundación comunicó el fallecimiento de uno de los hijos de esa familia de cuatro, al que habían bautizado como Gustavo y al que le dedicaron un posteo en sus redes sociales: “Te fuiste demasiado pronto”, escribieron.
El año pasado había sido diagnosticado con una enfermedad renal crónica que nunca pudo vencer completamente. “Su salud fluctuó – algunos días fueron mejores, otros más difíciles. En los últimos meses, su condición empeoró: luchó con sus patas traseras, mostró signos de declive neurológico, y su visión y habilidades cognitivas se deterioraron”, informaron.
Y agregaron: “Después de evaluaciones cuidadosas y con pesar el corazón, tomamos la decisión compasiva de dejarlo ir. Sus dolencias habían llegado a un punto en el que ya no podíamos ayudarlo y su calidad de vida se estaba deteriorando rápidamente”.
El felino tenía 13 años y vivió prácticamente toda su vida en confinamiento, alimentado con achuras y sin poder moverse con libertad, como su especie lo requiere. “Fue un tigre con gran fuerza de voluntad que disfrutaba de la compañía de su familia, que vivía en recintos vecinos”, finalizó la publicación de la Four Paws.
El mismo destino sufrió su hermano llamado Messi en enero de este año. La causa también fue una enfermedad renal, pero en su caso no había mostrado ningún síntoma hasta una semana antes de ser diagnosticado. Su salud se deterioró en cuestión de días y el examen post-mortem confirmó los daños que tenía en el estómago. La familia felina había tenido su primer luto en agosto del año pasado cuando la madre, de nombre Mafalda, no pudo resistir los graves problemas renales que acarreaba.
Según la ONG, la reciente muerte, al igual que las anteriores, “es un recordatorio del impacto a largo plazo del cautiverio y el abandono que puede acortar la duración de la vida dramáticamente”.
Ahora, el único sobreviviente de los cuatro es Sandro, el padre, que al igual que su familia, al menos, tuvo la dicha de conocer una bocanada de libertad después de años de vivir tras rejas.