Mientras siguen con sus entrenamientos y se preparan para nuevos desafíos, Daniel y Jeremías Muñoz buscan apoyo económico para solventar los costos que tienen en cada competencia. Pero a diferencia de otros atletas, su misión no es solo deportiva: buscan llevar su mensaje de esperanza y superación a más personas y a más lugares del país.
Quien alguna vez participó o presenció una prueba atlética en Villa Mercedes durante el último año y medio, seguramente se conmovió al ver a un padre que corre kilómetros y kilómetros mientras empuja la silla de ruedas de su hijo. Pero basta conocer un poco de su historia para comprender que, en realidad, el chico es quien impulsa a su papá: “Yo pongo las piernas, él pone el corazón”, le admitió a Todo Un País.
De a poco, Daniel y Jeremías se vuelven dos figuras reconocidas en el mundo del deporte local, pero también para quienes los ven casi a diario entrenando por algunas de las calles o rutas de la ciudad. Desde septiembre de 2024, ambos incursionaron en el atletismo y le dieron un giro de 360 grados a su calidad de vida, aunque también acrecentaron su fe.
“Todo esto nació por Jere, él es quien me incentiva a esto”, contó el hombre. Es padre soltero de un chico que nació con una parálisis cerebral que le impide moverse por sí mismo, aunque no es un obstáculo para la enorme sonrisa que siempre lleva en el rostro y que contagia a quienes se le acercan.
El “bichito” empezó a picar cuando un amigo de Daniel le pidió permiso para llevar a Jeremías a participar de una correcaminata de 2 kilómetros en El Lago y algo surgió en el interior de ambos. Porque al joven se lo vio tan contento y entusiasmado que le pidió a su padre que repitieran la experiencia.
Sin embargo, Daniel tenía que prepararse. “Yo pesaba 130 kilos, no podía correr ni a la esquina. Tenía que adelgazar y como soy cristiano le pedía a Dios que me diera fuerza y que me dejara poder predicar y llevar un mensaje con eso también”, recordó.
Pero el peso no era la única limitación. Muñoz se había contagiado tres veces de COVID, había quedado con secuelas respiratorias, tenía EPOC y arrastraba un pasado de fumador y una juventud marcada por las adicciones. “Adelgacé 40 kilos en un año y desde entonces no hemos parado y no podemos parar “, reconoció.
Empezaron con carreras de 5 kilómetros, luego pasaron a hacer 10 y en enero, en la Maratón de la Calle Angosta, completaron 21k por primera vez. Ahora persiguen nuevas metas: hacer dos carreras internacionales en Mendoza y Buenos Aires.
Otra vida
El cambio de vida fue total para el hombre, quien pasó a tener hábitos saludables totales: ya no fuma y casi no toma alcohol. Y, para sorpresa de su propia neumonóloga, sus pulmones están 100% limpios. “Me preguntó si creía en los milagros porque no lo podía creer”, reveló. El deporte también impactó de forma positiva en Jeremías, quien ganó movilidad y pudo posponer una cirugía que debían hacer en sus manos.
El gran obstáculo que tiene el par de compañeros es el económico. Si bien cuentan con algunos sponsors de amigos que los ayudan y “siempre aparece alguna mano anónima con una donación”, los ingresos no son suficientes para costear las carreras. “Buscamos la forma de recibir algún apoyo para cubrir todos los gastos que tenemos. Por ejemplo, cuando viajamos a otra localidad, más el hospedaje para que Jere tenga su tiempo de descanso. Además, a dónde vamos pagamos doble la inscripción porque rara vez se nos ha liberado un cupo. También estamos haciendo distancias más largas y el desgaste de zapatillas es muy grande. Son muchas cosas”, enumeró.
Por eso, Daniel continúa con la búsqueda de auspiciantes y siempre realiza rifas u otras iniciativas para recaudar fondos para seguir con su cruzada deportiva y motivacional. Quienes deseen colaborar, pueden hacerlo a su alias Jerito.md.nx a nombre de Daniel Alberto Muñoz