A los 102 años, Anatilde Durán emociona con su historia y su amor por la educación

La maestra más longeva de San Luis vive en Quines y en diálogo con Todo Un País repasó su labor docente, dejó un mensaje claro para los maestros actuales y sorprendió por su lucidez, memoria y espíritu de diálogo.
3 de agosto de 2026
La foto es de 1953. Anatilde, primera a la derecha, acompañada por alumnos de todas las edades.

“ Que no falten a clase”, es el consejo de doña Anatilde Durán para los docentes actuales. La vecina de Quines, de 102 años y muy probablemente la maestra más longeva de la provincia, habló con Todo Un País sobre su amor por la educación, dejó en evidencia una memoria admirable y un humor intacto, y hasta se animó a revelar cuál es el secreto para haber superado el siglo de vida.

Anatilde nació en Balde de los Macías, zona rural del noroeste provincial, un 26 de junio de 1924. “Me crié allí y salí para estudiar”, evocó la mujer, amante de la lectura, con especial interés por la historia, y asidua concurrente, hasta hace poco tiempo, de la Biblioteca Municipal.

Realizó sus estudios “primero en Luján y después en San Francisco del Monte de Oro, donde me recibí de Maestra Normal Nacional de Adaptación Regional”. Su camino en la docencia comenzó en 1946, en la Escuela de Santa Ana, un paraje ubicado a unos 25 kilómetros de Quines. Sin embargo, la mayor parte de su trayectoria la desarrolló en la Escuela de El Caldén, una institución rural cercana a Candelaria, donde enseñó durante más de veinte años.

“Las escuelas eran algo incómodas, más bien chicas; faltaba aireación y luz”, recordó. “Lo único que proveía la Nación era un filtro para el agua potable, un pizarrón, los bancos, una biblioteca, un globo terrestre… lo indispensable”, detalló la docente, madre de tres hijos, abuela de nueve nietos y bisabuela de trece bisnietos.

A lo largo de la entrevista, Anatilde recordó y destacó especialmente el vínculo con sus alumnos y el compromiso de las familias con la educación. “Los chicos eran buenos, juiciosos; los vecinos no hacían faltar a los chicos porque les interesaba que aprendan”, remarcó.

Consultada sobre qué consejo daría a los docentes actuales, fue contundente: “que no falten, porque es una estafa a los niños que vienen, algunos de cuántas cuadras, y llegan para encontrarse con que el maestro no está”. Y, en particular para quienes trabajan en zonas rurales, agregó que «si han aceptado una zona muy desfavorable, cumplan con el deber; no vayan a hacer una visita y vuelvan”.

Pese a su edad, Anatilde se mantiene lúcida, activa y con muchas ganas de conversar. Igualmente muestra cierto fastidio por una disminución en la audición y la vista, algo lógico con el paso de los años. Sus hijos Carlos y Liliana, igualmente, aseguran que se desenvuelve con mucha normalidad en su vida cotidiana y que disfruta especialmente del diálogo.

Antes de despedirse, y con la sencillez que la caracteriza, compartió los “secretos” que la ayudaron a alcanzar los 102 años: “no tomar alcohol nunca, no pasar malas noches y trabajar… no tanto”, concluyó entre risas.

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