Albina Torres y Tania Amieva competirán en los Juegos Parasuramericanos

Albina (35) tiene discapacidad motriz y Tania (38) padece discapacidad visual. Las dos puntanas practican Par Tiro con Arco, y son las mejores del país en sus categorías. Dos historias que representan resiliencia, coraje y amor.
14 de abril de 2026
Albina y Tania, con una sonrisa que se les escapa de la cara. Son atletas de la Selección Argentina.

Albina Torres, de 35 años, y Tania Amieva, de 38, se ilusionan con competir y representar a la Selección Argentina en los Juegos Parasuramericanos, que se realizarán en Valledupar, Colombia, desde finales de julio.

Los Juegos están dentro del ciclo Paralímpico Los Ángeles 2028, y reunirá a atletas con discapacidades físicas, visuales e intelectuales de países de Suramérica.

Las dos puntanas competirán en Para Tiro con Arco. Serán representantes de la Selección Argentina (hay cuatro plazas para mujeres y dos serán puntanas) y llevarán la bandera de San Luis. Aquí, entrenan en el Club Nehuen, en la escuela Carlos Juan Rodríguez.

Según la Organización Mundial de la Salud, cualquier restricción o impedimento para realizar actividades consideradas normales para un ser humano, se considera discapacidad. Esto incluye limitaciones en la movilidad, la comunicación, la percepción sensorial, el razonamiento, la memoria y la interacción social.

Albina tiene discapacidad motriz. Y Tania, padece discapacidad sensorial. Sus historias de vida recrean las ganas, la actitud y la superación del ser humano, pese a cualquier condición y circunstancia.

Albina comenzó a practicar este deporte en 2022 y estuvo en los Parapanamericanos de Chile. Tania inició en 2024.

Las dos sobresalieron recientemente a nivel nacional, y ganaron en sus categorías, en la Copa Gudman. Torres tira con arco a una distancia de 50 metros, y Amieva, a 30 metros.

Tania usa un arco adaptado, flechas y ayudas visuales. Tiene mira táctil y puede disponer de un asistente, ubicado un metro detrás suyo.

Entre las discapacidades motrices, la categoría W2 tiene control de tronco y manejo de manos; únicamente afecta las piernas. También están los deportistas que tienen la amputación de los brazos y tiran el arco con las piernas. Y la W1, donde compite Albina, es la más complejo: tiraba con la boca, ahora logró una adaptación.

 

Los caminos de la vida

“A los 17 años tuve un accidente. Fue en el río San Luis, en el tramo detrás del velódromo, ahí había pequeñas cascaditas, un lugar familiar, y me lastimé tirándome de clavadito al agua. Me descompuse, sufrí en la sexta cervical y tocó la médula. Ahí descubrimos que soy presión baja. El accidente (sucedió en 2009) me dejó cuadripléjica”, relata Albina.

“Fui a Mendoza, donde estuve rehabilitándome, y no tenía posibilidad de caminar. Fue difícil volver a San Luis, tenía 18 años; fue duro para mí y para mi familia. Me encantaba dibujar, quería ser arquitecta. Mi familia estaba conmigo, ayudando en todo, pero yo no estaba con ellos. Caí en una depresión, me costó aceptar el accidente y estar en silla de ruedas, esta condición que me condicionó desde el acceso al baño por mis propios medios. Ni siquiera podía agarrar el lápiz para dibujar, porque el accidente también me afectó la motricidad fina de las manos. Me costó asimilarlo y me llevó mucho tiempo poder salir”.

Para Tania, el camino fue de la luz a la oscuridad. “El diagnóstico de mi enfermedad no tiene causas aparentes, fui perdiendo la visión de forma gradual, y se agravó en el tiempo de la pandemia. Me dedicaba a otra cosa, estudiaba en la facultad, me recibí de Licenciada en Hotelería, me dediqué a la investigación, mientras seguía perdiendo la visión”.

 

Aparece el deporte

“En un primer momento intenté ir a la universidad, estudié profesorado de matemáticas, pero luego eran muchas horas de estudio y llegué a un agotamiento físico muy grande. Dejé todo y empecé a contactar a personas que estaban en mi situación. Conocí un chico que tuvo un accidente después del mío, pero yo no quería hablar, estaba mal. A los años me mandó un mensaje, empezamos a comunicarnos, pude soltar mis cosas, y hoy estamos casados, se llama José David Gatica”, cuenta Albina, con una sonrisa gigante. José practica básquet en silla de ruedas, en el Club Sociedad Española.

Albina intentó con básquet, natación, buceo, tenis de mesa y para bádminton; “hasta que me topé con tiro con arco y supe que era lo mío. Es algo que puedo hacer sola, puedo agarrar el arco y poner una flecha, tengo más libertad, más independencia”.

Torres, pura concentración, en plena acción.

Mientras, Tania cuenta que llevando a su hijo Benjamín (hoy de 15 años) a básquet, le propusieron probar con tiro con arco.

“Me animé y fue un antes y un después. Empecé y no paré más, no falté nunca a un entrenamiento, y ya a los dos meses tuvimos el primer encuentro de arqueros con discapacidad visual”, recuerda.

Amieva compite hace un año y medio, y ganó los torneos Regionales, el año pasado en el Club de Cazadores, y ahora en la Copa Gudman.

“Hoy mi disminución visual es de 0,01. Casi nada; disminuyó en el tiempo, de ver todo a casi nada”, cuenta Tania.

Y Albina explica: “No muchas personas se suman a mi categoría, tengo motricidad fina en manos y piernas. Empecé tirando con la boca, no encontraba la solución para las manos. Me lastimé una muela de tanto tirar con la boca, y ahí apareció la posibilidad de hacerlo con las manos; ahora tiro con una mentonera que está abrazada a mi muñeca, y que activo con el mentón”.

Las dos agradecen al Gobierno, que les cede el espacio del Trinquete de Pelota Vasca, para entrenar en las distancias de 30 y 50 metros.

Tania tiene una mira táctil. Ajusta, apunta y disfruta en plenitud.

¿Qué debemos cambiar, como sociedad?

“Hay lugares que están preparados, como la escuela de arquería, en la que ayudamos en los distintos procesos. Y en la sociedad llevará su tiempo, la mayoría están dispuestos, pero no saben qué hacer y cómo hacerlo”, indica Tania.

“En general, deberían relajarse un poco; hay gente que nos ve y baja la voz. ¿Por qué? Si podemos charlar, acércate y con eso es suficiente. No todo el mundo tiene el conocimiento ni las herramientas, es ver cómo ayudar y tener una charla normal. Hay veces que nadie necesita ayuda, basta con estar y compartir los mismo espacios”, remarca Amieva.

Albina entiende que “la gente podría empezar con la empatía; me pasa con mi discapacidad motriz, me toca andar en la silla y en las rampas siempre hay autos estacionados que impiden el acceso, o las rampas no están bien construidas. Hoy, que se ve más la discapacidad que antes, hay que mejorar esas cosas”.

Torres dice: “Uno nunca se pone en lugar de ser ejemplo, simplemente es bueno saber que podemos; y si puedo yo, vos podés. Hay que romper el capullo, abrir las puertas y salir al sol”.

Albina Torres y Tania Amieva siguen enfocadas en el objetivo deportivo, y atendiendo y disfrutando de las cuestiones familiares.

A cada metro que recorren, las dos dejan una enseñanza: “Querer es poder”.

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