La familia de Maximiliano Nicolás Chávez todavía espera que la Justicia accione. Lo hizo como esperaba en febrero, cuando un tribunal de Villa Mercedes condenó a prisión perpetua a Brisa Gianella Brizuela por matar de una estocada al joven, que no solo era su pareja sino también el padre de su único hijo. Pero aguarda a que termine el trabajo, imputando y sentenciando también a María Pilar Maldonado, la madre de la homicida, por ayudar a su hija a deshacerse de pruebas que los investigadores jamás hallaron. También anhela que el Juzgado de Familia tome de una buena vez la decisión de entregarle a los Chávez la guarda del hijo de la víctima, para que ya no esté en manos de la familia de la asesina y su encubridora.
Al tiempo que se arman de paciencia, esperando algún movimiento de parte de la Justicia, Pilar y Sharon Zárate, la madre y hermana de Brisa, demuestran que la ley les importa poco. Según denunció una enfermera del policlínico regional, quien es cuñada de la madre de Maximiliano, las mujeres la agredieron físicamente en su trabajo por el simple hecho de estar allí y ser pariente del muchacho al que le arrebataron la vida de una certera puñalada en el corazón.
El ataque fue la noche del viernes, pero la damnificada no quería que tomara estado público en tanto no ratificara la denuncia en tribunales, luego del visto bueno de la abogada del centro médico. Pilar y su hija no estaban en el hospital «Juan Domingo Perón» de casualidad. Habían terminado allí por un hecho que en muchos casos ponen entre la vida y la muerte a una persona, pero que, por fortuna, esta vez no pasó a mayores. Sharon, su hija menor de edad y el hijo de Maximiliano se accidentaron cuando viajaban en moto.
Según le confió una fuente a Todo Un País, Sharon, también llamada por su segundo nombre Candela, partió en una ambulancia hacia el policlínico con su hija. En tanto el hijito del hombre asesinado, de apenas tres años, fue llevado por su abuela, Pilar, en su motocicleta.
Los niños fueron atendidos en el área de pediatría. Por suerte, no sufrieron heridas importantes y, después de permanecer en observación, les dieron en alta médica. Solo restaba que Sharon terminara de ser asistida, pero de un segundo a otro ella y su madre atacaron a parte del personal de salud. Fue cuando la mujer, sospechada de eliminar evidencia del homicidio, estaba cerca de la sala de enfermería y notó que allí estaba una cuñada de Miriam Gómez, la madre de Maximiliano.
Sin autorización, con el supuesto argumento —que otros testigos negaron— de que la enfermera la filmaba con su teléfono, ingresó en la enfermería y la atacó. En eso se sumaron su hija y otras personas. La damnificada no pudo identificarlos a todos, pero pudo decir con facilidad que se trataban de unas diez. Refirió que la golpearon en una mano y la agredieron de tal forma para que soltara su celular que le destrozaron el aparato.





