La reunión que mantuvo el gobernador Claudio Poggi con pacientes trasplantados, familiares y donantes vivos en el Hospital Carrillo permitió reconstruir una historia que comenzó varios años antes de la primera intervención.
Los testimonios de quienes pasaron largo tiempo sometidos a tratamientos de diálisis, la experiencia de las familias que decidieron donar órganos y el trabajo de los profesionales fueron parte de un encuentro que, según el director general del hospital, Adolfo Sánchez de León, estuvo atravesado por la emoción.
En esta entrevista, el médico repasa el desarrollo del programa, que ya permitió realizar 53 trasplantes renales, 42 de córnea y uno de esclera. También explica la organización que requiere cada intervención, el funcionamiento del sistema de procuración de órganos y los preparativos para comenzar a realizar trasplantes de hígado en San Luis.
—¿Cómo fue el encuentro del gobernador Claudio Poggi con las personas trasplantadas, sus familiares, los donantes y parte de los equipos profesionales que participaron en esas intervenciones?
— Recibimos la visita del gobernador Claudio Poggi, de la ministra de Salud, Teresa Nigra, y del director del CUCAI San Luis, Jorge Marcelo Ochoa. Nos reunimos con personas trasplantadas de riñón, sus familiares y donantes vivos. Fue una reunión realmente muy emotiva, en la que cada trasplantado y cada donante contó su experiencia. Los pacientes relataron todo lo que habían pasado y sufrido antes del trasplante.
Muchos estuvieron conectados durante años a una máquina de diálisis, tres veces por semana, cuatro horas cada vez. Algunos habían buscado respuestas durante mucho tiempo en otras provincias porque en San Luis no se hacían trasplantes. Y después contaron cómo les cambió la vida. Una vez que logramos la habilitación del INCUCAI, el 23 de octubre de hace dos años, pudimos realizar el primer trasplante un mes después, el 22 de noviembre. Desde entonces hicimos 53 trasplantes renales.
Hoy hay personas que realizan actividad física normalmente, que psicológicamente están mucho mejor y a las que les hemos salvado o prolongado la vida. Algunos pacientes habían llegado a una situación en la que querían abandonar la diálisis.
El gobernador destacó especialmente la valentía de esas personas, porque lamentablemente hay pacientes que, después de muchos tratamientos de hemodiálisis, se quiebran, no resisten y abandonan. Eso agrava su insuficiencia renal. En cambio, quienes participaron del encuentro fueron constantes y pudieron llegar al trasplante. Si a los 53 trasplantes de riñón les sumamos los 42 de córnea y uno de esclera, hemos realizado 96 trasplantes en estos dos años en el hospital.
—Los pacientes también recordaron que durante mucho tiempo tuvieron que trasladarse a otras provincias. ¿Qué significó que San Luis pudiera comenzar a realizar estas intervenciones?
—Eso fue algo que destacaron especialmente y que cada una de las personas le agradeció al gobernador. Porque esta fue una política que surgió de un sueño que tenía Claudio Poggi. Yo lo viví durante su gestión anterior, cuando desarrollamos el Plan Maestro de Salud. El ministro entonces era Gastón Hissa y allí identificamos la necesidad de que San Luis pudiera realizar trasplantes.
Había mucho sufrimiento y desarraigo. La gente tenía que viajar a Córdoba o Mendoza para hacerse los estudios prequirúrgicos, todos los análisis necesarios. A veces los llamaban porque había aparecido un riñón y, cuando llegaban, les decían que no era compatible. Entonces tenían que regresar a San Luis y seguir esperando. Todo ese sufrimiento cambió completamente.
Ahora nosotros hacemos prácticamente todos los estudios necesarios para el trasplante. Internamos al paciente y en pocos días podemos completar evaluaciones que antes podían demorar hasta un año. Después lo citamos cuando corresponde realizar el trasplante y, en promedio, una semana después de la intervención ya está en su casa. Eso fue lo que los pacientes destacaron y agradecieron durante el encuentro. Ellos mismos recordaban que, en aquel momento, el gobernador decía que tenía el sueño de que en San Luis también se pudieran hacer trasplantes.
—¿Cómo se había comenzado a trabajar en ese proyecto durante la primera gestión de Poggi?
—Lo escribimos en el Plan Maestro de Salud, que fue aprobado por ley. Comenzamos a capacitar personal en el viejo Policlínico y estaba todo preparado para que, en uno o dos años más, con la compra de algunos equipos que todavía faltaban, pudiéramos comenzar a realizar trasplantes. Lamentablemente, ese trabajo se discontinuó durante los gobiernos posteriores.
Cuando Claudio Poggi volvió a asumir la Gobernación, me dijo que teníamos que cumplir aquel sueño que habíamos tenido y que habíamos prometido concretar. Rápidamente nos pusimos a trabajar para obtener la habilitación del INCUCAI. Compramos el equipamiento que necesitábamos para el laboratorio y capacitamos a nuestro personal mediante un convenio con el Hospital Privado de Córdoba.
Viajaron a capacitarse nuestros cirujanos, enfermeros y también personal de limpieza. El INCUCAI vino, nos asesoró y participó en la capacitación. Finalmente, el 23 de octubre obtuvimos la habilitación y un mes después, el 22 de noviembre, realizamos el primer trasplante. Fue algo fantástico. El INCUCAI nos exigía un mínimo de seis trasplantes por año y nosotros hicimos 53 en dos años. Somos una de las provincias de Cuyo que más ablaciones y trasplantes realiza por millón de habitantes. Estamos entre los primeros lugares del país en esos indicadores y hemos recibido felicitaciones del INCUCAI.
—Para llegar a esos resultados fue necesaria una inversión en equipamiento, pero también una preparación muy importante de los recursos humanos. ¿Qué requiere organizar un trasplante?
—Hubo inversión, capacitación y organización. Hay que tener en cuenta que un órgano puede llegar a cualquier hora. Hemos realizado trasplantes a las tres de la mañana, al mediodía, en cualquier momento. Y cuando aparece un riñón disponible, hay que reunir inmediatamente a unos 12 servicios del hospital y, por lo menos, a 20 personas.
El riñón tiene un tiempo limitado durante el cual puede permanecer fuera del organismo. Cuanto más se demora el trasplante, más lo perjudica la isquemia. Por eso, cuanto antes se implanta ese riñón, mejor.
Entonces hay que reunir a los cirujanos, a los nefrólogos, a los urólogos, a las enfermeras, a los técnicos, al personal de limpieza y a todos los que intervienen en la preparación de los quirófanos y las habitaciones. Es mucha gente que tiene que estar disponible para actuar en ese momento. Por eso digo que es fundamental la organización. Por supuesto que tuvimos que comprar equipamiento, especialmente para el laboratorio, pero siempre sostengo que la infraestructura no es lo más importante.
Conozco hospitales de la provincia de Buenos Aires y de muchas otras partes del país que no tienen ni la mitad de la infraestructura que tenemos nosotros. Algunos funcionan en edificios con problemas muy importantes y, sin embargo, hacen trasplantes renales. Entonces, lo fundamental es la decisión política, la capacitación, contar con los recursos humanos necesarios y tener una organización que permita responder en cualquier momento. Eso también fue algo que los pacientes destacaron mucho durante el encuentro.
—¿Hasta qué punto llegó esa capacidad de organización? Usted mencionó un procedimiento que tuvo características excepcionales.
—Nosotros tenemos un récord a nivel latinoamericano. En una oportunidad realizamos cuatro ablaciones de riñón, es decir, dos procedimientos de ablación en los que obtuvimos dos riñones de cada donante, y después hicimos cuatro trasplantes en un tiempo extraordinariamente breve. Mientras en un quirófano se obtenían los riñones, en otro se realizaban los trasplantes a cuatro personas.
Había un antecedente de un establecimiento privado de la Argentina que había realizado un procedimiento semejante en unas 16 o 18 horas. Nosotros lo hicimos en 11 horas y fuimos destacados por ese trabajo. ¿De qué habla eso? Primero, del compromiso de nuestra gente y de nuestros equipos, algo que también destacamos mucho durante la reunión. Pero también habla de toda una política de ablación y procuración de órganos que hemos desarrollado.
—En ese sentido, ¿qué importancia tiene la donación de órganos para sostener el programa?
—Quiero destacar esto muy fuertemente porque tal vez sea el mensaje central: donar salva vidas. Parece algo obvio, pero es fundamental. Si alguien no dona, no hay trasplante. Cuando hablamos de un donante fallecido, hay que pensar en una situación muy difícil. Una persona está internada en terapia intensiva, en estado grave, y llega el momento en que los médicos tienen que comunicarle a la familia que su ser querido falleció.
Es un momento muy duro, tanto para los familiares como para el médico que tiene que dar esa noticia. Y en ese mismo momento hay que hablar de la posibilidad de donar los riñones u otros órganos. En nuestro caso, el ciento por ciento de las familias con las que hablamos aceptó la donación. Eso demuestra una solidaridad enorme del pueblo de San Luis y es algo que quiero destacar especialmente.
La mayoría de los órganos que obtenemos quedan en nuestra provincia, aunque algunos se destinan a otras jurisdicciones. Del mismo modo, cuatro de los riñones que trasplantamos llegaron desde otras provincias. Porque este es un sistema nacional, un sistema solidario. También quiero destacar la donación de personas vivas. De los 53 trasplantes renales que realizamos, 11 fueron posibles gracias a donantes vivos.
En algunos casos fueron familiares y en otros, incluso, personas amigas que no tenían relación sanguínea con el receptor. Una persona puede vivir perfectamente con un solo riñón, pero cuando le toca tomar esa decisión es algo muy importante.
—La legislación argentina establece que todas las personas mayores de edad son donantes, salvo que hayan manifestado expresamente su oposición. ¿Cómo actúa el hospital frente a las familias?
—Efectivamente, hay una ley que establece que todos somos donantes, salvo que hayamos expresado en vida nuestra voluntad contraria. De todos modos, nosotros cumplimos el paso de conversar con la familia. Les recordamos que su familiar es un posible donante y les explicamos la importancia de la donación. Legalmente podríamos proceder conforme a lo que establece la ley, pero nuestra política es hablar con los familiares, porque sabemos que es un momento muy difícil.
La mayoría de la gente ya conoce la importancia de donar órganos porque es un tema que está muy difundido. Y reitero algo que para nosotros es muy significativo: el ciento por ciento de las familias con las que hablamos nos dijo que sí.
—¿Cómo se explica que San Luis tenga indicadores tan importantes de procuración y trasplantes en relación con otras provincias de Cuyo, incluso algunas con mayor población?
—El INCUCAI ha cambiado su modalidad de trabajo. Antes había equipos que se trasladaban de una provincia a otra para realizar las ablaciones. Por ejemplo, si en nuestro hospital aparecía un posible donante, había que esperar que viniera un equipo desde Mendoza. Eso llevaba tiempo y muchas veces se perdían oportunidades de obtener órganos.
El INCUCAI comenzó a impulsar otro concepto: que cada hospital sea una unidad de ablación y trasplante. Esa es la idea y no todos los hospitales argentinos están logrando todavía esa transformación. Nosotros comenzamos a trabajar con esa metodología, que es semejante a la que se utiliza en España, uno de los países que va a la vanguardia en este tema.
También quiero destacar al INCUCAI. Creo que es una de las organizaciones sanitarias más importantes de América Latina. Muchos países toman como referencia su política de procuración y trasplantes. Realmente es una institución excelente. Nosotros hemos conseguido mucha autonomía. Tenemos un equipo propio de ablación y procuración de órganos que trabaja permanentemente con las terapias intensivas para detectar posibles donantes.
Cuando obtenemos un riñón, el sistema contempla la posibilidad de que quede en el lugar donde se realizó la ablación, siempre sujeto a las prioridades nacionales de asignación. Por ejemplo, nosotros podemos hacer una ablación en Merlo, Villa Mercedes o San Luis y tener identificado al paciente que necesita ese riñón. Por supuesto, si el sistema nacional determina que hay una persona en situación de emergencia en otra provincia, ese órgano debe destinarse allí. Pero hemos formado un equipo realmente extraordinario de ablación y, naturalmente, también de trasplantes. Por eso somos una de las provincias de Cuyo que más órganos obtiene por millón de habitantes.
—Volviendo al encuentro con el gobernador, ¿qué momentos fueron los más conmovedores?
—Fue muy emotivo. La verdad es que todos terminamos con lágrimas en los ojos. El gobernador, nosotros, los pacientes, todos. Pasamos un video que resumía la historia del programa de trasplantes en el hospital, desde el primer caso hasta la actualidad.
Los pacientes recordaban que, durante los primeros seis u ocho trasplantes, el gobernador venía personalmente a despedirlos cuando recibían el alta. En un momento, la jefa de Nefrología, la doctora Marcela Valdeón, le dijo al gobernador que después ya no había vuelto a despedirlos. Pero claro, no pudo seguir haciéndolo porque comenzaron a ser tantos los trasplantes que ya era imposible estar presente en cada alta Cuando organizamos este encuentro, hace un par de meses, lo hicimos porque habíamos llegado a los 50 trasplantes renales. Ese número es muy significativo para un centro trasplantológico. Es una cifra que marca una madurez institucional, como decir que el centro ya se puso los pantalones largos.
Pero entre que comenzamos a organizar el encuentro y finalmente lo realizamos, hicimos otros tres trasplantes. Por eso el festejo estaba preparado por los 50, pero en realidad ya habíamos llegado a 53.
—Además de los trasplantes renales, el hospital acaba de realizar otro procedimiento de ablación de órganos muy poco frecuente. ¿En qué consistió?
—Ese mismo día tuvimos un equipo de profesionales que estuvo trabajando durante un día y medio en un caso de ablación muy especial. Se obtuvieron órganos que fueron enviados a Buenos Aires para un trasplante reno-pancreático. Es un procedimiento diferente porque no se realiza la ablación de cada órgano por separado, sino que se extrae un conjunto de órganos en bloque.
En este caso se trabajó con riñón, páncreas y otras estructuras anatómicas, incluidos bazo y parte del intestino, que forman parte del procedimiento. Ese bloque se destina a un paciente que necesita un trasplante combinado de riñón y páncreas. Es una técnica compleja, que no realizan muchos equipos. Y fue la primera vez que nosotros hicimos una ablación de esas características.
Es algo que casi pasó desapercibido en medio de todo lo que estábamos viviendo con el encuentro, pero representa otro avance muy importante. Nuestros equipos se perfeccionan cada vez más y estamos realmente muy contentos.
—Con los equipos funcionando y la experiencia acumulada, ¿cuál es el próximo objetivo?
—El próximo paso es el trasplante de hígado. A principios de este año firmamos un nuevo convenio con un hospital privado de Córdoba y nuestros equipos están capacitándose para poder realizar esas intervenciones.
El trasplante hepático es mucho más complejo que el renal. En el caso del riñón, el paciente tiene la posibilidad de mantenerse con diálisis y eso permite esperar hasta que aparezca un órgano compatible.
Con el hígado es diferente. Cuando una persona tiene insuficiencia hepática y la enfermedad avanza, llega un momento en que el trasplante se vuelve prácticamente una urgencia. Hay muy poco margen para esperar. Por eso, muchos trasplantes hepáticos se realizan en situaciones de emergencia.
Además, requieren una preparación muy diferente. En los trasplantes renales, salvo algunos casos particulares, el paciente no necesita pasar por terapia intensiva. Generalmente se lo opera, evoluciona favorablemente y a la semana puede regresar a su casa.
En el trasplante de hígado, en cambio, el paciente necesariamente debe pasar por terapia intensiva. También puede requerir muchas transfusiones de sangre porque durante la cirugía se producen pérdidas sanguíneas importantes. Es una intervención de una complejidad muchísimo mayor.
—¿Cómo se están preparando los profesionales para asumir ese desafío?
—Estamos capacitando a más de 80 personas. Nuestros profesionales están viajando permanentemente a Córdoba para completar esa preparación. Los dos cirujanos principales de nuestro equipo se formaron en la Fundación Favaloro de Buenos Aires y ya tienen conocimientos sobre trasplante hepático, pero siempre se necesita más capacitación.
Estamos esperando la habilitación del INCUCAI. Estaba prevista una visita del presidente del organismo para el día 24 y esperamos poder avanzar con ese proceso. Nuestra expectativa es que, de acá a fin de año, el hospital esté habilitado para realizar trasplantes hepáticos. Si aparece un caso y estamos en condiciones de hacerlo, podremos concretarlo. Y si no, esperamos realizar el primero a principios del año que viene.
Ese fue nuestro objetivo desde el comienzo: desarrollar los trasplantes renales, los de córnea y, si era posible, también los de hígado. Si logramos completar esa etapa, durante una segunda gestión de Claudio Poggi podremos pensar en incorporar otros tipos de trasplantes todavía más avanzados.
—¿Los pacientes tienen que pagar algo por estas intervenciones de alta complejidad?
—No. De todo se encarga el sistema de salud. Incluso cuando un trasplante se realiza en un establecimiento privado, puede estar financiado por la seguridad social o, cuando el paciente no tiene cobertura, mediante los mecanismos correspondientes del INCUCAI. La provincia destina mucho dinero a estas prestaciones porque los fondos siempre son insuficientes.
Estamos hablando de procedimientos de alta complejidad, muy costosos. El Gobierno provincial realiza una inversión muy importante para sostenerlos. Y creo que es un orgullo para la salud pública en general, porque interviene el INCUCAI, participa toda la red de salud pública y hay una inversión muy importante en salud. No solamente en trasplantes. Uno ve permanentemente las políticas de refacción, ampliación y obras que está llevando adelante el Gobierno en los establecimientos sanitarios.
—¿Esa mayor capacidad de respuesta del sistema de salud se refleja también en la cantidad de pacientes que deben ser derivados fuera de San Luis?
—Sí, y tenemos una estadística muy importante. Cuando comenzamos la gestión, derivábamos a Córdoba o Mendoza más del 40% de los casos de alta complejidad que recibíamos.
Hoy, desde este hospital, estamos derivando menos del 10%. Eso significa que la gente llega al Hospital Carrillo y, en la enorme mayoría de los casos, podemos resolver su problema de salud acá. Solamente seguimos derivando algunas situaciones muy específicas, que requieren equipamiento o tecnología que por su complejidad se utiliza en centros destinados a atender poblaciones muchísimo mayores.
Todo esto está financiado por el Gobierno de la provincia. Y cuando uno conoce el funcionamiento en otras provincias, sin ánimo de establecer comparaciones, puede decir que estamos muy bien. Hemos logrado que este hospital tenga una gran capacidad de respuesta y equipos que han demostrado que pueden afrontar procedimientos cada vez más complejos.