Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País
Con los vientos electorales de 2027 soplando cada vez con mayor fuerza, y al estilo de los matrimonios por conveniencia, peronistas y kirchneristas volvieron esta semana a juntarse y hablar de una unidad posible. Siempre con la mira puesta en la jugada de sus adversarios políticos, también el gobierno de Javier Milei y el Pro de Mauricio Macri se mostraron juntos, menos por amor que por necesidad, y dieron los primeros pasos hacia la reconciliación.
La semana de la “unidad forzada” en los dos grandes bloques políticos del país dejó una conclusión clara. Tanto el peronismo-kirchnerismo como el universo que conforman, aún contra su voluntad, libertarios y macristas, saben que son incapaces de asegurarse un triunfo en las próximas presidenciales si todas sus partes no van juntas a la misma elección. A nadie le sobra nada, y un enorme conjunto de indecisos aún espera, según las encuestas, la conformación de una propuesta superadora, aunque por el momento no se vislumbre en el horizonte quien o quienes podrían encarnarla.
La primera sorpresa la dieron desde el peronismo, cuando a principios de la semana se filtraron las cuatro horas de debate que el lunes por la noche compartieron el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el ex ministro de Economía Sergio Massa y el diputado Máximo Kirchner, primera espada de su madre, la ex presidenta Cristina Kirchner.
Más allá del intenso y resistente resquemor personal que separa a Kicillof de Máximo Kirchner, los tres protagonistas- más otros asistentes a la reunión- acordaron avanzar con una estrategia común para sostener en el Congreso las Paso, la herramienta que la oposición necesita como el agua para ordenar su interna, y que el Gobierno busca derogar o al menos suspender por única vez. No les será, por cierto, sencillo, sostener la unidad de criterios, sobre todo tomando en cuenta que dos de los gobernadores peronista, el tucumano Osvaldo Jaldo y el catamarqueño Raúl Jalil, ya se han mostrado proclives a suspender las Paso (Jalil suele denominarlas como una “encuesta cara”) y podrían ayudar, una vez más, al oficialismo.
Además, claro, están las ambiciones presidenciales. Desde hace rato Kicillof trabaja con el norte mirando hacia la Casa Rosada, mientras Massa duda si ser nuevamente candidato (podría impulsar a alguien de su entorno para que compita, al estilo de la dirigente cordobesa Natalia de la Sota), y el kirchnerismo duro sueña con “Cristina candidata”, aunque más no sea para participar de esas Paso, sin chances de asumir por estar condenada y bajo prisión domiciliaria en su departamento de San José 1111. Sin Paso, está claro que la precaria tregua entre compañeros volaría por los aires, y cada sector intentaría apropiarse de inmediato de los votos del espacio para mostrarse como “la” alternativa.
Más allá de las evidentes dificultades del espacio opositor para ponerse de acuerdo, en el Gobierno tomaron rápida nota. La llegada a la Casa Rosada de los macristas Fernando de Andreis y Cristian Ritondo, por orden de Mauricio Macri, y su reunión con sus anfitriones Diego Santilli, Martín y Eduardo “Lule” Menem, designados por Karina Milei, tuvo como objetivo disolver la desconfianza mutua, hoy por hoy el principal denominador común entre macristas y libertarios. “Esta vez me parece que puede funcionar, ellos están más necesitados”, comentaban cerca de uno de los dos delegados de Pro que llegaron a Balcarce 50 el jueves a mediodía. El leve rebrote de la inflación, que alcanzó en julio una suba del 2,1 por ciento; los preocupantes datos de morosidad que involucran a varios millones de argentinos, y –sobre todo-la baja en la popularidad de Milei y la de su gestión de gobierno impulsaron la jugada de acercamiento, que tuvo como precedente la charla telefónica entre la poderosa secretaria general de la Presidencia y el ex presidente. Ambos dejaron trascender, luego de la reunión, su satisfacción por lo conversado. Sobre todo Macri, quien escuchó de sus enviados los elogios que los libertarios (viejos y recién llegados, como Santilli) hicieron hacia sus “aportes”, algo que el ex presidente viene esperando desde hace rato.
Al igual que en la vereda peronista, donde no hay un candidato de consenso, también el macrismo amaga con presentar candidato a presidente propio, como lo muestra el lanzamiento –y sostenimiento por estos días- de la candidatura presidencial del ex ministro de Economía, Hernán Lacunza. “Tensan la cuerda, y lo hacen para negociar y quedarse con la ciudad de Buenos Aires”, aseguran desde Balcarce 50, convencidos de que un acuerdo conveniente para Macri sería la posibilidad de retener su principal bastión, por el momento con su primo Jorge Macri trabajando por su reelección y buscando –vaya paradoja- unas Paso en la ciudad con los libertarios para consolidar sus chances de triunfo.
La jugada de Karina Milei dejó afuera a Patricia Bullrich, la tercera en discordia entre mileistas y macristas. Sin invitación para participar de la reunión, Bullrich dejó en claro horas más tarde que si hay un acuerdo global para la reelección de Milei, y si ese apoyo de Pro decanta en que Jorge Macri sea el candidato en común, ella no competirá por ese lugar. “No le interesa gobernar la ciudad, por eso nunca se metió demasiado”, juran cerca de la influyente jefa de los senadores libertarios, conocedores de que tampoco una eventual candidatura a la vicepresidencia acompañando a Milei es algo que desvele a la ex ministra de Seguridad de Macri y del actual Presidente. “A su edad, o Patricia es Presidenta o en 2027 se queda en el Senado”, advierten en el entorno de Bullrich, quien ya anunció sin esconder el juego que quiere llegar a la Casa Rosada, pero –aclaró- que quiere hacerlo “en 2031”, luego de la eventual reelección de su hoy jefe político, su líder al menos en los papeles.
