Los directivos del INTA San Luis y de la Regional La Pampa–San Luis reconocieron que la reducción de personal afecta capacidades de investigación, extensión y servicios de laboratorio. Sin embargo, aseguraron que el organismo atraviesa una etapa de reorganización para sostener su presencia en el territorio, priorizar líneas estratégicas y continuar brindando respuestas a los productores.
La profunda reestructuración que atraviesa el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ya tiene un fuerte impacto en la provincia de San Luis. En el marco de los programas de retiro voluntario impulsados a nivel nacional, la Estación Experimental Agropecuaria San Luis perdió 21 trabajadores, mientras que en toda la Regional La Pampa–San Luis el número de desvinculaciones as- ciende a 52 personas.
Así lo confirmaron el director del Centro Regional La Pampa–San Luis, Jorge Reynalds, y el director de la Estación Experimental Agropecuaria San Luis, Hugo Bernasconi, quienes brindaron para Todo Un País un amplio panorama sobre la situación institucional, los desafíos que plantea el nuevo escenario y las estrategias que ya comenzaron a implementarse para garantizar la continuidad del trabajo técnico y científico del organismo.
A nivel nacional, explicaron, el proceso de reducción de personal representa uno de los cambios más importantes de la historia reciente del organismo. En el último programa de retiros voluntarios dejaron la institución alrededor de 900 agentes, cifra que, sumada a las bajas registradas desde fines de 2024, eleva la reducción de la planta a aproximadamente 1.800 trabajadores en todo el país.
Reynalds explicó que la disminución del personal obliga al INTA a replantear buena parte de su funcionamiento. «La salida de profesionales referentes en distintas especialidades afecta líneas de investigación, convenios, actividades de laboratorio y tareas de apoyo técnico. Ahora debemos hacer una verdadera ingeniería institucional para reorganizar los equipos y sostener la mayor cantidad posible de actividades», señaló.
En ese contexto, indicó que el organismo desarrolla un amplio proceso participativo de planificación estratégica junto a las distintas regiones del país. La Regional La Pampa–San Luis trabaja en conjunto con las provincias de Cuyo para definir cuáles serán las prioridades de investigación y desarrollo durante los próximos años.
Ese trabajo permitirá elaborar una nueva cartera de proyectos que comenzará a ejecutarse una vez finalizado el actual período programático, extendido excepcionalmente debido al proceso de reestructuración institucional.
A las dificultades derivadas de la reducción de personal se suma un contexto presupuestario extremadamente ajustado. Según explicaron las autoridades, tanto los recursos destinados al funcionamiento cotidiano como los fondos para investigación resultan apenas suficientes para mantener las actividades esenciales.
«Estamos funcionando con lo justo y necesario. Muchas de las acciones que seguimos desarrollando dependen del compromiso, la iniciativa y el esfuerzo del personal más que de los recursos económicos disponibles», reconocieron.
Uno de los sectores más afectados fue el sistema de extensión rural. Bernasconi explicó que durante el primer retiro voluntario la mayor parte de quienes dejaron la institución pertenecían justamente a las agencias de extensión, especialmente en la Agencia de Concarán, donde se produjo una importante reducción del equipo técnico.
En el segundo proceso también se registraron bajas en extensión, aunque el mayor impacto estuvo dado por la salida de profesionales altamente especializados en diferentes áreas productivas.
Si bien las agencias reorganizan sus equipos para mantener la atención a los productores, admitieron que la ausencia de especialistas implica una menor capacidad de respuesta frente a consultas específicas. La reorganización también afecta áreas estratégicas de investigación.
Entre los profesionales que dejaron el organismo se encontraban especialistas en producción animal, manejo de pasturas, especies megatérmicas, fitopatología, evaluación de cultivares y recursos naturales.
«Las actividades continúan porque los equipos se reorganizan, pero ya no contamos con profesionales que tenían una formación muy específica y años de experiencia sobre determinadas temáticas», explicó Bernasconi.
También resultó especialmente sensible la salida de personal técnico que brindaba apoyo permanente a laboratorios de análisis de suelos, semillas y sanidad animal.
Como consecuencia, varias de esas áreas dejarán temporalmente de prestar servicios a terceros y concentrarán su trabajo exclusivamente en los proyectos de investigación hasta completar el proceso de reorganización interna.
Consultados sobre las futuras líneas de investigación, los directi-vos señalaron que todavía no existen definiciones definitivas. Actualmente el organismo trabaja en talleres de planificación para identificar cuáles son las principales demandas tecnológicas y productivas que deberá atender el INTA en cada macrorregión.
Una vez definidas esas prioridades, se evaluará cuáles podrán abordarse con las capacidades humanas actualmente disponibles y cuáles requerirán nuevas articulaciones con otras instituciones científicas y tecnológicas.
Reynalds definió el momento institucional con una frase que resume el espíritu de esta nueva etapa: «Tenemos que hacer un reseteo desde la institución y arrancar de vuelta.» Sin embargo, aclaró que el proceso de reorganización no implica una paralización de las actividades.
Durante los últimos meses el INTA continuó desarrollando jornadas de capacitación, actividades con trabajadores rurales, encuentros técnicos y ya prepara nuevas jornadas ganaderas para los próximos meses.
«El INTA sigue vivo»
Uno de los mensajes que ambos directivos buscaron transmitir es que, pese a las dificultades, el organismo continúa funcionando. «Seguimos trabajando. Estamos reorganizados, quizá con menos recursos y algunas limitaciones, pero el INTA sigue vivo», resumieron.
También destacaron el compromiso del personal que decidió permanecer en la institución y asumir nuevas responsabilidades para cubrir cargos jerárquicos y funciones que quedaron vacantes tras los retiros voluntarios.
En varios casos, incluso, profesionales que se acogieron al retiro manifestaron su voluntad de continuar colaborando como profesionales asociados para evitar que determinadas líneas de investigación se interrumpan.
Esa modalidad permitirá preservar conocimientos acumulados durante décadas y facilitar la continuidad de proyectos considerados estratégicos para la institución y para el sector agropecuario.
Finalmente, Reynalds sostuvo que la conducción nacional considera que el proceso de reducción de estructura habría alcanzado su etapa más crítica y que ahora comienza un período orientado a reconstruir capacidades.
En ese sentido, señaló que el organismo evalúa estrategias para aprovechar el potencial de alrededor de 250 becarios que actualmente se encuentran formándose dentro del sistema científico del INTA y que podrían convertirse en una pieza clave para recuperar capacidades técnicas en el futuro.
Mientras tanto, la prioridad pasa por reorganizar equipos, redefinir objetivos y fortalecer las áreas donde aún existen capacidades consolidadas, buscando además una mayor articulación con universidades, organismos públicos y otras instituciones para seguir dando respuestas al sector productivo.





