En la antesala de la histórica visita apostólica del Papa León XIV a la República Argentina, un detalle con profundo sello puntano cobrará un protagonismo central en los altares patrios. Una de las prendas sagradas más importantes destinadas al Santo Padre llevará incrustadas pequeñas piezas pulidas de Mármol Ónix, la piedra representativa de La Toma. De este modo, la riqueza artesanal y el patrimonio mineralógico de la provincia de San Luis quedarán entrelazados de manera indisoluble con el culto divino vaticano en un acontecimiento de trascendencia mundial.
La iniciativa representa un motivo de enorme orgullo para la comunidad tomense y para todo el territorio provincial, ya que proyecta la identidad de la Capital Nacional del Mármol Ónix ante los ojos del país y del mundo. Las piezas ornamentales acompañarán al Sumo Pontífice en las celebraciones multitudinarias que encabezará entre el 8 y el 11 de noviembre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia de Córdoba y el histórico Santuario de Nuestra Señora de Luján.

El encargo y la confección de estas vestiduras están a cargo del joven diseñador y experto en arte sacro Tomás Valentín Gómez, de 27 años, oriundo de Santa Rosa del Conlara y fuertemente vinculado a la Villa de Merlo. Según confirmó el propio realizador, el ajuar preparado a contrarreloj para las actividades oficiales en suelo argentino contempla un conjunto solemne de piezas sagradas. Entre ellas se destaca la casulla principal con estola, prenda sacerdotal que lucirá el Papa durante la misa central y que llevará los finos detalles en Mármol Ónix. El vestuario se completa con una capa pluvial con estola en tonalidades blanco, dorado y ocre para actos solemnes fuera del rito eucarístico, además de dos mitras especialmente diseñadas a juego.
La historia personal de Gómez refleja un camino de vocación, aprendizaje autodidacta y constante superación personal. Su fascinación por las vestiduras eclesiásticas comenzó a los cinco años, cuando acompañaba a su abuelo materno a misa y daba sus primeros pasos como monaguillo en la parroquia de su pueblo natal. En aquel entonces, observaba con deslumbrante curiosidad los colores, los bordados y la imponencia de los ornamentos sagrados, prestando especial atención a los gestos minuciosos con que las sacristanas doblaban y cuidaban las casullas tras cada ceremonia.

Sin haber realizado cursos formales de corte ni confección, aprendió el oficio de la costura de manera completamente autodidacta, impulsado por la observación, la práctica constante y la devoción. En 2016 comenzó a colaborar voluntariamente confeccionando ornamentos cuando su parroquia local necesitó renovar su indumentaria de culto. Su dedicación dio un salto cuantitativo en 2019, año en que su madre le regaló su primera máquina de coser, herramienta con la que impulsó formalmente «Joseph», su propio proyecto de confección bautizado en honor a San José. Desde aquel modesto taller en San Luis, sus trabajos comenzaron a ganar reconocimiento eclesiástico, extendiendo sus pedidos a diócesis y parroquias de Córdoba, La Rioja y Buenos Aires.
El destino del joven sastre dio un giro internacional cuando viajó en 2025 como voluntario al célebre Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en Francia. Allí no solo colaboró en la atención de peregrinos de habla hispana y tocó el órgano en las celebraciones en español e italiano, sino que su destreza técnica llamó la atención de los responsables del ceremonial del santuario mariano. En 2026 fue oficialmente convocado para integrar el equipo de confección del santuario, trabajando codo a codo con Sor Martha Santos, la religiosa mexicana a cargo del taller de costura papal.

Durante aquella experiencia en Europa, Gómez vivió momentos de profunda emoción profesional y espiritual. En septiembre de ese mismo año, durante la visita pastoral de León XIV a Lourdes, el pontífice lució una estola blanca hecha íntegramente por las manos del joven puntano, quien terminó de darle las últimas puntadas apenas dos horas antes de la llegada del Papa al santuario.
Con ese valioso bagaje de taller y el honor de haber vestido al Santo Padre en Europa, Gómez regresó a su suelo natal para asumir el desafío de confeccionar la indumentaria completa de la gira argentina en un plazo de tres semanas. Para La Toma y cada rincón de San Luis, la presencia del Mármol Ónix en el altar papal convierte a la vestimenta en mucho más que un ornamento, es un testimonio de fe viva, trabajo artesanal y pertenencia que latirá en el corazón de la celebración católica cuando el Santo Padre pise suelo argentino.


