El Plan Maestro de Energía propone una década de nuevas oportunidades para el agro puntano

La iniciativa que define la política energética de San Luis para el período 2026-2036 incorpora una fuerte impronta productiva. Obras estratégicas para ampliar la capacidad de riego, mejoras en la calidad del suministro eléctrico, impulso a las bioenergías, generación distribuida, certificaciones de carbono e incentivos para la eficiencia energética conforman un paquete de herramientas que busca fortalecer la competitividad del sector agropecuario y agroindustrial provincial.
17 de agosto de 2026
El Plan Maestro de Energía otorga al sector agropecuario y agroindustrial un papel protagónico dentro de ese proceso de transformación.

La energía dejará de ser solamente un servicio esencial para convertirse en una herramienta estratégica de desarrollo productivo. Ese es uno de los conceptos centrales que atraviesa el proyecto de ley del Plan Maestro de Energía 2026-2036, una iniciativa del Poder Ejecutivo, elaborada juntamente con el Consejo Federal de Inversiones (CFI), que traza la hoja de ruta energética de San Luis para la próxima década y que otorga al sector agropecuario y agroindustrial un papel protagónico dentro de ese proceso de transformación.

El proyecto de 359 páginas, que ya ingresó a la Cámara de Senadores, se estructura sobre cinco grandes ejes, la eficiencia energética, infraestructura e innovación, sostenibilidad, financiamiento y gobernanza. A partir de ellos, plantea acciones destinadas a garantizar un sistema energético más seguro, eficiente y sostenible, acompañando el crecimiento económico provincial y promoviendo la incorporación de nuevas tecnologías y fuentes renovables.

Pero más allá de los lineamientos generales, el Plan incorpora una serie de medidas que impactan directamente sobre la producción primaria, la agroindustria, la ganadería intensiva y las actividades vinculadas al riego, sectores que demandan cada vez más energía para sostener sus procesos productivos.

Uno de los capítulos más relevantes del proyecto está vinculado con la infraestructura eléctrica. El Plan reconoce que el crecimiento agrícola, particularmente en áreas bajo riego, exige una mayor disponibilidad energética y una red capaz de responder a la expansión de la demanda. A partir de ese diagnóstico, propone tres obras estratégicas de alta tensión orientadas a fortalecer distintas regiones productivas de la provincia.

Entre ellas se destaca el denominado Sistema Norte, que contempla aproximadamente 60 kilómetros de línea de alta tensión de 132 kV, la ampliación de las estaciones transformadoras de Santa Rosa y Candelaria y el cierre del anillo entre ambas localidades. Según el documento, esta intervención permitiría duplicar la capacidad energética de la zona, mejorar la confiabilidad del servicio y aumentar directamente la capacidad de riego en el norte provincial.

En el sur provincial, la propuesta también prevé una intervención de gran magnitud. El denominado Sistema Sur proyecta la construcción de una línea de alta tensión de 132 kV entre Encadenadas y Nueva Galia, junto con una nueva estación transformadora.

El objetivo es resolver los problemas de calidad de suministro que actualmente afectan a los usuarios del departamento Dupuy y generar condiciones para el desarrollo de nuevas actividades productivas. De acuerdo con el Plan, la capacidad firme disponible pasaría de 4 MW a un rango de entre 100 y 110 MVA, multiplicando significativamente el potencial energético de a región.

Un agro menos dependiente del gasoil

El proyecto también aporta datos que explican por qué la transformación energética aparece como una prioridad para el sector. Según el balance energético incorporado en el Plan, en 2024 la actividad agropecuaria representó el 6,3% del consumo final energético provincial y alcanzó un consumo de 41,30 ktep (kilotonelada equivalente de petróleo). Lo más significativo es la composición de esa matriz, el 75,9% corresponde al gasoil, el 16,5% a la electricidad, el 4,3% al biodiésel y el 3,3% al biogás.

Para los redactores del Plan, el desafío consiste en diversificar la matriz energética agropecuaria, incorporando nuevas tecnologías que permitan reducir costos operativos, incrementar la competitividad y disminuir la huella ambiental de los procesos productivos.

El proyecto dedica un apartado específico a la agricultura intensiva y a la agroindustria, reconociéndolas como actividades donde la eficiencia energética debe convertirse en una política prioritaria.

La propuesta contempla diagnósticos energéticos en establecimientos productivos, auditorías, programas de mejora, incorporación de equipamiento más eficiente e incentivos para reemplazar procesos que demanden altos niveles de energía.

Si bien el documento evita establecer porcentajes concretos de ahorro o beneficios económicos garantizados para cada productor, sí fija una dirección estratégica orientada a reducir ineficiencias y mejorar la relación entre energía y productividad.

Uno de los apartados más innovadores del Plan está relacionado con la bioenergía y la economía circular.

La iniciativa contempla aprovechar residuos agrícolas, ganaderos y agroindustriales para producir energía renovable mediante tecnologías como el biogás y el biometano. Entre los materiales identificados aparecen estiércol de feedlots, residuos vegetales, biomasa forestal y subproductos provenientes de cultivos como maíz, girasol y maní.

La lógica propuesta es transformar residuos que actualmente poseen escaso valor económico en recursos capaces de generar electricidad, calor industrial y combustibles renovables.

La ecuación planteada es simple pero ambiciosa, residuos ganaderos y agrícolas convertidos en energía, reducción de costos energéticos, disminución de emisiones y generación de fertilizantes para su reutilización en el campo.

Actualmente existen cuatro establecimientos en San Luis que producen biogás a partir de residuos orgánicos de origen vegetal y animal. La producción provincial pasó de aproximadamente 1,6 millones de metros cúbicos en 2018 a 25,6 millones en 2024.

La mayor parte de esa energía se destina a generación eléctrica, mientras que otra porción se utiliza para el funcionamiento de los propios biodigestores y aplicaciones productivas vinculadas a la producción porcina. La generación distribuida constituye otro de los ejes con potencial impacto sobre el agro.

El proyecto impulsa un esquema mediante el cual usuarios productivos puedan generar su propia energía a partir de fuentes renovables e inyectar excedentes a la red eléctrica.

En este aspecto, la iniciativa identifica especialmente a los productores regantes como uno de los sectores con mayor interés en incorporar sistemas de generación distribuida conectados a la red.

La energía solar fotovoltaica aparece entre las alternativas de mayor potencial para desarrollos de pequeña escala, tanto con sistemas de almacenamiento como sin ellos. Además, el Plan propone simplificar procedimientos administrativos para facilitar la incorporación de nuevos usuarios-generadores y acelerar los procesos de conexión.

La propuesta no garantiza ahorros específicos ni subsidios para la instalación de tecnologías renovables, pero sí busca crear las condiciones regulatorias y técnicas para ampliar su adopción en el ámbito productivo.

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