Estados Unidos vive este martes una jornada electoral que puede tener consecuencias decisivas para el futuro político de Donald Trump. A dos años de su regreso a la Casa Blanca, los estadounidenses votan en las elecciones de medio término, una instancia que determinará si el presidente republicano conserva el respaldo legislativo necesario para avanzar con su programa de gobierno o deberá enfrentar un Congreso con mayor capacidad para limitar sus decisiones.
La elección comprende la renovación de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 lugares del Senado. También se elegirán gobernadores en 36 estados y se votarán numerosas iniciativas locales, vinculadas con cuestiones como el aborto, la organización de los distritos electorales y los impuestos.
Aunque formalmente no se elige presidente, las elecciones de medio término suelen funcionar como una evaluación de la gestión de quien ocupa la Casa Blanca. Esta vez, además, se desarrollan en un escenario de fuerte polarización política, preocupación por el costo de vida y cuestionamientos a distintas decisiones de la administración republicana.
El control del Congreso, en disputa
Los republicanos llegan a las elecciones con el control de ambas cámaras del Congreso, aunque su mayoría en la Cámara de Representantes es particularmente estrecha.
Esa situación ofrece a los demócratas una oportunidad para recuperar poder institucional. Una victoria opositora en la Cámara baja permitiría impulsar investigaciones sobre la administración Trump, ejercer mayor control sobre el Poder Ejecutivo y dificultar la aprobación de algunas de sus principales iniciativas.
El Senado presenta un escenario más complejo para la oposición. Los republicanos cuentan con una mayoría de 53 bancas frente a 47 de los demócratas y sus aliados, por lo que estos últimos necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para alcanzar el control.
Entre los estados que concentran la atención aparecen Pensilvania, Georgia, Carolina del Norte, Maine, Michigan, Texas y Alaska, donde distintas competencias podrían resultar determinantes para definir el equilibrio legislativo.
La economía y la política exterior, bajo examen
Uno de los principales problemas que enfrenta Trump es el malestar de una parte del electorado por la situación económica.
El aumento del costo de vida, las consecuencias de la política arancelaria y el impacto de la guerra con Irán forman parte de las preocupaciones que atraviesan la campaña. También ocupan un lugar relevante las políticas migratorias de la Casa Blanca, uno de los asuntos más controvertidos de la actual administración.
Una encuesta de Reuters/Ipsos ubicó la aprobación presidencial en torno al 32%, un nivel que refleja las dificultades del mandatario para ampliar su respaldo político más allá de su base electoral.
Los demócratas intentaron convertir esas preocupaciones en una oportunidad para recuperar terreno, mientras los republicanos buscaron defender las políticas de Trump y presentar a la oposición como una alternativa incapaz de ofrecer mejores respuestas.
Una elección con antecedentes desfavorables para los presidentes
La historia electoral estadounidense muestra que los partidos que ocupan la Casa Blanca suelen perder representación legislativa en las elecciones de medio término.
El propio Trump experimentó esa situación durante su primera presidencia. En 2018, los demócratas consiguieron una ganancia neta de 40 escaños en la Cámara de Representantes y recuperaron su control, lo que modificó sustancialmente la relación de fuerzas en Washington.
Algo semejante había ocurrido en 2010, durante el gobierno de Barack Obama, cuando los republicanos obtuvieron una contundente victoria legislativa.
Sin embargo, esos antecedentes no garantizan un resultado similar. La distribución territorial del voto, las características de cada distrito y la capacidad de movilización de los partidos pueden producir resultados diferentes entre ambas cámaras.
Una participación anticipada significativa
La expectativa por los comicios se refleja también en el volumen de votos emitidos antes de la jornada electoral.
Según datos de la Universidad de Florida citados por Reuters, más de 57 millones de estadounidenses ya habían votado anticipadamente hasta el lunes, una cifra superior a los aproximadamente 46 millones registrados en la misma modalidad durante las elecciones legislativas de 2022.
La campaña también se perfila como una de las más costosas de la historia estadounidense. La organización OpenSecrets estimó que el gasto conjunto de candidatos y grupos políticos externos podría alcanzar los 11.900 millones de dólares.
Lo que se juega Trump
El resultado de este martes no modificará la continuidad de Trump en la presidencia, pero puede alterar profundamente las condiciones políticas de sus últimos dos años de mandato.
Si los republicanos conservan ambas cámaras, el mandatario mantendrá una posición favorable para impulsar su agenda legislativa. Si los demócratas recuperan al menos una de ellas, la Casa Blanca deberá convivir con una oposición fortalecida, con herramientas institucionales para investigar, negociar y bloquear iniciativas.
La elección también comenzará a ordenar el escenario político hacia las presidenciales de 2028, tanto dentro del Partido Republicano como entre los dirigentes demócratas que aspiran a suceder a Trump.
Los primeros centros de votación comenzarán a cerrar este martes por la tarde en Estados Unidos, cuando ya sea la noche en la Argentina. Sin embargo, las competencias más ajustadas podrían requerir varias horas o incluso días de escrutinio antes de que se conozcan sus resultados definitivos.
Más allá de quién consiga la mayoría, las elecciones permitirán medir hasta dónde llega el respaldo a Trump después de dos años de gobierno y qué capacidad tienen los demócratas para construir una alternativa. De esa respuesta dependerá buena parte de la política estadounidense hasta 2028.


