Estados Unidos vuelve a la Luna tras 53 años: la misión Artemis II marca un hito global y lleva tecnología argentina

La NASA lanzó la primera misión tripulada que rodeará la cara oculta del satélite desde la era Apolo. La travesía busca abrir una nueva etapa de exploración espacial y tiene participación clave de la Argentina.
1 de abril de 2026
Regreso histórico al espacio profundo. El Artemis II al momento del despegue desde Cabo Cañaveral.

La cuenta regresiva llegó a su fin este miércoles en el Centro Espacial Kennedy, cuando la NASA concretó uno de los lanzamientos más esperados de las últimas décadas: la misión Artemis II, que devuelve a la humanidad al entorno de la Luna con tripulación por primera vez en más de medio siglo.

A las 18.35 (hora local), el potente cohete Space Launch System despegó desde Cabo Cañaveral impulsando la cápsula Orion con cuatro astronautas a bordo. La misión, de diez días de duración, tiene como objetivo realizar un sobrevuelo alrededor de la cara oculta de la Luna y regresar a la Tierra, en lo que representa un ensayo clave para futuros alunizajes.

La tripulación está comandada por Reid Wiseman, acompañado por el piloto Victor Glover y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen. El equipo marca un hito en diversidad: incluye a la primera mujer, al primer afroamericano y al primer canadiense en una misión lunar.

El vuelo no solo representa un desafío técnico y científico, sino también un movimiento estratégico. La administración de Donald Trump busca reafirmar el liderazgo espacial del país frente al avance de China, cuyo programa lunar ha crecido de forma sostenida en los últimos años.

Horas antes del lanzamiento, Trump celebró el acontecimiento con un mensaje enfático en redes sociales: “Por primera vez en más de 50 años, Estados Unidos regresa a la Luna”, afirmó, vinculando el hito con la supremacía tecnológica y geopolítica del país.

Desde el punto de vista técnico, Artemis II también aspira a batir récords históricos. Si todo se desarrolla según lo previsto, la nave superará la distancia alcanzada por el Apolo 13 y se convertirá en la misión tripulada que más lejos haya llegado de la Tierra, superando los 400.000 kilómetros.

La travesía contempla una primera fase en órbita terrestre baja y, posteriormente, un viaje de seis días hasta las inmediaciones de la Luna. Allí, la nave seguirá una trayectoria en forma de ocho que la llevará más allá de la cara oculta antes de iniciar el regreso. El amerizaje está previsto para el 10 de abril en el océano Pacífico, frente a la costa de California.

El programa Artemis, que ya acumula una inversión superior a los 93.000 millones de dólares desde 2012, es el eje de la estrategia de la NASA para establecer una presencia sostenida en la Luna y avanzar hacia misiones tripuladas al espacio profundo. El objetivo final es concretar un nuevo alunizaje en los próximos años, con foco en el polo sur lunar.

La tripulación de la misión Artemis II, antes del lanzamiento, en Cabo Cañaveral.

Un valor especial para Argentina

Para la Argentina, la misión también tiene un valor especial. A bordo viaja el satélite experimental Atenea, desarrollado a nivel nacional. Tras su despliegue, transmitirá datos que serán procesados por la CONAE desde estaciones ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego.

El Atenea alcanzará una distancia de hasta 72.000 kilómetros de la Tierra, duplicando el rango logrado por desarrollos argentinos previos, lo que representa un salto tecnológico significativo para el país.

El lanzamiento estuvo precedido por una jornada cargada de simbolismo y tradición. Los astronautas realizaron la histórica caminata previa, jugaron cartas -un ritual para “espantar la mala suerte”- y atravesaron el denominado “Cuarto Blanco”, donde se realizaron las últimas verificaciones técnicas. Minutos antes del despegue, una anomalía en una batería del sistema de aborto generó tensión, pero fue resuelta a tiempo.

Con Artemis II, la humanidad vuelve a mirar a la Luna no solo como un destino, sino como el primer paso hacia una nueva era de exploración que apunta, en el largo plazo, a Marte y más allá.

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