Exposición de Carlos Alejandro Godoy La Vía

El pasado jueves 3 de julio se realizó una nueva charla del ciclo “San Luis en diálogo”, organizado por la Municipalidad de San Luis, con el acompañamiento de Atípika Cultural y Todo un País, en el Centro Cultural José La Vía.
6 de julio de 2026
Carlos Alejandro Godoy

L a exposición estuvo a cargo de Carlos Alejandro Godoy La Vía, quien propuso un recorrido íntimo y familiar por la memoria social de San Luis, desde la figura del fotógrafo José “Pepino” La Vía hasta el escritor y maestro Polo Godoy Rojo.

El ciclo, pensado como un espacio abierto para reflexionar sobre la identidad, la historia y la cultura sanluiseña, se desarrolla con entrada libre y gratuita. Todo un País recrea en sus páginas el desarrollo de esas disertaciones.

El siguiente texto corresponde a una versión editada de la conferencia brindada por Carlos Alejandro Godoy La Vía en el ciclo “San Luis en diálogo”. La presente transcripción conserva el contenido y el espíritu de la exposición original, con ajustes de estilo destinados a facilitar su lectura.

Yo nací un 8 de marzo, en el departamento San Martín, de San Luis. A la semana de que yo nací, nevó. Casi como hoy. Pertenezco a la familia La Vía. Cuando esta familia llegó de Sicilia en 1894, aproximadamente, estaba mi bisabuelo. Mi bisabuela era Pagano. (Muestra una fotografía en pantalla grande) En aquella esquina está Pepino, José La Vía.

Yo le voy a decir Pepino, porque para mí era más Pepino que otra cosa. Y también está mi abuelo, que era peluquero: Francisco La Vía. Ahí vamos a empezar a hablar un poco de todo lo que fue José La Vía. En esa casa vivía mucha gente cuando llegaron. Vivían casi tres o cuatro familias: La Vía, Pagano… eran muchos adentro de la casa. Era muy grande y tenía casi 70 metros de fondo.

Gracias a la inteligencia artificial, pude reconstruir algunas imágenes. Le pedí que me armara aproximadamente cómo era el laboratorio de La Vía, porque no hay foto de eso. La armó más o menos como yo veía el laboratorio. Yo tenía cinco años cuando entré ahí por primera vez. Y encima lo veía desde esa altura. Para mí era una cosa mágica.

Ventana grandota que se veía al fondo era una pared que daba al patio de la casa. Ese salón tenía aproximadamente 30 metros y eso era lo que le daba iluminación al estudio.

La cámara era una cosa enorme, con un pie grandísimo. Pepino se metía abajo de la tela y enfocaba. Veía nuestra cara, o de la persona a la que le tomaba la foto, pero al revés.

En el momento de sacar la foto decía: “Quietos”. Sacaba el cosito del obturador, lo volvía a poner y volvía para ver cómo había salido la foto. Esas fotos, primero, salían en vidrio. La cámara tomaba los negativos en vidrio y él se cruzaba al laboratorio, donde empezaba todo el proceso de revelado.

Tengo esta foto de mi mamá (muestra la foto en pantalla). Como ven, de acá hasta allá hay más o menos 30 metros. Como ven, allá está toda la otra parte de la casa, que era enorme.

Pepino tuvo su primera cámara, o una de sus primeras cámaras, porque se la regaló una marca de cigarrillos. Después empezó a sacar fotos. Él no tenía una técnica académica. Él iba y sacaba fotos.

Lo que sí buscaba siempre era la perfección de la foto. Hay una anécdota muy loca. En un desfile militar venían los soldados marchando por 9 de Julio, frente a Casa de Gobierno. Pepino se paró en el medio de la calle con su cámara. Los militares venían marchando y Pepino no se movía. Hasta que en un momento el que dirigía el desfile les dijo que pararan. Entonces marcharon en el mismo lugar hasta que Pepino tomó la foto que quería. Ahí recién siguieron. Ese era el respeto que la gente le tenía a José La Vía. Hay muchas fotos. Hablamos de aproximadamente 350 mil fotos o más. Yo traje algunas para que ustedes vayan viendo.

Era un hombre muy movedizo. Van a ver fotos de pisos, de techos, de lugares insólitos. Uno se pregunta: “¿Dónde se subía para sacar esas cosas?”.

Una vez se quemó una casa cerca de mi casa. Primero salieron a ayudar mi abuelo, que era peluquero, y su hermano. Después, cuando estaba todo ahí, Pepino empezó a registrar el incendio. Hay tres o cuatro fotos de ese incendio.

El señor al que se le había quemado la casa le sugirió que colaborara con Caras y Caretas. Ahí empezó a hacerse conocido nacionalmente. Primero, porque era uno de los pocos fotógrafos del interior del país. Y segundo, porque hacía cosas demasiado locas para un fotógrafo de esa época.

Caras y Caretas también le dio una cámara. Después empezó a trabajar en muchas otras cosas. Trabajó para la prensa, como corresponsal para otros diarios, entre ellos La Nación y otros más.

Recibió además uno de los premios más reconocidos de la fotografía: el premio Kodak. En aquella época, Kodak era la marca, era todo. Hay fotos muy llamativas. Hay una foto de un accidente de tren en la que aparece la cabeza de un hombre en el piso. Él retrataba esas cosas. No se detenía demasiado: iba y sacaba la foto. Después fue creando la obra.

En el estudio también hacía fotos de gente que quería retratarse. Tenía cinco telones distintos para que la gente eligiera cómo quería sacarse la foto. Hacía fotos artísticas, retratos y también algo muy particular: fotos carnet.

Las fotos carnet, Pepino las hacía y después guardaba una copia en un cuaderno. Tenía como cinco libros tipo actas, grandes, con todas las fotitos carnet que había sacado. Siempre que salía de la casa salía con un bolsito y la camarita. Siempre.

Yo me acuerdo que, cuando era chico y nos cambiamos a la casa de La Vía, él me mostraba cómo hacía las revelaciones y todo ese tipo de cosas. Yo era chico y para mí era una locura. Él venía y me decía: “Mirá, esto es así”. Me contaba todo.

(…) Lo que no era muy sociable era con la familia. Como buen italiano siciliano, claro. Siempre lo llevaban a Pepino para sacar la foto familiar. Entonces ponía a todos juntos y buscaba que saliera perfecta.

Mis primos más grandes siempre hacían una broma. Él tenía un sistema de flash con un polvo. Apretaba un botoncito y saltaban unas llamaradas. Ese era el flash que usaba. Entonces, cuando mis primos veían que iba a sacar la foto, se escondían debajo de la mesa y no salían. Pepino se enojaba. Decía que se iba, porque no era lo que él quería. Él quería la foto perfecta, y eso se la arruinaba. ***** Ese era hermano de José La Vía, el peluquero (muestra la foto en pantalla grande). Tenían tres hijos: Hilda, Chicho y Roberto.

Roberto La Vía fue campeón de pelota a paleta. Chicho era peluquero. Los dos fueron peluqueros. Roberto después se fue al comedor universitario, que estaba en la calle Bolívar. Antes el comedor universitario estaba ahí y tenía muchos servicios: enfermería, doctor, peluquería y otras cosas para los universitarios.

Acá aparece Cafelandia, que se formó aproximadamente en la época del mercado, en 1950. Cuando el mercado cerró, Cafelandia se cambió a Colón y Pringles, en la es- quina donde ahora hay una venta de colchones.

En todo ese entorno del mercado empezaron a aparecer ciertos personajes: vagabundos, borrachines. Mi abuelo, en la peluquería, los atendía y no les cobraba, por supuesto, porque era gente de la calle.

Uno se llamaba El Mala Cara. Era un tipo grande, con una cara bastante dura. Y era malo. Después teníamos otro que se llamaba Rosa Macho. Siempre vestía de marrón, con gorra y saco del mismo color.

Era gente que vestía bien, pero se notaba que era gente de calle. También estaba La Hormiga Negra. Era el jefe de los changarines del mercado. Él era el que decía: “Vos trabajás, vos no trabajás”.

Acá está mi papá (muestra la foto). El que está de bigote en el medio es mi papá. Él trabajó en la TAC. Mi papá era Godoy. Esta es la familia Godoy. Eran tres hermanos, los Godoy.

Mi abuela y acá aparece el personaje del que vamos a hablar ahora: Polo. Polo no solo fue escritor. También fue maestro. Y lo que siempre quiso Polo fue que lo reconocieran como maestro, no tanto como escritor. Él personalmente quería que lo reconocieran como maestro. El que está ahí es Osvaldo, el hijo mayor de Polo, mi primo.

Polo también recibió muchos premios por lo que hizo. Como ven, son fotos familiares. Polo vivía en Córdoba. Vivió casi 50 años en Córdoba. Nació en Concarán, estuvo en San Luis un tiempo y después se fue a vivir a Córdoba.

Venía a San Luis solamente para fines de año, Navidad y Año Nuevo. Por eso casi todas las fotos que tenemos son familiares. Polo, aunque viviera en Córdoba, nunca dejó de sentirse puntano.

Acá aparece Mario, mi primo, que estuvo desaparecido casi 30 años. Después lo encontraron en una tumba común. Fue uno de los desaparecidos por la dictadura.

(…) Ahí también estaba El Tigre. El Tigre era muy conocido porque siempre daba discursos de Perón. Él se creía boxeador, decía que había sido boxeador en su época.

Siempre lo tenían en el comedor universitario. Lo invitaban a comer y lo paraban en una mesa para que diera un discurso. El Tigre se prendía con todo.

Y no podía dejar de pasar por esto: El Cabezón (un perro callejero muy conocido y querido en San Luis, que acaba de morir). Creo que lo conocimos todos.

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