Juicio por matricidio: prisión perpetua para el acusado de estrangular y matar a su madre

Walter Carlos Velázquez fue declarado culpable de asesinar a Marta Mercedes Magallán, la madrugada del 29 de enero de 2024. El fiscal señaló que, aunque los testigos fueron contestes respecto a su problema de adicción, el acusado comprendía lo que hacía, es decir, no es una persona inimputable.
31 de marzo de 2026

La realidad de Walter Carlos Velázquez no cambiará. Seguirá preso, no ya por algunos años, sino por algunas décadas. Lo único que cambiará será el lugar donde está, pasará de alojarse en el Servicio Penitenciario de San Luis a hacerlo en la cárcel de La Botija, el lugar de los condenados. Será así porque este martes el tribunal que lo juzgó las últimas semanas lo declaró culpable de matar con sus propias manos a la persona que lo trajo al mundo, Marta Mercedes Magallán. Lo sentenciaron a la única pena que puede esperar alguien que asesinó a su madre: prisión perpetua.

El fiscal de juicio Ernesto Lutens recordó que el matricidio ocurrió la madrugada del 29 de enero de 2024, en el departamento del monoblock 4 del barrio Santa Rita de Cascia, donde vivía la víctima con su hijo. La mujer de 70 años fue hallada en el piso del living comedor de su domicilio. El lugar estaba destruido. El hombre, que actualmente tiene 34 años, había arrancado con furia el televisor encastrado en la pared y lo había sacado del edificio. La Policía encontró el aparato tirado en el piso, afuera del monoblock, en el suelo.

El representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) recuperó los detalles del informe forense para señalar que la muerte de Marta fue violenta y que sus lesiones, por sus características físicas, eran compatibles con maniobras de estrangulamiento. Según la hipótesis fiscal, el hombre asesinó a su madre luego de una fuerte pelea, que hasta los vecinos escucharon a mitad de la madrugada, en la que él extrajo el televisor de ella quizás para comercializarlo, en otro desesperado intento por pagar o comprar estupefacientes.

 

Mencionó que de acuerdo con los testimonios, que lo ubican en el lugar y momento del crimen, quedó comprobado que el ahora condenado mató a su madre. Aclaró que no sucedió lo mismo con la posibilidad de que haya participado otra persona en el homicidio, pues la defensa, sobre todo cuando la  investigación todavía estaba abierta, siempre sostuvo que el fiscal instructor José Olguín y su equipo jamás se molestaron en entrevistar a más testigos. Más allá de un par de vecinos y la nieta de la víctima que halló el cadáver, no ahondaron en dar con un hombre, conocido del acusado, que también habría estado en el departamento esa madrugada y se borró de la escena tras el crimen.

Lutens refirió que, si bien todos los testigos declararon que el imputado tenía claramente problemas de adicción a las drogas, no registraron alteraciones que den cuenta de que era una persona inimputable. Por el contrario, contó que «el comportamiento posterior al hecho» dejó en claro que su capacidad de comprensión de sus acciones permanecía intacta.

Luego, la defensora oficial Rocío Mediavilla indicó que la pericia genética realizada en la investigación estuvo incompleta, ante todo aquella destinada a analizar los cabellos hallados en el cadáver. Manifestó que no examinaron ni cotejaron muestras de su asistido y de la víctima y que la comparación que podía relacionarlo con el matricidio no fue efectuada.

Dijo que hay muchas causas que provocan un edema pulmonar, que fue la razón del deceso de la mujer. También apuntó que la autopsia descartó la existencia de lesiones defensivas. Y hasta tildó de mentirosa a una testigo por «faltar a la verdad en su declaración».

Por último y para dejar en vista que no había manera de que a Walter se le hubiera cruzado por la mente la idea de matar a Marta, mencionó a los familiares. Esos parientes hablaron de la buena relación que existía entre el hombre y su madre. La mujer lo acompañó siempre, jamás se despegó de él, incluso todas las veces en las que fue detenido anteriormente.

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