Un trabajo rompe el mito de los equipos de aire acondicionado como los más consumidores del hogar. Y destaca que el gasto depende de tres factores: potencia, el tiempo de encendido y eficiencia.
Entre todos los malabares que por estos días los argentinos, y los puntanos, realizan a diario en busca de ahorrar dinero se suma el del consumo de energía eléctrica. Y la meta para que la boleta llegue lo menos abultada posible tiene un número mágico: 400 kwh. Por encima de ese consumo el subsidio ya no cuenta (que además ya había sido reducido) y la tarifa se dispara fuerte.
El estudio “Anatomía del consumo residencial argentino”, realizado por los técnicos y científicos de la Universidad de San Martín (Unsam) Raúl Zavalía Lagos, Leila Mora Iannelli y Salvador Gil desmitifica algunas verdades asumidas. El primer dato que aporta el trabajo es que “el 98% de los hogares argentinos dispone de acceso a los servicios eléctricos”, lo que permite dar idea cuánto influye un cambio en la tarifa del servicio eléctrico.
Y la clave que destaca para considera el consumo, y por el “tamaño” de la boleta” es tener encnuta un tridente de factores de los electrodomésticos residenciales que, mal combinados, pueden ser explosivos: potencia, tiempo de encendido y eficiencia. En ese camino los más “chupadores” de energía es la heladera que llega a representar entre el 25 y30% del consumo total. En orden decreciente, le siguen los equipos de calefacción (20%) , planchas, televisores y computadoras (alrededor de un 12%), horno eléctrico (8,3%), lavarropas (11,8%) y lavavajillas (6,1%).
Como se llega a esos números. “La heladera no tiene gran potencia, pero está conectada todo el día, por lo que es la que más consume (un promedio del 25% del consumo eléctrico total de los hogares y el 8,4% del consumo nacional). Hay otros, como el secador de pelo o la plancha, que son de mayor potencia, pero funcionan esporádicamente, con lo que al final su consumo es menor”, explica el trabajo. Con las bajas temperaturas, aparece la necesidad de calefaccionar ambientes. Gil, que es profesor de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Unsam y experto en eficiencia energética señala que es equivocado pensar que el modo más económico de calefacción son las estufas de radiadores o caloventores. Y en cambio explica que los equipos más eficientes para ese fin son los aire acondicionado frío/ calor que no usan resistencia eléctrica sino que bombas de calor que consumen, por ejemplo, un kW de potencia eléctrica y genera tres o cuatro kW de calor. “O sea, no crean energía, sino que mueven calor. Y en ese sentido son los dispositivos más eficientes que tenemos en el mercado actual para calefaccionar. Claro que eso no significa que uno deba usarlos todo el tiempo”, aclara.
Pero además destaca que a la calefacción hay que “ayudarla” y explica que, en general, “la razón por la que es necesario calefaccionar es porque hay pérdidas por rendijas en las puertas y ventanas. Cuando no están bien selladas, no son aislantes. Pequeñas acciones, como cerrar de noche las persianas de madera o de plástico (y también las cortinas, si las hubiera) permitirán que no se necesite calefaccionar más de unas pocas horas ese ambiente y eso se traducirá en un ahorro importante de energía”, asegura.
El recambio de lámparas por otras con sistema LED es una medida que se notará en la factura.
¿Y Qué hacer con la heladera? En la Argentina más del 60% de las heladeras tiene entre 8 y 15 años y son poco eficientes, con consumos que en promedio duplican los de las nuevas heladeras A o mejores (A+, A++ o A+++) en eficiencia energética. Con ese panorama la única mejora sería avanzar en un recambio por modelos más eficientes, aunque allí habría que sacar la calculadora y saber que la amortización sería a largo plazo.
