En el corazón del semiárido puntano, donde cada campaña agrícola pone a prueba la capacidad de adaptación del sistema productivo, el establecimiento La Juanita volvió a transformarse en un punto de encuentro clave para el agro regional. A pocos kilómetros de la ciudad de San Luis, productores, técnicos y empresas se reunieron en una jornada que reflejó el creciente protagonismo del maíz y la importancia de generar conocimiento propio en un ambiente desafiante.
La propuesta tuvo como eje central un recorrido por ensayos comparativos de maíz, en los que participaron ocho semilleras que exhibieron distintos híbridos bajo un mismo ambiente productivo.
Esta modalidad permitió a los asistentes observar, en simultáneo y en condiciones reales, el comportamiento de los materiales frente a variables clave como disponibilidad hídrica, sanidad y estabilidad. En una provincia donde la información agronómica específica aún es escasa, este tipo de experiencias se vuelve determinante para la toma de decisiones.
La convocatoria superó el centenar de asistentes, entre productores, asesores y representantes de empresas vinculadas a insumos, maquinaria y servicios. La magnitud del encuentro también quedó reflejada en la muestra estática, que duplicó la cantidad de stands comerciales respecto a la edición anterior, evidenciando el creciente interés del sector y el posicionamiento de la jornada como un espacio estratégico dentro de la frontera agrícola puntana.
Uno de los aspectos más valordos fue la posibilidad de acceder a datos generados en condiciones propias de San Luis. “Información hay, pero no de esta zona. Lo más cercano es Río Cuarto, y las diferencias son importantes”, explicó Lorenzino en diálogo con Todo Un País. En ese sentido, destacó que estos ensayos permiten ofrecer al productor un punto de partida concreto para definir estrategias productivas sin depender de extrapolaciones que muchas veces no reflejan la realidad local.
La iniciativa, impulsada por el propio Lorenzino junto a su asesor técnico Roberto Zaballa, apunta precisamente a cubrir ese vacío. Más allá de abrir las tranqueras del campo, el objetivo es compartir experiencias reales que contribuyan a mejorar la eficiencia productiva. “El productor deja de experimentar a ciegas. Puede ver qué funciona y tomar decisiones con mayor respaldo”, sintetizó el anfitrión.
En ese contexto, el maíz emerge como el cultivo central del sistema productivo. En La Juanita, representa entre el 50% y el 56% de la rotación, en combinación con soja, girasol y, en menor medida, sorgo. La lógica es clara, transformar grano en valor agregado dentro del propio establecimiento, especialmente a través de la producción ganadera.
“En esta zona necesitamos sí o sí hacer maíz, es lo que más podemos transformar en carne”, afirmó Lorenzino, marcando la fuerte integración entre agricultura y ganadería. Parte de la producción se destina a picado y silaje para sistemas intensivos, mientras que el resto se comercializa como grano.
La rotación con otros cultivos reponde a la necesidad de sostener la sanidad del sistema. La soja, aunque limitada por las bajas temperaturas nocturnas, cumple un rol complementario, mientras que el girasol muestra una evolución favorable impulsada por mejoras genéticas. En paralelo, el sorgo comienza a ganar espacio, especialmente por su adaptación al ambiente y su creciente uso en la alimentación animal, particularmente en sistemas porcinos.
El componente técnico de la jornada tuvo uno de sus momentos más destacados con la exposición del ingeniero agrónomo Gustavo Thiessen, especialista en manejo de maíz en ambientes restrictivos. Con más de dos décadas de experiencia en el sur de Buenos Aires, el profesional planteó un cambio de paradigma basado en el uso de densidades ultra bajas.
Thiessen explicó que el ajuste progresivo de la densidad de siembra, pasando de esquemas tradicionales de 50.000 a 60.000 plantas por hectárea a rangos actuales de entre 10.000 y 25.000, permitió mejorar la estabilidad de los rendimientos en contextos de alta variabilidad hídrica. El eje de su planteo radica en abandonar la lógica de densidad fija y trabajar en función del rendimiento objetivo, adaptando las decisiones al ambiente y optimizando el uso del agua.
El especialista también profundizó en los mecanismos de compensación de los híbridos, diferenciando entre materiales de doble espiga y aquellos con capacidad de macollar, una variable clave al momento de definir estrategias en bajas densidades. Si bien destacó ventajas como mayor estabilidad en años secos, advirtió sobre riesgos asociados a eventos climáticos, especialmente en siembras tardías. La jornada incluyó además una nutrida muestra de maquinaria agrícola y servicios, donde la tecnología tuvo un rol protagónico.
Entre los avances más destacados se presentó la empresa puntana Fly-In, especializada en servicios agroaéreos, que mostró innovaciones en pulverización y siembra aérea mediante el uso combinado de aviones y drones. Maximiliano Cruceño, piloto y socio de la firma, explicó que la incorporación de banderilleros satelitales de última generación permite automatizar completamente las aplicaciones. “El piloto se enfoca en volar, mientras que el sistema gestiona apertura, cierre y caudal de forma automática”, detalló. Esta tecnología no solo mejora la precisión, sino que también aporta transparencia mediante reportes con mapas de cobertura y parámetros de trabajo.
La integración entre drones y aviones amplía las posibilidades operativas, especialmente en lotes de menor tamaño o con obstáculos. “Hoy el dron es un complemento del avión. Podemos trabajar en conjunto en un mismo lote, lo que nos da mayor flexibilidad”, señaló Cruceño.
Más allá de los avances técnicos, la jornada dejó en evidencia el valor del trabajo colaborativo como motor del desarrollo regional. La articulación entre productores, empresas y asesores generó un espacio de intercambio que potencia el aprendizaje colectivo y fortalece la construcción de conocimiento.
Para Zaballa, este tipo de iniciativas resultan fundamentales en una provincia donde la agricultura aún se encuentra en proceso de consolidación. “No hay décadas de información acumulada. Por eso, contar con ensayos locales es clave para mejorar la toma de decisiones”, sostuvo.
En la misma línea, Lorenzino destacó el clima de cercanía que se genera en el encuentro. “Acá el productor puede hablar tranquilo, comparar opciones, vincularse. Eso hace que cada vez se sume más gente”, afirmó.
Con una convocatoria en crecimiento, mayor participación empresarial y un enfoque técnico cada vez más sólido, la jornada de La Juanita se afirma como un espacio clave para el desarrollo agrícola de San Luis. En un entorno desafiante, donde cada decisión productiva tiene impacto directo en la rentabilidad, la combinación de conocimiento, tecnología y cooperación aparece como el camino para seguir ampliando la frontera productiva del semiárido argentino.
Lorenzino fue distinguido hace un par de años con el primer premio al mejor forraje conservado en la muestra nacional Todo Láctea, gracias a la calidad de un silo de sorgo que se impuso entre muestras de todo el país. El reconocimiento no solo celebra su compromiso con la excelencia productiva, sino también el trabajo técnico y colaborativo que sostiene junto al equipo de Central Campo y la empresa Bioter.
Estancia La Juanita, el campo del productor ubicado en Juan W. Gez, cuenta con unas 2.000 hectáreas dedicadas al maíz y entre 1.500 y 1.600 hectáreas destinadas a soja y girasol. Un 40% del maíz producido se utiliza para el consumo de hacienda en corral, mientras que parte de la soja se intercambia por expeler para alimento animal.