Lula dio vuelta la elección, derrotó a Flávio Bolsonaro y gobernará Brasil por cuarta vez

El actual mandatario renovará su gestión con el 51,78% de los votos frente al 48,22 del candidato del Partido Liberal.
25 de octubre de 2026
Lula da Silva derrotó a Flávio Bolsonaro en un balotaje muy ajustado y asumirá su cuarto mandato presidencial en Brasil el 1° de enero de 2027.

El presidente brasileño consiguió una victoria histórica en el balotaje de este domingo. Obtuvo el 51,78% de los votos frente al 48,22% de su adversario, que había ganado la primera vuelta. A los 80 años, Lula logró una remontada sin antecedentes desde el regreso de la democracia y extendió el predominio del Partido de los Trabajadores en el gobierno de la mayor economía de América Latina.

Luiz Inácio Lula da Silva volvió a demostrar su capacidad para ganar elecciones. El presidente de Brasil consiguió este domingo su cuarto mandato al derrotar en segunda vuelta al senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, después de haber terminado detrás de su adversario en los comicios del 4 de octubre.

El candidato del Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo el 51,78% de los votos, mientras que el representante del Partido Liberal (PL) alcanzó el 48,22%. La diferencia superaba los cuatro millones de sufragios cuando se había escrutado el 97,69% de las urnas.

El resultado representa un hecho inédito en la historia democrática reciente de Brasil. Desde que se restablecieron las elecciones presidenciales directas en 1989, ningún candidato había conseguido imponerse en el balotaje después de haber perdido la primera vuelta.

Lula logró quebrar esa tendencia en su séptima participación en una elección presidencial. El dirigente de 80 años, que gobernó entre 2003 y 2010 y regresó al poder en 2023, comenzará en enero un nuevo período de cuatro años.

La victoria adquiere mayor dimensión por las circunstancias en las que llegó a la segunda vuelta. El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había obtenido el 47,03% de los votos, frente al 45,16% del mandatario. La diferencia, superior a los 2,2 millones de sufragios, había sorprendido incluso al oficialismo.

Durante las tres semanas siguientes, Lula desplegó una intensa campaña para recuperar terreno. Movilizó a la militancia del PT, reforzó sus compromisos sociales y presentó la elección como una decisión entre la continuidad de sus políticas y el regreso de la familia Bolsonaro al Palacio del Planalto.

El mandatario también aprovechó una serie de medidas económicas y sociales impulsadas durante las últimas semanas de campaña. Entre ellas se destacó un incremento del 15% en el programa Bolsa Família, que alcanza a cerca de 50 millones de brasileños.

A esa decisión se sumaron líneas de crédito a tasas reducidas, beneficios fiscales para pequeñas empresas y programas destinados a facilitar la refinanciación de deudas de familias de menores ingresos.

El Congreso brasileño aprobó, además, una reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, con el paso de seis a cinco días de trabajo y sin disminución salarial. La iniciativa también recibió el respaldo de Flávio Bolsonaro, aunque despertó cuestionamientos de sectores empresariales por sus posibles consecuencias sobre los costos laborales.

La campaña estuvo atravesada por una fuerte polarización política. Mientras Lula defendió la continuidad de las políticas sociales, la inversión pública y la protección ambiental, Bolsonaro concentró buena parte de su discurso en la inseguridad, el costo de vida y la necesidad de un cambio de orientación económica.

El candidato opositor buscó capitalizar el descontento de una parte importante de la sociedad brasileña con el gobierno y mantener vigente el movimiento político construido por su padre, Jair Bolsonaro.

Lula, en cambio, apeló a su trayectoria y a los sectores que históricamente acompañaron al PT. También colocó en el centro de su discurso la defensa de la democracia y el rechazo a un eventual retorno del bolsonarismo al gobierno.

En materia ambiental, el presidente destacó la reducción de la deforestación amazónica durante su administración. En seguridad, propuso fortalecer la coordinación entre las fuerzas federales y estaduales, ampliar las herramientas de inteligencia y combatir las estructuras financieras del crimen organizado.

La definición electoral también tendrá consecuencias fuera de las fronteras brasileñas. Lula continuará al frente de la principal economía latinoamericana en un escenario internacional marcado por las tensiones comerciales con Estados Unidos y la competencia entre las grandes potencias.

Durante su tercer mandato, el presidente brasileño procuró fortalecer el Mercosur, ampliar las relaciones con China y Europa y mantener una política exterior basada en el multilateralismo y la autonomía diplomática.

Su continuidad plantea nuevos interrogantes sobre la relación con el gobierno estadounidense de Donald Trump, que durante 2025 impuso fuertes aranceles a determinados productos brasileños y mantuvo una posición crítica frente al proceso judicial contra Jair Bolsonaro.

La victoria de Lula también significa un nuevo revés electoral para la familia Bolsonaro, que había llegado al balotaje con posibilidades concretas de recuperar la presidencia.

El resultado, sin embargo, dejó en evidencia que Brasil continúa dividido en dos grandes espacios políticos. Casi la mitad de los votantes acompañó al candidato opositor, en una elección que volvió a enfrentar proyectos profundamente diferentes sobre el papel del Estado, la economía y la inserción internacional del país.

Con cuatro victorias presidenciales y más de dos décadas transcurridas desde su primera llegada al poder, Lula alcanzó una nueva marca en la historia política brasileña. Esta vez lo hizo después de revertir una elección que había comenzado perdiendo y frente a un adversario que estuvo cerca de devolverle el poder al bolsonarismo.

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