Durante el 1 y 2 de octubre, la Villa de Merlo se convirtió en el epicentro regional del debate sobre la gestión del fuego y el ordenamiento ambiental al albergar el II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase. Organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), el encuentro reunió a más de 30 especialistas, investigadores y representantes de organismos públicos de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá, junto a técnicos de la FAO y del CIEFAP. A lo largo de dos intensas jornadas, los expositores coincidieron en que la prevención no puede limitarse al momento de la emergencia, sino que requiere una planificación continua capaz de anticipar los riesgos antes de que aparezca la primera chispa.
El diagnóstico compartido advierte que las transformaciones territoriales y la actividad humana incrementaron sensiblemente la vulnerabilidad de las zonas serranas. Según explicaron investigadores del CONICET, actualmente los incendios son dos veces y media más probables e intensos que en el pasado. Esta situación se agrava ante el crecimiento urbano no planificado sobre el monte nativo -tanto en desarrollos inmobiliarios como en barrios populares- y por la acumulación de vegetación seca debido al paulatino abandono del uso productivo del campo. Frente a esta realidad, disponer de recursos materiales o aviones hidrantes resulta insuficiente si no existe un trabajo previo de gestión del paisaje y ordenamiento territorial.
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Para revertir esta problemática y reducir la exposición de la población, el Congreso definió una serie de medidas y líneas de acción prioritarias que deben implementarse en los territorios:
Integrar el riesgo de incendios en el ordenamiento territorial: Regular la expansión urbana e incorporar la variable de riesgo de fuego como condición obligatoria al momento de aprobar nuevos loteos, proyectos inmobiliarios y planes de uso del suelo.
Avanzar en la gestión integral del paisaje: Superar la lógica del combate del fuego para convertirse en «gestores del paisaje», utilizando quemas prescriptas y promoviendo la recuperación del pastoreo tradicional (como el ganado caprino) para reducir el combustible vegetal fino acumulado en las sierras.
Capacitar a los vecinos en la preparación de sus viviendas: Implementar programas de autoprotección como el modelo canadiense «Helping homeowners help themselves», brindando herramientas e información práctica a los propietarios para que adecuen sus terrenos, limpien perímetros y reduzcan la vulnerabilidad de sus casas.
Institucionalizar y regular las brigadas comunitarias: Impulsar la aprobación del proyecto de ley nacional presentado para dar cobertura legal, registro, equipamiento y capacitación continua a las brigadas de vecinos organizados.
Aplicar la investigación científica a la toma de decisiones: Reducir la brecha entre el conocimiento académico y la gestión pública, incorporando herramientas tecnológicas como simulación informáticas de alto rendimiento, machine learning y caracterización de combustibles para predecir el comportamiento del fuego.
Fomentar la cooperación interjurisdiccional y comunitaria: Romper los límites administrativos entre municipios y zonas vecinas para encarar planes preventivos conjuntos, reconociendo que el fuego no respeta fronteras políticas.
A modo de cierre, las autoridades académicas y los especialistas destacaron la necesidad de sostener estas políticas de Estado a lo largo del tiempo con una presencia activa del sector público. El gran desafío que deja esta segunda edición del Congreso es transformar las conclusiones técnicas en acciones cotidianas, logrando que las poblaciones serranas pasen de ser comunidades expuestas a transformarse en actores preparados, organizados y protagonistas de la prevención.








