“No me quedó otra”, dijo el hombre que mató a su madre con una especie de machete

Fabricio Rotte fue imputado y enviado al penal, en principio, por los siguientes cuatro meses por asesinar a Marta Bossa de Rotte. Lo único que podría revocar el encarcelamiento es que el informe que elabora un psiquiatra concluya que su esquizofrenia paranoica lo convierte en alguien inimputable.
28 de marzo de 2026
La mañana del jueves cuando el imputado era retirado en sillas de ruedas del policlínico regional y llevado a la alcaldía.

Los investigadores no tuvieron que ahondar mucho para dar con el asesino de Marta Bossa de Rotte. El homicida y el cadáver de la mujer permanecían en la casa en la que ambas personas supieron convivir, en el barrio Belgrano de Villa Mercedes. La víctima era la madre de la persona que le quitó la vida, Fabricio Rotte. Luego de pegarle una docena de veces con un arma blanca, tan grande como un machete, y asesinarla, el hombre quiso suicidarse. Pero no lo consiguió.

Se clavó un cuchillo de mesa a la altura del ombligo. Ese puntazo no tuvo la potencia que sí tuvieron las estocadas que le dio a Marta. Seguidamente, se encerró en la vivienda, la escena del crimen. Caminaba de un punto a otro del inmueble, bañado con su sangre y la de su madre. “No me quedó otra”, le dijo al primero de sus hermanos cuando llegó y desde afuera, desperado porque no conseguía ingresar, le preguntó qué había ocurrido.

Ese fue, en esencia, el argumento principal en el que se basó ayer el fiscal instructor 1, Maximiliano Bazla Cassina, para imputarlo por “homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía”. Antes de ser llevado a la sala de audiencias, Rotte fue entrevistado por un psiquiatra del Cuerpo Profesional Forense. El profesional que dialogó con él estableció que estaba en condiciones de participar de la audiencia de formulación de cargos.

La audiencia de imputación estaba fijada para las 10:30. Poco antes el hombre fue retirado de la alcaldía, situada en los tribunales, y llevado a la sala, donde lo informaron sobre el delito que le endilgan y todas las pruebas que lo comprometen. Hacia el final de la audiencia, el representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) requirió que el acusado sea enviado a prisión preventivamente por los próximos cuatro meses.

Semejante crimen no hubiera significado de ninguna manera una medida de coerción menos severa que esa. Bazla Cassina remarcó la violencia del asesinato y el peligro procesal que conllevaría dejar al hombre libre. Señaló que la prisión preventiva es la única medida capaz que aseguraría arribar al fin del proceso, es decir, la instancia de juicio oral.

Asimismo, aclaró que todavía está pendiente un informe sobre la salud mental del imputado de 45 años, clave para saber si su cuadro esquizofrénico paranoico le impidió comprender lo que hizo y, por lo tanto, si es inimputable. No obstante, algunos resultados preliminares que comunicó el psiquiatra le indican al titular de la Fiscalía de Instrucción 1 que algún grado de responsabilidad tiene.

El funcionario público repasó que, de acuerdo con las pruebas recolectadas, el matricidio ocurrió entre las 20:30 y las 21 del miércoles 18. Ese día, un rato después del crimen, una amiga con la que Marta había tomado mates la llamó por teléfono. Lo hizo una y otra vez, como nadie la atendió, preocupada, con el presentimiento no errado de que algo grave sucedía, llamó a su celular a uno de los hijos de la víctima, que vive frente donde residía su madre y el imputado.

El hombre cruzó hacia lo de la jubilada, a Ivanowsky 120. Pero no pudo entrar a la vivienda, puertas y ventanas estaban cerradas desde adentro. Sí consiguió abrir una reja, situada a un costado, y desde allí vio a Fabricio. Estaba en el interior de la casa, bañado de sangre y caminaba y daba vueltas de un rincón a otro, como no sabiendo qué hacer.

“Su hermano le preguntó por la madre y él respondió: ‘no me quedó otra’”, como si no hubiera hallado otra alternativa más que asesinar a la mujer de 69 años. Al oír eso, el testigo fue hasta el fondo del domicilio. Ahí, desde el patio trasero, pudo ver el cuerpo de Marta, en el interior del inmueble.

Trató de ingresar, pero tampoco pudo. La puerta de ese lado trasero de la vivienda tenía un candado que el imputado había puesto desde adentro. Llamó a otro hermano y a la Policía. Con los efectivos y parte de su familia en el patio, lograron convencer a Fabricio para que le quitara la llave a una de las aberturas y abriera.

El matricidio fue feroz. En el accionar veloz, con fuerza y de modo sucesivo sobre el cuerpo, cortó la fina piel de su madre, pero el arma blanca, de unos 40 centímetros de longitud y sin filo, no traspasó la superficie ni llegó a su interior.

De todas formas, la violencia de esos golpes, los cuatro o cinco que sufrió en la cabeza, fue la que la asesinó. Tan potentes fueron que le achataron el hueso duro del cráneo.

La atacó, además, en la espalda, la cintura y el pecho. Luego Rotte tomó un cuchillo, que sí tenía filo, y se apuñaló a sí mismo en el abdomen.

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