La música volvió a ser el punto de encuentro, pero la cuarta edición de Pogo de Discos fue mucho más que una feria de vinilos. El sábado, Casa Beta recibió a coleccionistas, melómanos, DJs, músicos y curiosos que durante varias horas recorrieron bateas, escucharon discos, compartieron historias y disfrutaron de una propuesta que volvió a poner en valor la experiencia de la música en formato físico.
La noche comenzó con la feria y fue creciendo hasta convertirse en un encuentro que se extendió aproximadamente hasta las 4 de la mañana. Entre los puestos hubo vinilos para comprar, vender o intercambiar, además de CDs, libros, revistas, fanzines, remeras, calcos, stickers y distintos objetos vinculados con la cultura musical.
Uno de los detalles que más enriqueció la experiencia fue la posibilidad de escuchar los discos antes de comprarlos o intercambiarlos. Una bandeja con auriculares estuvo disponible para quienes quisieran revisar alguno de los ejemplares de las bateas, recuperando ese ritual de observar una tapa, sacar el disco de su funda y escucharlo antes de decidir.
La propuesta musical también tuvo al vinilo como protagonista. Durante la noche pasaron por la cabina Tetrahedro, Jokerkilla e Iván Pianciola, con sesiones realizadas íntegramente con discos.
Gastón Velázquez, uno de los impulsores de Pogo de Discos, realizó un balance muy positivo de la jornada y destacó especialmente el clima generado durante el encuentro.
“Creo que fue una noche espectacular, el clima fue fantástico, la gente que fue la pasó bien”, señaló, y resumió parte de la propuesta en una combinación que terminó definiendo la jornada: “Hubo cerveza, hubo vinilos, hubo sesiones de DJ que tocaron 100% con vinilos”.
Para Velázquez, uno de los aspectos más importantes fue que el público pudo involucrarse con los objetos y con la música de una manera diferente. “La gente que asistió disfrutó el evento, se quedó con ganas, exploró discos, tocó, palpó, revistas, música en formato físico”, explicó.
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Una feria que también genera encuentros
Uno de los aspectos más interesantes de esta edición fue el cruce generacional que se produjo alrededor de las bateas y la música.
Jóvenes de poco más de 20 años compartieron el espacio con personas que vivieron otras épocas de la música. Para algunos fue la posibilidad de reencontrarse con discos que forman parte de su historia; para otros, descubrir físicamente canciones y artistas que ya conocían pero que nunca habían tenido delante en formato vinilo.
Mientras los DJs pasaban discos, algunas de esas canciones que forman parte de la memoria colectiva podían ser reconocidas desde la pista, al mismo tiempo que los mismos álbumes aparecían en las bateas de la feria. De esa manera, el vinilo dejó de ser solamente un objeto de colección para convertirse también en una herramienta para descubrir y compartir música.
La noche tuvo además un componente que, en tiempos de pantallas y teléfonos, resultó particularmente significativo. Velázquez destacó que el público tuvo poco tiempo para conectarse con el celular y mucho más para disfrutar de lo que estaba sucediendo: “sino disfrutar y vivir el momento que estaba pasando”.
Esa combinación entre feria, música y permanencia fue una de las características de la jornada. Hubo tiempo para recorrer los puestos, cenar, conversar, reencontrarse con amigos y conocer gente nueva, mientras la música continuaba desde la cabina.
Para la organización, el crecimiento de Pogo de Discos no pasa solamente por reunir público, sino por generar una comunidad alrededor de la música y los formatos físicos.
Velázquez sostuvo que en San Luis no se había realizado anteriormente un evento de estas características y valoró la respuesta que tuvo el anuncio de una nueva edición. “Cuando anunciamos que vamos a hacer otro en noviembre, la gente encantada”, contó.
El objetivo, explicó, tampoco está planteado únicamente desde lo comercial. “No lo hacemos por el dinero, sino que lo hacemos para nuclear gente interesante”, afirmó, destacando la presencia de personas a las que les gusta hablar de música, compartir y abrir espacio para nuevas propuestas dentro de la escena local.
La cuarta edición dejó una noche en la que las bateas fueron el punto de partida para mucho más que la compra o el intercambio de discos, hubo recuerdos, descubrimientos, conversaciones y nuevos vínculos entre distintas generaciones.
Pogo de Discos tendrá continuidad en noviembre, con una nueva edición que buscará repetir una fórmula que ya empieza a tener identidad propia: discos, música, cultura y personas reunidas alrededor de una misma pasión.










