Restos óseos en Las Barrancas: dos hipótesis en análisis, entre pueblos originarios y la dictadura

El hallazgo en un campo rural abrió dos líneas de investigación: que se trate de restos ancestrales o que correspondan a personas de tiempos más recientes, incluso posibles víctimas del terrorismo de Estado. Interviene la Justicia Federal y el Cuerpo de Antropología Forense.
28 de marzo de 2026
La estación de trenes en Alto Pelado.

El descubrimiento de restos óseos humanos en un campo del paraje Las Barrancas, en la zona de Alto Pelado, activó un procedimiento judicial que hoy se ordena en torno a dos hipótesis centrales: su origen podría remontarse a antiguos pobladores de la región o, en un escenario más sensible, a personas de tiempos recientes, entre ellas posibles desaparecidos durante la última dictadura.

El hallazgo fue realizado por el propietario de la estancia, quien dio aviso a las autoridades. A partir de allí intervino la Justicia Federal, que dispuso la presencia de efectivos y especialistas en el lugar, entre ellos profesionales del Cuerpo de Antropología Forense. Los restos fueron levantados para su análisis.

En las primeras horas circularon versiones que vinculaban el caso con un hecho policial contemporáneo, incluso con detenidos, pero esa línea fue descartada. Desde Relaciones Policiales aclararon que no se trataba de una investigación por un crimen reciente y que el operativo estuvo a cargo de fuerzas federales.

Con el avance de la investigación, el eje se desplazó hacia la determinación de la antigüedad de los restos. Una de las hipótesis sostiene que podrían pertenecer a pueblos originarios que habitaron la zona, lo que explicaría su presencia en un terreno rural con características geográficas propensas a la exposición de materiales antiguos.

Sin embargo, otra línea de análisis —de mayor impacto— no descarta que los restos correspondan a personas de épocas más cercanas. En ese marco, se contempla la posibilidad de que puedan estar vinculados a víctimas de la última dictadura, en función de antecedentes que indican posibles movimientos o actuaciones militares en áreas rurales de la provincia.

Para dirimir entre ambas hipótesis, los estudios estarán a cargo de bioantropólogos y especialistas forenses, quienes deberán establecer la data de los restos, identificar si presentan signos de violencia y determinar cuántos individuos están representados en los fragmentos hallados. En caso de tratarse de restos no precolombinos, se avanzará con análisis genéticos que permitan una eventual identificación.

El caso, por ahora, permanece abierto entre esas dos posibilidades: pasado remoto o memoria reciente. Y en esa tensión, la ciencia forense será la que termine de fijar el tiempo —y el sentido— de esos huesos.

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