San Luis busca una horticultura de mayor escala, pero enfrenta varios desafíos

El ingeniero agrónomo puntano Sergio Cuello, radicado desde hace 13 años en La Rioja y con amplia experiencia en producción hortícola, sostiene que San Luis tiene oportunidades concretas, especialmente en el norte provincial. Sin embargo, advierte que el crecimiento del sector dependerá de alcanzar una escala productiva viable, contar con agua, tecnología y mano de obra, mejorar la comercialización y generar condiciones que atraigan inversión privada.
16 de agosto de 2026
Sergio Cuello: “La producción local debería diferenciarse mediante frescura, menor distancia entre cosecha y consumo, calidad y producción en contraestación”.

L a horticultura puede convertirse en una alternativa para diversificar la matriz agropecuaria de San Luis, pero el salto desde producciones pequeñas hacia una actividad empresarial de mayor escala no será sencillo. Así lo analiza Sergio Cuello, ingeniero agrónomo oriundo de la provincia y radicado desde hace 13 años en La Rioja, donde desarrolló una amplia experiencia en el sector.

Desde su mirada, existen cultivos puntuales y nichos de mercado que podrían ser aprovechados por productores puntanos, especialmente en el norte provincial. Sin embargo, advierte que la actividad requiere una lógica productiva muy diferente de la agricultura extensiva predominante en San Luis.

“La horticultura tiene algunas características que son importantes poner en contexto antes de hablar del potencial de San Luis”, planteó ante una consulta de Todo Un País.

Entre ellas destaca la elevada demanda de mano de obra, la necesidad de capacitación y el nivel de inversión requerido. A diferencia de los cultivos extensivos, la horticultura exige un seguimiento permanente, numerosas labores y trabajadores disponibles durante distintas etapas del ciclo productivo. A esto se suman inversiones en riego, semillas, fertilizantes, cubiertas, mantas, protecciones y tecnología, explicó.

En determinadas producciones de alto valor, el riego por goteo resulta prácticamente indispensable, aunque implica costos de instalación, mantenimiento y energía. También deben contemplarse el empaque, la conservación, la logística y la comercialización, según ilustró.

Por eso, para Cuello, la disponibilidad de tierra y agua no alcanza. La pregunta central es si existe una escala suficiente para amortizar las inversiones. “La escala manda”, resumió el especialista.

Las oportunidades de las primicias

Dentro del territorio provincial, Cuello identificó al norte como una zona que podría concentrar mayores oportunidades. “El norte de San Luis, por cercanía y condiciones propias, debería ser el lugar para desarrollar”, sostuvo.

La posibilidad estaría vinculada, entre otros factores, con la producción de primicias, es decir, llegar al mercado antes que otras regiones productoras y aprovechar períodos de menor oferta.

San Luis, según esta mirada, no necesariamente debería intentar competir en todos los cultivos y durante todo el año, sino identificar aquellas producciones y ventanas comerciales donde pueda desarrollar una ventaja concreta.

El desafío es importante porque la provincia se encuentra junto a Mendoza y San Juan, dos territorios con una extensa tradición hortícola, infraestructura y canales comerciales consolidados. Incluso los productos provenientes de esas zonas pueden mantener competitividad en los mercados puntanos.

Frente a ese escenario, la producción local debería diferenciarse mediante frescura, menor distancia entre cosecha y consumo, calidad, producción en contraestación o ingreso temprano al mercado.

La falta de escala aparece como uno de los principales obstáculos para asegurar una horticultura empresarial. Las pequeñas superficies dificultan absorber los costos de infraestructura, mecanización, insumos, mano de obra, empaque, frío y comercialización.

A su vez, la falta de escala limita la incorporación de maquinaria y tecnología. Para Cuello, existe una relación directa, ya que una mayor superficie permite justificar inversiones tecnológicas, y la tecnología puede mejorar la eficiencia y reducir costos.

La mano de obra constituye otro cuello de botella. Preparación del suelo, implantación, conducción, controles, cosecha, clasificación y empaque requieren una presencia mucho mayor de trabajadores que los sistemas extensivos. Por eso, la profesionalización y capacitación del personal serían condiciones necesarias para crecer.

El especialista también advirtió sobre el impacto de la informalidad y la competencia bajo condiciones desiguales. A su criterio, el productor que cumple con sus obligaciones enfrenta mayores costos y necesita reglas claras para competir.

En paralelo, considera que el desarrollo de la horticultura debe estar principalmente impulsado por la inversión privada. El Estado y los organismos técnicos pueden contribuir mediante infraestructura, conocimiento, capacitación y ordenamiento, pero la decisión de asumir el riesgo productivo dependerá finalmente de los empresarios y productores.

Cuello sostuvo además que muchos servicios especializados, como proveedores de insumos, sistemas de riego, maquinaria, empaque y cámaras de frío, tienden a aparecer cuando existe una masa crítica de producción. Es decir, primero debe crecer la actividad para generar demanda suficiente para esos servicios.

Producir lo que el mercado necesita

Para el ingeniero agrónomo, la estrategia debería comenzar por una pregunta concreta, qué quiere comprar el mercado y en qué momento. A partir de esa respuesta deberían definirse los cultivos, las zonas productivas, la tecnología y la escala necesaria. En una actividad donde los productos son altamente perecederos, además, la logística es determinante, ya que la cosecha, clasificación, acondicionamiento, frío y transporte deben funcionar de manera coordinada.

La horticultura también requiere una cultura productiva diferente a la agricultura extensiva. “Son modelos que no se pueden comparar”, sostuvo Cuello, al remarcar que la horticultura exige mayor inversión por hectárea, seguimiento permanente y una relación estrecha entre producción y mercado.

La mirada de Cuello no descarta que San Luis pueda convertirse en una provincia con una horticultura de mayor escala. Por el contrario, reconoce oportunidades concretas, especialmente en determinadas zonas del norte y en cultivos capaces de aprovechar nichos o ventanas comerciales.

Pero el desarrollo requiere resolver simultáneamente varias variables, como agua, riego, escala, mano de obra, tecnología, mecanización, logística, comercialización y previsibilidad económica.

La provincia puede disponer de tierra y agua, pero eso no garantiza rentabilidad. Una producción de calidad puede perder valor sin empaque o frío; una inversión en infraestructura puede no amortizarse si la superficie es insuficiente; y una buena oportunidad comercial puede frustrarse si no existe mano de obra disponible.

Por eso, el desafío no consiste simplemente en producir más hectáreas de hortalizas, sino en construir proyectos económicamente viables, orientados por la demanda y capaces de atraer capital privado.

En esa ecuación, el norte puntano aparece como un posible punto de partida. La clave será determinar qué producir, cuánto invertir, qué escala alcanzar, dónde vender y qué rentabilidad puede obtener el productor.

“Hay cultivos puntuales y nichos de mercado para incursionar”, afirmó Cuello. Y resumió el desafío con una definición que atraviesa todo su análisis: “El inversor ve rentabilidad y procesos simples”.

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