Santa Rosa del Conlara recordó a Rosa Josefina Becerra, asesinada en la dictadura militar

A 50 años del golpe, el pueblo donde nació colocó por primera vez una placa en su memoria. Tenía 28 años, era politóloga y docente universitaria. Fue asesinada junto a su esposo en Tucumán. Su historia, durante décadas, quedó en los márgenes del relato oficial.
25 de marzo de 2026
Primer homenaje en Santa Rosa. El intendente Postiguillo, junto a Becerra, autoridades y familiares.

Santa Rosa del Conlara incorporó este 24 de marzo un nombre propio a su mapa de la memoria. Por primera vez, el pueblo recordó de manera pública a Rosa Josefina Becerra, una joven nacida allí que fue asesinada en julio de 1976, en el inicio del terrorismo de Estado.

La placa, colocada en su localidad de origen, salda una deuda de décadas: Josefina —como la recuerdan— no había tenido hasta ahora un reconocimiento formal en su propio territorio.

Su historia reconstruye el itinerario de una generación atravesada por la formación, la movilidad social y, finalmente, la violencia estatal. Nació en Santa Rosa, se trasladó a la ciudad de San Luis para estudiar y luego continuó su formación en Mendoza, donde se graduó como licenciada en Ciencias Políticas. Allí conoció a Rubén “Yuyo” Arias, con quien se casó.

La pareja se radicó en Tucumán. Él trabajaba como inspector de alcoholes en la Dirección General Impositiva; ella se desempeñaba como docente en la universidad. Tenía 28 años.

El relato familiar, en la voz de su hermano Jorge Becerra -figura de la selección nacional de básquet en la década del 70-, introduce un matiz crudo que complejiza incluso las categorías habituales del terrorismo de Estado.

“No murieron por balas. La policía entró a su casa, en un ingenio donde vivían, y los mataron a golpes en la cabeza con las armas”, contó al sitio DePolítica.

El hecho ocurrió en julio de 1976. A diferencia de muchos otros casos, los cuerpos fueron recuperados por la familia. Desde Mendoza, su padre, familiares y allegados viajaron a Tucumán y lograron traer los restos. Con ellos regresó también Jerónimo Arias, el hijo de la pareja, que tenía entre uno y dos años y fue criado por sus abuelos.

El caso de Josefina Becerra y Rubén Arias está documentado en el informe de la CONADEP y figura en el Nunca Más. Sus nombres también integran los registros del Museo de la Memoria, en Buenos Aires, y aparecen en placas conmemorativas en la Universidad Nacional de Cuyo, donde ella estudió. En San Luis, su nombre ha sido incluido en intervenciones simbólicas en espacios públicos.

Sin embargo, el reconocimiento en su propio pueblo llegó recién ahora. “El caso fue bastante ocultado. Este es el primer homenaje que se le hace en Santa Rosa”, señala su hermano.

El acto tuvo una convocatoria significativa para la escala local. Participaron escuelas, vecinos y familiares, en una jornada que también reunió a allegados de otras víctimas del terrorismo de Estado, como las vinculadas a Alfredo Sinópoli.

Así, Santa Rosa del Conlara inscribió a Josefina Becerra en su memoria colectiva. No como una abstracción de época, sino como una vida concreta: una joven profesional, docente, madre, que fue asesinada en el inicio de la dictadura y cuyo nombre, durante demasiado tiempo, permaneció en silencio.

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